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18/12/2021

De Viedma al mundo: de las recetas ancestrales a fabricar su propia sal marina

María Eva Cayú es de origen mapuche, una figura conocida de la Comarca, que supo conquistar otras cocinas. En una charla con NoticiasNet, te enseña a cómo prepara tu sal y a "cocinar sin cocinar".
De Viedma al mundo: de las recetas ancestrales a fabricar su propia sal marina
De Viedma al mundo: de las recetas ancestrales a fabricar su propia sal marina

María Eva Cayú es una de las referentes de la cultura mapuche. Vive en Viedma, pero su historia de vida y su pasión por la cocina ancestral la catapultaron a distintos puntos del globo terráqueo. Comenzó a dar talleres sobre gastronomía para que aquello que trae de sus antepasados no se pierda y florezca en cada alumno.

Si bien ella prefiere no hablar de su popularidad, vale decir que es toda una celebridad. Estuvo varias veces en Cocineros Argentinos (TV Pública), y también con La cocina de los Calamaro, el programa que conduce Javier Calamaro por El Nueve. Incluso, en los próximos días regresará para enaltecer la cocina con sus preparaciones. También en canal Encuentro la tuvo entre sus filas en Cocinas de canciones, desde San Javier.

Cayú fue una de las primeras presidenta de la comunidad mapuche Monguel Mamuell (Raíces que brotan) de esta ciudad. Criada por una familia de italianos, durante las clases de historia en la escuela primaria descubrió la existencia de un antepasado cacique Cayú. “Mi apellido es Cayú, que significa número seis. Empecé a investigar y descubrí que tengo descendencia de tehuelches y mapuches”.

Uno de sus talleres se llama Cocina sin cocina. ¿De qué se trata? Ella se lo explicó a NoticiasNet. “Consiste en no cocinar nada. Por ejemplo, hoy comí tallarines hechos de zucchini. La salsa, el queso rallado, todo la hice en el momento, pero nada cocinado”.

Enseguida, para aquellos que se animen, dio más detalles: “Así como hago esto también hago alfajores, tortas, sushi, lasaña, bombones dulces bañados en algarroba, lo que se te ocurra. Por ejemplo, para los fideos, agarras los zuchini los pelas y si no tenés la maquinita, los cortás con un cuchillo en tiritas. Después los activas con agua templada y un poquito de sal. Para la salsa, la noche anterior tenés que poner a activar el tomate seco, lo escurrís, le ponés un tomatito fresco, albahaca, ajo, el condimento que uno quiera, aceite de oliva, procesas 1, 2, 3 y ya tenés la salsa. A los zucchini, los escurrís y los tiras en la salsita esa”.

“El queso de rallar también es igual. Se hace con semilla de zapallo o girasol. Lleva cúrcuma, levadura nutricional y una pisquita de condimento masala, que es un condimento natural. Si a vos no te dicen no te das cuenta, porque es el sabor del queso”, agregó y sobre la marcha contó que el dulce de leche, que tampoco lo cocina, lo hace con dátiles.

Por otro lado, dio detalles de las recetas ancestrales, de eso a lo que ella le imprime su pasión. “Son comidas típicas que se hacían antiguamente y se hacen hoy también. Por ejemplo, la pancutra, el curanto, la comida con charqui, tenés muchos platos que son muy ricos.

De la naturaleza a la mesa

Continuando con sus recetas y su manera que tiene de cocinar, otras de las cualidades que lleva a sus preparaciones es la sal, que no es la comercial, sino la marina, que ella misma recolecta.

“En los talleres de cocina ancestral lo primero que enseño es a hacer la sal marina. Es muy fácil hacerla. Yo recomiendo que saquen desde El Faro para el lado de La Lobería. Ahí, cuando baja la manera y se llenan los piletones, puede ser un buen lugar”, comentó aduciendo que si se hace ni bien baja la marea el agua es más limpia.

Para aquellos que lo quieren intentar, dio las técnicas: “Vas con una botella, la sumergís hasta donde puedas, cuando está abajo le sacas la tapa y la subís muy despacito. Cuando llegás a tu casa la pones en una olla, que siempre tiene que ser enlozada o asadera enlozada que la llenas de agua, eso lo poner al horno al mínimo para que se consuma el agua y te queda la planchuela de sal”.

“Lo dejás un día y lo sacás con una espátula. Te queda sal gruesa, pero si la queres fina la pones en una tabla y le pasa un palo de amasar. También te sirve esa agua, porque la ponés en un pulverizador y la roseas en las ensaladas. Incluso si tener que hervir algo, le pones un chorrito de esa agua y ya la tenés salada”.

Por otro lado, se animó a buscar recetas alternativas y creó un postre que llamó la atención: “En la Fiesta de los Frutos Secos yo hice bombones dulces, con brutos secos, y los empolvoree con sal marina, y fue una novedad, gustó mucho”.

Sin embargo, las cualidades y beneficios no terminan ahí. “Desde chica tengo sinusitis. Cuando me agarra muy fuerte, pongo un poquito de agua de mar en una jeringa y con la cabeza para atrás, me pongo un poquito en una nasal y después en la otra, y te sale todo, te limpia todo”.

“Es curativa y sirve para muchas cosas. Yo al litro de agua común le agrego medio vaso de agua de mar y eso me lo tomo durante el día. Hace dos años me hice un chequeo en Córdoba y me salió que no tengo metales pesados y dicen que puede ser por el agua de mar, porque no hay otra explicación. Te limpia el organismo”, comentó María Eva.

Para finalizar el tema, remarcó cómo fue el inicio de esto: “Todo esto surgió porque una vez escuché que se podía hacer, también me comentaron que en otros países es más común, y empecé a hacerlo”.

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