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A 244 AÑOS DE LA FUNDACIÓN DE VIEDMA Y PATAGONES

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23/04/2023

De qué vivía la tropa que custodiaba el fuerte en la época de la colonia

De qué vivía la tropa que custodiaba el fuerte en la época de la colonia
De qué vivía la tropa que custodiaba el fuerte en la época de la colonia

El Archivo General de la Nación (AGN), guarda celosamente los originales de importantes documentos relacionados con Viedma y Patagones, e incluso desde muchos antes que don Francisco baje del barco en lo que es hoy el Centro Municipal de Cultura.

El primer faro y por donde todo pasaba desde el punto de vista institucional y económico fue el Fuerte del Río Negro. Su construcción se inició en el año 1780, bajo la dirección del ingeniero gallego José Peréz Brito quien fue además responsable de importantes fortificaciones en la Banda Oriental del Uruguay. Esta torre fue atalaya de la fortaleza y a la par campanario de la capilla erigida dentro de las murallas de la fortificación.

Desde su construcción sus formas simbolizaron el papel de Patagones en el afianzamiento de la soberanía hispana primero y criolla después en la Patagonia, siendo testigo de significativos acontecimientos que jalonaron el pasado maragato.

Desde su mirador, en 1827, los jefes que habían quedado en la fortaleza observaron las operaciones bélicas contra los invasores brasileños que se desarrollaban en la cumbre del cerro. Uno de los testigos del momento fue Don Ambrosio Mitre quien escribió el parte que daba cuenta del combate.

Desde allí también se observaba tanto el tráfico marítimo, como el movimiento del campo que anunciaba el malón. Luego de la campaña al desierto la fortaleza al decir del General Roca, había perdido toda finalidad práctica, razón por la cual fue demolida. La decisión adoptada en la oportunidad, en el sentido de conservar la torre como testimonio de nuestra identidad histórica, constituye el primer antecedente preservacionista en la comarca.

Pero la torre no se resignó a ser solo pasado, ya que participo de los movimientos cívicos - militares tan frecuentes a fines del siglo XIX. Así en la revolución radical de 1893, el mirador se constituirá en cantón armado de los revolucionarios frente a los oficialistas nucleados en la ciudad de Viedma.

Al fuerte había que atenderlo y para ello estaban los soldados. Un documento del AGN que data del 18 de septiembre de 1817 da cuenta sobre cómo se alimentaba la tropa. Se les entregaba en forma diaria 12 onzas (28 gramos cada una) de carne, 12 galletas, un paquete de yerba y un cuarto de leña.

En forma semanal, el comandante de entonces dejaba asentado que por semana se les entregaba un cuarto de tabaco, un pliego de papel (para envolver los cigarrillos) y dos milésimas de sal, según pudo averiguar NoticiasNet en el edificio porteño del barrio de Barracas.

 

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