11/01/2022

Sol de Mayo tiene nuevo técnico y es el ídolo de Alberto Fernández: la historia que los unió

Marcelo Pontiroli tuvo dos pasos por Argentinos Juniors, club del que es hincha el presidente de la Nación. Gracias a él, en aquella época, Fernández le ganó varias disputas futbolísticas a Néstor Kirchner.

Sol de Mayo tiene nuevo técnico y es el ídolo de Alberto Fernández: la historia que los unió

Tras la salida de Luis Islas de la dirección técnica de Sol de Mayo, el club se movió rápido para buscar a su reemplazante. Con la danza de nombres sobre la mesa decidieron ir por otro que en su época de futbolista también fue arquero: Marcelo Pontiroli.

El entrenador de 49, luego de varias charlas con el presidente Adán Valdebenito, cerró su vinculación para hacerse cargo del equipo de cara al próxima temporada del Torneo Federal A. El objetivo, claro está, tratar de conseguir el ascenso.

El nombre de Pontiroli está relacionado con Alberto Fernández desde la idolatría. Sucede que tras su paso por Independiente, en 1998 llegó a Argentinos Juniors. Estuvo tres años, luego en el medio defendió los colores de Belgrano y Lanús, para en 2005 regresar al club del cual es fanático el presidente de la Nación.   

La historia de ese amor incondicional se remonta a abril de 2006, cuando el Bicho de la Paternal le ganó 2 a 0 a Racing. Allí comenzó a tejerse este lazo. Esa tarde, Marcelo se lució. Fue la gran figura e incluso le atajó un penal a Maxi Moralez.

Luego del partido, el guardameta le regaló los guantes amarillos que utilizó durante el encuentro a quien por entonces era Jefe de Gabinete. Ese regalo fue enmarcado y aún se luce en los pasillos de Casa Rosada.

También le obsequió su buzo negro, con el que Fernández fue a trabajar el lunes siguiente. Lejos de los protocolos, en la clásica reunión de agenda, ingresó al despacho de Néstor Kirchner (recocido simpatizante de La Academia) con la camiseta.

Cuenta la leyenda que Kirchner, de pocas pulgas, se enojó por la broma y le pidió que se fuera de su oficina. Recién lo dejó entrar cuando se la sacó y se puso su traje. Más allá de esto, las humoradas vinculadas al fútbol eran moneda corriente cada vez que se enfrentaban sus equipos.

El fastidio quedaba ahí y no pasaba a mayores. Sin embargo, y gracias a Pontiroli, Fernández pudo festejar y arruinarle la fiesta en más de una oportunidad Kirchner. Ese sabor tan especial, claro, aún perdura en su boca.

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