Una diferencia arcaica
Por Mariano Herrera
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El 9 de abril nos encontramos con que fue el Día del Pago Igualitario y esto no responde a una fecha conmemorativa de tal suceso o de determinado año, sino que refiere a un dato por demás vergonzoso. Es que una mujer para ganar lo mismo que ganó un hombre en 2018, tendría que haber trabajado no solo todo ese año sino 3 meses más. Es decir debió haber trabajado hasta el 9 de abril de 2019 para obtener la misma cantidad de dinero que un hombre obtuvo en 12 meses en su trabajo.
Los datos pertenecen a la Organización Internacional del Trabajo (OIT), desde donde se señaló que a nivel mundial, las mujeres perciben hoy día un salario inferior al de los hombres en un porcentaje aproximadamente del 20 por ciento.
Por si esto fuera poco, según el World Economic Forum, entre 2017 y 2018 se desaceleró el ritmo al que crecían los salarios motivo por el cual se precisaría esperar dos siglos para cerrar las diferencias salariales entre varones y mujeres.
Respecto a nuestro país, la brecha salarial entre hombres y mujeres es del 27,5 por ciento.
Durante el cuarto trimestre del año 2018, la brecha salarial alcanzó el 30 por ciento y el ingreso medio de los varones fue de 21.792 de pesos contra 15.241 de las mujeres.
Esto significa que las mujeres ganaron alrededor de 85 mil pesos menos que sus pares varones durante el año pasado.
La situación empeora en el caso de las trabajadoras informales donde la brecha alcanza a más del 36 por ciento.
Belén Scalesa, magister en Género, es coordinadora del área Género y Empleo de la Secretaría de Estado de Trabajo de Río Negro y habló con Noticias de la Costa acerca de estos datos alarmantes.
En ese sentido primero marcó una paradoja porque señaló que la cuestión de explicación de la brecha salarial refiere a su parte que todavía no es posible de explicar. ‘Pareciera un juego de palabras, pero este porcentaje que la OIT marca que es del 27 por ciento aproximadamente para la Argentina en lo que es el salario promedio, gran parte de ese porcentaje tiene que ver con cifras que hasta acá no se están pudiendo medir del todo bien. Tienen que ver con el uso del tiempo, esto es algo que el capitalismo se ha dedicado, la economía más ortodoxa, a medir para lo que han significado los procesos productivos. No así lo ha hecho con los procesos reproductivos, entonces la rama de la economía feminista estudia justamente todo lo necesario para la reproducción humana y cuantifica e impone valor. Trata de medir y de cuantificar todo eso que la economía ortodoxa nunca midió y por lo cual tampoco tiene posibilidades de explicar cuestiones como la diferencia salarial entre varones y mujeres. Hay varias maneras de medirla, métodos de cálculo, acá lo que se usa es la diferencia entre los salarios promedio tomando como referencia al masculino y hay varios miles de pesos que existen de diferencia‘.
Consultada sobre los motivos de esta diferencia marcada, Scalesa comentó que existen diferentes causas. Por ejemplo: ‘Estuve haciendo un punteo de algunas cuestiones que tienen que ver con la cantidad de horas que trabajan, el uso del tiempo, entonces si la tarea principal de una mujer es la maternidad y el trabajo dentro del hogar, todo eso es trabajo no pago porque nunca se le puso ningún tipo de valor o valoración económica, entonces va a disponer de menos tiempo para trabajar en el trabajo productivo‘.
En Río Negro, agregó, según la última medición del INDEC sobre el uso del tiempo, ‘las mujeres dedicamos el doble de tiempo que los varones, entonces ese doble de tiempo que dedicamos al trabajo en el hogar y a las tareas de cuidado es un tiempo que no podemos disponer ni para el trabajo asalariado ni para el tiempo propio, que es algo que quizás todavía no se haya hablado demasiado al respecto pero lo vengo pensando hace mucho tiempo. Es lo referido a las posibilidades de bienestar de las mujeres, mucha mujeres ni siquiera reconocen este tipo de tiempo, el tiempo propio que también es una categoría y que nos sirve para ver qué hacemos por nosotras mismas, que no sea por otros, el tiempo dedicado a algo que nos de placer. Por ejemplo los varones en general tienen el fútbol semanal, y eso no se cancela bajo ningún punto de vista, todo se arregla para que eso tenga lugar. Las mujeres no tenemos una salida semanal‘.
Segregación vertical y horizontal
Por otro lado, Scalesa se refirió a cuestiones que refieren a la segregación vertical y a la horizontal. La primera de ella tiene que ver con las dificultades de acceso aun contando con muchísimo nivel de capacitación y educación. Aquí juega un importante rol la división sexual del trabajo y un dilema que conlleva a lo cultural.
‘Culturalmente las mujeres tenemos que estar dando muchas más explicaciones que los varones y aún así muchas veces ni siquiera podemos acceder a puestos de decisión que siempre son mejores pagos. En Río Negro la mayor actividad por rama para las mujeres es la limpieza doméstica y no doméstica según el Censo 2010, y la mayor actividad por rama para los varones es la construcción. Pero cuando vas a ver las cifras de los puestos directivos vemos que las mujeres sólo encabezan los puestos directivos que tienen que ver con lo educativo, son directoras de escuela, ese es el cargo de mayor jerarquía que logran las mujeres‘.
En la parte privada, empresarial y política pública, las mujeres están a años luz respecto a lo que han alcanzado los varones. ‘Esto no es más ni menos que cultural, acá no hay ningún determinismo biológico que haga que nosotras no podamos ser ministras de Economía o no podamos tener a cargo la obra pública de la provincia. Solo el 30 por ciento de los cargos públicos del Poder Ejecutivo están ocupados por mujeres‘.
Por otro lado, se encuentra la segregación horizontal que refiere a tareas históricamente asumidas por mujeres y tareas para varones que, otra vez, tienen que ver con cuestiones meramente culturales.

‘También pensaba en las trayectorias profesionales teniendo en cuenta la tarea de los cuidados, la maternidad y todo lo que produce en ese momento en la mujer y cómo si bien vamos viendo que hoy por hoy se están compartiendo más las tareas, necesitamos que eso sea un reflejo, que haya un reflejo en los indicadores‘, manifestó Scalesa.
Visibilizar la realidad
Hasta aquí el problema y los factores. Pero el problema exige una solución y en ese sentido lo primero refiere a mostrar que el conflicto existe. ‘Buscar estrategias comunicacionales, creo que se está logrando y después generar indicadores. Es imposible incidir en la realidad favorablemente con los resultados que se esperan, sin indicadores. Necesitamos afectar lo cultural, cambiar la cultura del trabajo pero a través de indicadores que nos permitan visibilizar que esto existe más allá que sea visible. Vemos que el mayor trabajo precario en la Argentina es el empleo doméstico y el empleo doméstico en más del 90 por ciento es ocupado por mujeres. Trabajo más precarizado, más flexible, más vapuleado y con cero prestigio social‘.
Desde Género y Empleo se trabaja con, por ejemplo, los oficios por la inclusión. ‘Hicimos curso de cerrajería en Viedma que fue sumamente exitoso, si no hubiésemos convocado a las mujeres, naturalmente no se hubiesen anotado porque no creen que eso sea posible, que sea una actividad factible para mujeres. Lo mismo pasa con la plomería, la electricidad, el gasista, etc.‘.
La necesidad de ampliar la perspectiva de género está a la vista para encarar no solo el problema de la brecha salarial sino múltiples conflictos en la materia.