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30/10/2023

“Cuidate boliviano, porque mataste a mi hija”: la brutal amenaza por la que un hombre no puede acercarse a un comerciante

Todo comenzó por la muerte de una perra, en el barrio San Martín de Viedma.
“Cuidate boliviano, porque mataste a mi hija”: la brutal amenaza por la que un hombre no puede acercarse a un comerciante
“Cuidate boliviano, porque mataste a mi hija”: la brutal amenaza por la que un hombre no puede acercarse a un comerciante

Este viernes le formularon cargos a un hombre de Viedma, por reiteradas amenazas contra un comerciante del barrio San Martín. La furia del imputado fue porque presuntamente le mató una mascota, una perra.

Fuentes dignas de crédito informaron que son habituales las denuncias por maltrato animal ante el Ministerio Público Fiscal, que incluye el envenenamiento de perros y de gatos, pero muchos resultados son el archivo inmediato. Tal es la situación que los damnificados hacen un trabajo de reconocimiento de los presuntos victimarios y luego quieren buscar justicia por mano propia.

Un hecho así ocurrió en el San Martín. Tras encontrar a su perra muerta, el acusado fue en la noche del miércoles 25 de octubre hasta el comercio de quien sindicó como el responsable, en la calle José Hernández, y en textuales palabras dijo que lo iba a matar.

Un día después, cerca de las 22, volvió a concurrir a la despensa del presunto autor de la muerte de la perra y le advirtió: “Cuidate boliviano, porque mataste a mi hija”, en alusión a su mascota.

Las intimidaciones en esa oportunidad tomaron otro relieve y fueron más allá de amenazas verbales. El sujeto tomó un cuchillo y corrió a su víctima por todo el local, con intenciones de apuñalarlo. El dueño del almacén salió por una puerta de emergencia, la cual bloqueó y el cuchillero efectuó varios puntazos contra la madera.

Con todos estos hechos, el fiscal Rubén Negro encuadró el hecho como amenazas simples y agravadas y se solicitó una orden de restricción de 100 metros con respecto al almacenero.

El juez Adrián Dvorzak dio a lugar a la medida y dispuso una tobillera electrónica, y en caso de violar la orden de restricción podría dictarse prisión preventiva.

Lo que quedó inconcluso fue el esclarecimiento de la muerte de la perra, que para el hombre que profirió las amenazas era un integrante más de su familia e incluso la llamó “su hija”.

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