A 242 años de la fundación de Viedma y Patagones
“Pretendemos rescatar y poner en valor los primeros años de la instalación hispano criolla en la región, especialmente de nuestra “Banda Sur”, como se la nombraba entonces a Viedma, que tuvo su propia identidad basada en la producción agropecuaria en un ambiente de humedales, donde sobresalía la denominada “laguna grande” y luego “laguna del Juncal”, y en donde posteriormente surgió una importante colonia agrícola dirigida por el IDEVI. Experiencias que han honrado al fundador que señalaba a la agricultura como uno de los fundamentos más sólidos de la población, indicaron los investigadores en historia regional.
Señalan que hace más de dos siglos atrás, para la colonización patagónica, la corona española consideraba conveniente enviar familias pobres, conocedoras de las labores agrícolas mediante un novedoso plan migratorio impulsado por la “contrata de familias” que tenían la obligación de poblar y producir, pero también llegaron personas que ejercían otros oficios necesarios para la instalación del fuerte y el resto de la población.
Plantean que en los contratos celebrados, la corona se comprometía a dar viviendas, útiles para la labor y tierras en propiedad (aunque sin especificar cuándo), animales destinados al arado, y semillas, además de sostenerlos económicamente durante un año (hecho que se prolongó en el tiempo debido a condiciones desfavorables), a cambio no podían dejar el lugar, obligación celosamente custodiada por Francisco de Viedma.
A cada familia –apuntan-, la corona ofrecía una chacra para trabajar y un solar en el poblado. Si bien el plan original contemplaba a familias procedentes de Galicia, ante la escasa respuesta, se convocó a interesados de Asturias, Castilla y León entre otras regiones. La mayoría de los labradores procedían de Castilla (67 %), siendo numerosos los de la comarca de la Maragatería ubicada en el centro leonés, cuyo eje religioso fue Somoza. Otros pobladores procedían de Galicia, Asturias, Cataluña, Murcia, Vizcaya, Andalucía, y La Mancha, como así también de Génova, Francia, Portugal, Paraguay, y Río de la Plata.
En octubre de 1779 recién llegaron los primeros pobladores. Los matrimonios fueron alojados en cobertizos provisorios mientras que los solteros ocuparon tiendas. Posteriormente se instalaron en precarias cabañas y en cuevas en la margen norte (Casanueva, y Murgo 2009).
Otro rasgo importante de la población fue el elevado número de varones, hecho que provocaba un desequilibrio demográfico ante la escasez de mujeres hispano criollas, describen en su evaluación histórica de 242 años de ambas ciudades.