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LO NUESTRO

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02/06/2024

Héctor "Beto" Ayala: un testimonio de militancia, lucha y resistencia

No solo es un testimonio del pasado, sino un recordatorio constante de la importancia de la memoria, la verdad y la justicia, sobre todo en tiempos donde estos valores son tan salvajemente cuestionados.
Fotos Vanesa Schwemmler
Fotos Vanesa Schwemmler

Héctor Ayala, conocido cariñosamente como "El Negro" por sus amigos y vecinos, o simplemente "Beto" por sus más cercanos familiares, es un destacado residente de Viedma con una profunda historia de militancia social, política y barrial. 

Militancia que le causó la persecución y hasta la tortura, pero que lejos estuvo de acallarlo o alejarlo definitivamente. 

En su casa del barrio Santa Clara, responde cuanto puede, ayudado por quien más acompañó todas sus luchas, su compañera de toda la vida Mirta Díaz. En verdad, fue una lucha compartida, ambos se acompañaron y se complementaron.

Con una capacidad plena para emocionarse y vislumbrar una sensibilidad que lo acompaña, y rodeado de familiares, contesta cuanto puede.

"Yo era jetón", afirmó, casi como justificación de todo lo que después pasó; aunque Mirta dejó en claro que lo hacía para denunciar las injusticias que ya se observaban. 
 
Mirta sigue ahí, con una lucidez que impresiona, para dejar en claro una vez más que su militancia no tenía que ver con un partido político sino con un estilo de vida, vale mencionar cuántas cosas hizo después de la cárcel. 

Fue presidente de la Liga de Fútbol, muy buena relación con los jóvenes. Empezó con la quema del muñeco para despedir el año en el año 80 y lo quemó durante 22 años. Fue cuatro veces presidente de la Junta vecinal. Estuvo muchos años visitando a los presos que no tenían familia en la cárcel. Integrante de la Asociación de Familiares de Desaparecidos. Solo algunas de las muchas acciones que llevó a cabo. 

"La militancia se agudizó después de haber estado detenido", recuerda primero Mirta, y agrega: "La cárcel no quebró nada, al contrario, dio muchas cosas más para seguir viviendo en un estado feliz y de libertad". 

Nacido en La Plata el 14 de diciembre de 1939, Ayala ha dedicado su vida a la defensa de los derechos humanos y a la justicia social, convirtiéndose en un pilar fundamental de la comunidad viedmense en ese sentido.

Desde su primera juventud, Ayala se involucró en la militancia universitaria en La Plata, una ciudad conocida por su intensa actividad estudiantil. 

En los años 60, formó parte de la Federación Universitaria por la Revolución Nacional (FURN), una organización que buscaba introducir el peronismo en el ámbito universitario, algo que no fue una tarea sencilla. 

Durante esos años, tuvo el privilegio de militar junto a figuras que luego serían importantes en la política nacional, como Carlos Negri, Carlos Kunkel y, nada más ni nada menos que Néstor Kirchner.

El "Negro" trabajaba en el comedor universitario. Según relata el libro “Reina Cristina” de Olga Wormat, Kirchner recordaba cómo Ayala favorecía a los militantes peronistas. 

Entre tantos recuerdos, una carta de Perón donde lo saludaba a él. 

Ayala rememoró con afecto esa época: "Ser mozo en el comedor era un orgullo para mí, porque allí iban a comer los hijos de las familias menos pudientes. A menudo, a los muchachos que no tenían para comer el fin de semana –porque el comedor cerraba– les dábamos lo que podíamos para que pudieran comer en la pensión".

Los momentos más difíciles llegaron con la dictadura militar. En diciembre de 1976, fue secuestrado y torturado, permaneciendo varios meses desaparecido hasta ser trasladado a una cárcel común. Recuperó su libertad en junio de 1978. Pese a las torturas y el sufrimiento, Ayala nunca albergó deseos de venganza; siempre abogó por la verdad y la justicia.

"Respeto, ante todo respeto", dijo ahora "Beto" sentado en la punta de la mesa y encendiendo cada tanto su pipa, y tomando el mate que le acercan sobrinas nietas que se ocupan no solo de su atención y salud, también de su legado. 

Otros militantes que han nacido en Viedma o como él, elegido Viedma como su lugar, acompañaron su lucha, como Eduardo Bachi Chironi y Oscar Meilán, retratados en fotos que ocupan su amplio comedor.

Uno de los recuerdos más preciados de Ayala es el de monseñor Miguel Esteban Hesayne, quien arriesgó su vida para salvarlo a él y a otros compañeros detenidos en Viedma. "Si él no se hubiera jugado por nosotros, vaya a saber qué hubiera sucedido", recordó Ayala.

A lo largo de su vida, Ayala ha sido homenajeado en múltiples ocasiones. Uno de los reconocimientos más significativos llegó de sus propios vecinos del barrio Santa Clara, donde reside desde hace casi 50 años. En su honor, una plaza en el barrio lleva su nombre, ubicada entre las calles Catamarca, Misiones, Santa Cruz y Jujuy.

"La generación del 70 fue muy especial, sobre todo para nosotros que hemos participado", agrega Mirta, aunque aclara: "No por nosotros que fue especial, sino por cómo lo teníamos tan compenetrado". 

"Nosotros no luchábamos por un partido político, luchábamos por una sensación de libertad y la queríamos, y pensábamos en el pueblo cuando militábamos", insistió. 

"Tuvimos nuestros inconvenientes, pero en toda esta vida, Beto siempre con una valentía de trabajo, de militancia, junto a los derechos humanos, o sea, la militancia no terminó después que estuvo preso, al contrario", insistió su compañera. 

Hoy, a sus 84 años, Héctor Ayala, y su compañera de toda la vida, continúan siendo símbolos de lucha y resistencia, un patrimonio indisoluble de Viedma. 

Su historia no solo es un testimonio del pasado, sino un recordatorio constante de la importancia de la memoria, la verdad y la justicia, sobre todo en tiempos donde estos valores son tan salvajemente cuestionados.

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