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10/10/2022

El testimonio en primera persona de Carlos Bosio, quien fue sanado por San Zatti

Su milagro sirvió para que se lo declare beato. Luego, su canonización fue posible por el otro milagro a un filipino.
El testimonio en primera persona de Carlos Bosio, quien fue sanado por San Zatti
El testimonio en primera persona de Carlos Bosio, quien fue sanado por San Zatti

Mucho se habla por estos días del milagro de San Artémides Zatti a Renato, un filipino que milagrosamente se recuperó de un ictus isquémico del cerebelo derecho gracias a la acción del viedmense. Esa obra le sirvió para ser canonizado, pero años antes se comprobó otro milagro por el que había sido declarado beato.

El Padre Carlos Bosio fue el benefactor de la obra sobrenatural de Zatti y en esta ocasión contó todos los pormenores a la Agencia Info Salesiana.

Su testimonio en primera persona:

Mi saludo fraterno para todos ustedes, con la alegría de poder compartir en familia una experiencia muy profunda que Dios en su bondad me regaló por intercesión del santo enfermero de la Patagonia, Artémides Zatti, justamente también llamado “el pariente de todos los pobres”.

Antes que nada, quisiera hacer una aclaración: con gusto doy este testimonio, pero siempre recuerdo que la figura clave en todo es el señor Zatti, que supo dar su vida por los enfermos. Es importante no detenerse en lo sensacionalista o extraordinario del caso, sino que todo ello nos anime a vivir nuestra vida salesiana con la generosidad y la alegría con que la vivió este hermano coadjutor.

Mi enfermedad comenzó en marzo de 1980 en Bahía Blanca, Argentina. Tenía 24 años y tenía que empezar el primer año de teología. Con los hermanos de la comunidad de teólogos fuimos desde Buenos Aires a Bahía Blanca y Fortín Mercedes para pasar allí unos días. Me sentí mal allí. Me diagnosticaron apendicitis y me operaron. Tres días después, se desarrolló gangrena con gas en el área afectada. Nueva operación. Estuve en cuidados intensivos durante dos días.

A los 15 días, como mi estado era crítico, me trasladaron al hospital Muñiz de Buenos Aires, que se especializa en enfermedades infecciosas. Nueva cirugía para controlar la gangrena. La infección se había localizado en los pulmones. Dos veces me dieron drenaje; la fiebre, un signo de infección, no bajaba.

Las pruebas posteriores diagnosticaron septicemia. Significa que la infección no se había quedado confinada a un órgano, sino que había entrado en la sangre. Como los análisis indicaban que no tenía defensas en el cuerpo (cero grados de inmunidad), el cuadro de la situación empeoró.

La falta de inmunidad fue causada por los antibióticos muy fuertes que me administraron y por la debilidad del organismo. Durante todo este período me alimentaron únicamente por infusión intravenosa.

En opinión del doctor Zabalza, jefe de quirófano 5 del hospital Muñiz, la septicemia más cero grados de inmunidad suponía el 100% de mortalidad.

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En Muñiz tuve dos momentos críticos. La primera fue el 5 de abril: me recuperé parcialmente. Los médicos repetían a mis padres que el caso era muy difícil y que no había esperanza de vida. La segunda, 18 de abril: después de pasar la noche en coma, me desperté por la mañana, hablé un poco, luego pedí comer y, ante el asombro de médicos y enfermeras, la fiebre había desaparecido. A partir de entonces, la recuperación fue muy rápida y total.

A los cuatro días me autorizaron a ir a una casa salesiana cercana al hospital, para continuar allí mi convalecencia. Cada dos días tenía que ir al hospital para curaciones.

A fines de mayo pude ir a casa de mis padres para completar mi convalecencia. En octubre jugué fútbol con los alumnos de la escuela agrícola salesiana que funciona en el pueblo donde vive mi familia. El Dr. Zabalza me decía "el muerto que habla"... Y, como ven, Zatti me curó muy bien.

Es interesante agregar que fue precisamente en marzo de 1980 cuando se abrió en Viedma el proceso diocesano por la causa del señor Zatti.

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¿Por qué mi recuperación se atribuye al Sr. Zatti? Porque cuando fui a estudiar teología a una comunidad de Bahía Blanca, los dos formadores que tenía, el director padre Juan REBOK y el ayudante padre Emilio BARASICH (quien conocía personalmente a Zatti), empezaron las novenas (eran tres) e invitaron las demás comunidades y conocidos a rezar pidiendo la gracia por intercesión de Zatti.

Quiero agradecer a mi familia, en especial a mi mamá Olinda. Ella me acompañó durante todo ese tiempo, soportando con fuerza tanta angustia. Y tantos hermanos que me cuidaron con cariño. Cada vida humana es un milagro. No siempre somos conscientes de ello. Nos detenemos en la superficie y no percibimos el valor y la gracia que representa el hecho de “estar vivos”. Ciertamente la experiencia de una curación que escapa a las previsiones médicas acentúa en mí la certeza de “estar vivo por milagro”, por pura bondad de Dios.

Esta experiencia de dolor, de enfermedad, básicamente me ayudó a mirar la vida con otros ojos. Dios tocó mi existencia de una manera muy fuerte. Esta experiencia límite me ayuda a poner las cosas en el lugar correcto. Me ayuda a "relativizar" muchos problemas... Cuando tengo dificultad o pierdo un poco los estribos, solo tengo que trasladarme mentalmente al hospital de Muñiz y se aclara todo...

La gracia de estar vivo hace que muchas cosas dejen de inquietarme y perturbarme. Y nos invita a vivir en constante acción de gracias a Dios por su amor y su ternura.

Tuve un primer contacto con la vida de Zatti en el noviciado, en 1973, leyendo el libro  “El pariente de todos los pobres” escrito por el padre Entraigas, la primera biografía del salesiano coadjutor. Me complació mucho constatar que ser santo no consiste en ser perfecto o hacer cosas extraordinarias, sino en vivir en actitud de servicio y disponibilidad a los hermanos, especialmente a los más necesitados.

Estoy impresionado por su sencillez y su donación diaria. Su temperamento sereno y su carácter afable, combinados con su sentido del humor. Vivió con intensidad la espiritualidad salesiana de: "estudia cómo hacerte querer". Y vivió también la esencia del evangelio: ser una persona capaz de amar, de dar vida en las cosas de cada día. Este es un valor que impresiona mucho a los jóvenes, que naturalmente tienen en el corazón fuertes sentimientos y deseos de solidaridad y donación.

En conclusión: Zatti interceda ante Dios y Don Bosco para que en nuestra Congregación surjan numerosos y santos hermanos coadjutores.

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