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06/01/2020

Probióticos y prebióticos: aliados de la salud

Para tener una microbiota saludable. Qué son y dónde se encuentran.
Probióticos y prebióticos: aliados de la salud
Probióticos y prebióticos: aliados de la salud

 

Se tiene tan incorporada una connotación negativa respecto de los microorganismos con los que se convive que resulta difícil reconocerles el papel que algunos de ellos cumplen en el organismo.

Se trata de “ese ejército de miles y miles de bacterias que se encuentran en todo el tracto gastrointestinal, piel, tracto genital, tracto respiratorio y glándulas mamarias, tiene un rol fundamental en la salud física y mental. En el intestino se produce más del 90% de la serotonina, neurotransmisor del bienestar; por esta razón, entre otras, hace unos cuantos años es que al intestino se lo llama ‘segundo cerebro’”.

Las bacterias intestinales producen ácidos grasos de cadena corta (AGCC) que tienen acción antiinflamatoria local, general y moduladora del sistema inmune, además de ser este ácido graso el combustible para renovar continuamente el epitelio intestinal.

 Una microbiota robusta y diversa brinda equilibrio a los sistemas digestivos, endocrinos, vasculares y metabólicos.

 

Probióticos

En términos simples, se puede decir que son bacterias o levaduras, aisladas, identificadas y estudiadas mediante ensayos en humanos, que cuando se consumen vivas o viables, van a ejercen un efecto benéfico sobre el consumidor. 

La acción de los probióticos tiene que ver con sus mecanismos de acción; es decir, de qué forma ejercen ese efecto benéfico. Estos pueden variar: pueden colonizar temporariamente el intestino y evitar la adhesión de patógenos; pueden producir in situ, es decir una vez llegados al intestino, compuestos con acción antimicrobiana contra patógenos; pueden ayudar a digerir mejor a los alimentos; o bien pueden estimular la respuesta inmune y, por lo tanto, aumentar las defensas intestinales y del árbol respiratorio.

 

 

Al alcance de la mano

En Argentina, la manera más segura, simple, saludable y eficaz para incorporar probióticos sigue siendo a través del consumo regular de yogures con probióticos. Los yogures con probióticos pueden ser reconocidos por el consumidor por el rótulo “Con probióticos” o palabras como “Lactobacillus”, “Bifidobacterium” o “Lactobacillus casei”.

Para que un alimento tenga el rótulo “con probióticos” se somete a un riguroso análisis por parte de expertos del Instituto Nacional de Alimentos (INAL), que depende de la Administración Nacional de Medicamentos, Alimentos y Tecnología Médica (ANMAT).

Argentina cuenta con yogures con probióticos hace más de 20 años.

Si se piensa en la variedad de probióticos que se comercializan en otros países como Canada, Alemania, Francia, España y China (jugos, licuados, avenas), se puede decir que el mercado argentino es joven.

Seguramente la evidencia científica de nuevos aportes de los probióticos, junto con las exigencias de los profesionales de la salud y de los consumidores -que están cada vez más informados- será el motor para promover el consumo y la relevancia de estas bacterias benéficas.

Podemos beneficiarnos tanto de los alimentos fermentados como de los probióticos, pero es necesario entender las diferencias entre ellos, y así conocer sus potencialidades pero también sus limitaciones. Podemos incorporar alimentos fermentados a nuestra dieta como una forma de incorporar bacterias benéficas a nuestro tracto gastrointestinal con efectos benéficos descriptos para productos similares. Pero en el caso de los probióticos, además de poder cumplir con efectos similares a los alimentos fermentados (por un concepto denominado ‘mecanismos compartidos’), además de sus potenciales efectos generales, el efecto benéfico específico para los probióticos ha sido descripto para la cepa en particular que constituye ese probiótico, a través de un estudio de eficiacia publicados.

Es así que tanto los profesionales de la salud, como los pediatras o gastroenterólogos, pueden hacer recomendaciones de uso en el caso de patologías específicas como diarreas asociadas a antibióticos, inflamación intestinal o cólicos infantiles, ya que para las mismas, las recomendaciones de probióticos se encuentran avaladas por estudios denominados ‘metaanálisis’, que son el máximo grado de evidencia científica que se puede encontrar.