Violencia deportiva infantil: cómo combatir el "Síndrome de mi hijo el campeón"
En actualidad solemos ver a niños y niñas que cada vez juegan menos, que no disfrutan de la práctica de deportiva. Es que triunfo a como de lugar se convirtió en el objetivo principal y es por eso que los más chicos padecen y sufren estos deseos impulsados por los adultos.
"Nosotros en la psicología deportiva hablamos del síndrome de 'mi hijo el campeón' o 'mi hija la campeona', por esa proyección que a veces se hace consciente o inconscientemente y que termina generando una presión. A veces hay que ver el lado positivo de la familia, porque son los adultos significativos los que más van a acompañar y tomar el rol de acompañantes positivos", sostuvo en diálogo con Noticias la Licenciada Luz Hernández.
La especialista en psicología deportiva agregó al respecto que "si este acompañamiento es positivo y uno le transmite la pasión por algún deporte es lindo y sano, aunque a veces lo que sucede es que se confunden y eso termina generando una presión extra que hace que los chicos no puedan elegir otras cosa, hacer otro deporte o tener otras experiencias".
Estas presiones terminan generando una desmotivación en las niñas y niños. Muchos abandonan el deporte, mientras que otros lo siguen practicando pero con sufrimiento.
"Esa presión genera conductas irruptivas en el grupo. Esas reacciones no tiene que ver con eso mismo, pero quizás si con querer practicar la actividad de otra forma, o puede ser que les guste el fútbol pero no de forma competitiva, o puede ser que se sienta mejor en otro club o espacio", explicó en el marco de la presentación del programa municipal para el Abordaje y la Prevención de Violencia en el Deporte Infantil.
"Está la presión de la familia, de todos los ámbitos, pero también está el acompañamiento para poder revertir y darle el espacio de escucha para cambiar esas modalidades", dijo Luz.

Otro de los problema que se generan en el ámbito deportivo en los que se desenvuelven chicos y chicas, suele suceder que los padres muestran actitudes agresivas contra los árbitros.
"La autorregulación emocional la tenemos que tener primero los adultos y después poder transmitir eso a través de acciones y valores a los más chicos. Suele pasar que les decimos que no insulten o peguen y después vemos a los más grande haciendo lo mismo en las tribunas, sobre todo ante una autoridad como el árbitro", detalló.
"Habría que buscar la manera de gestionar esto, buscando espacios de diálogos y recepción con los grupos y las familias. Debemos ver a la competencia como una situación lúdica y de disfrute, que se puede ganar o perder, y no de agresividad y descarga. No todas las emociones son gratas, pero tiene que haber una tolerancia a la frustración", señaló.
Finalmente, reflexionó sobre "una cuestión cultural, más global" contra la que se debe luchar para transmitirles nuevos valores a las próximas generaciones.
"Es una cuestión cultural, más global. Se transmite de generación en generación, por eso las acciones coordinadas entre todos y todas, sumado a las políticas públicas que puedan respaldar esto, con transmisión de valores por parte de los entrenadores en los clubes, con recursos de algunas organizaciones que nos puedan dar herramientas, se va a poder avanzar y mejorar", finalizó.