Limpiaba casas por hora y se topó con su pasión:ahora es mecánica
A la edad de 15 años, Belén Prieto pasó de limpiar casas a convertirse en una mecánica. Ahora, vive en Pilar y tiene un tatuaje enorme en un muslo que la define: un pistón, una llave y un engranaje. Está en pareja hace más de dos años con un joven que trabaja en la industria gráfica y que -se alegra ella- nunca le hizo problema por sus salidas, que muchas veces son asados con otros mecánicos del taller. Tampoco -se ríe ella- cuando se pone intensa y monotemática hablando de coches.
“Empecé a trabajar a los 11 años en una verdulería. Después en un lavadero de autos, donde tuve mi primer acercamiento a los coches. También trabajé limpiando casas, cortando el pasto, en una peluquería. Nunca nadie me obligó a nada, me surgió sola salir a laburar porque estábamos muy mal económicamente, mi papá hacía changas de albañilería y no podíamos sustentarnos mucho. Vivíamos bastante de cosas que nos regalaban, y bueno, pasándola”, cuenta en una nota a Infobae.
Fue en el lavadero de autos que se hizo amiga de un mecánico que le presentó a otro que buscaba una chica para que hiciera las tareas de limpieza de su casa. Belén seguía trabajando y cursando el secundario pero sus docentes conocían su situación y le permitían rendir algunas materias presentando trabajos prácticos sin asistir a clases.
Estaba limpiando la casa del mecánico cuando encontró una revista especializada, donde había un aviso que ofrecía cursos de mecánica. Nunca nadie le había dicho a esa adolescente que había cosas que le gustaban a las chicas y cosas que le gustaban a los varones: “Y la verdad es que yo de chiquita veía un auto y me volvía loca”, dijo.
Estuvo dos años. “Al principio algunos clientes me veían y ponían cara de desconcierto. Algunos después ya me trataban como una más, otros no. Sí me pasó muchas veces que llegaran al taller con sus autos y me dijeran ‘no, quiero hablar con el mecánico’, pero Belén perseveró y hoy es pedida por varios clientes. Rompió el sistema.