Retomar las actividades sin caer en el estrés
La readaptación al trabajo y al ritmo de vida suelen angustiar, en mayor o menor medida, a todos los que lograron “desenchufarse” en las sierras, en el mar o en su casa durante las vacaciones.
El grado de estrés, explican los especialistas, está vinculado en gran medida al grado de satisfacción o comodidad en el que cada uno desarrolle su actividad laboral, a las presiones o al cúmulo de cosas que se dejaron pendientes de resolver.
“No lo llamaría estrés posvacacional. Las vacaciones son un paréntesis, la interrupción de la rutina de la escuela o el trabajo. Es como un entretiempo para volver a encontrarse”, plantea la psicóloga Cristina Adzemian. Y agrega: “Antes de las vacaciones a muchos les cuesta desconectarse con lo previo, y luego les cuesta volver a conectarse, al punto que les da angustia regresar a la rutina”.
Lo cierto es que el estrés, que es un proceso de adaptación a las demandas del ambiente, provoca reacciones corporales y psíquicas. En el caso del que se produce después de las vacaciones suele desaparecer en pocos días, siempre y cuando no existan patologías previas.
En general, hay síntomas a los que prestar atención. Pero, si el dolor de cabeza, el insomnio, los dolores musculares, las molestias digestivas, la taquicardia, los problemas de atención y de memoria se mantienen más de dos semanas después de retomar la actividad, es posible que existan otros problemas.
Los expertos aseguran que la reincorporación al trabajo y el cambio abrupto de hábitos exige un esfuerzo para volver a los horarios habituales, para mantener la atención y asumir las responsabilidades y obligaciones. El ritmo acelerado de vida también contribuye a ello.
“Tengo un paciente que pasó las vacaciones relajado, sereno y durmiendo bien. El primer día en Córdoba se le aceleró ritmo cardíaco, tuvo insomnio y angustia”, contó una psicóloga.
El contexto ayuda
Si las relaciones con los compañeros de trabajo son agradables, el proceso de estrés es más llevadero. “Si el sujeto encuentra en el trabajo lo que le gusta no debería generarle malestar el regreso. Siempre hay una cuota de conflicto, pero a mayor relación entre el trabajo y el deseo, menor es el riesgo a que el retorno genere malestar”, asegura el psicólogo Sebastián Ayala.
En realidad, es lógico que el rendimiento, la motivación o el interés en los primeros días sean más bajos de lo habitual. Y que haya síntomas de cansancio. “Se ven casos, pero son tan comunes como las consultas por la imposibilidad de desconectarse al salir de vacaciones”, apunta Adzemian.
Las mujeres sufren más estrés laboral que los varones. Y a las personas con otros problemas (de pareja, económicos, de salud) o que están a disgusto en su entorno, el estrés post vacacional puede afectarles más.
Sin embargo, las vacaciones sirven para aliviar la carga de un conflicto que genera un síntoma. “El que arrastra un problema, salvo que sea muy severo, no vuelve de inmediato a la consulta después de las vacaciones”, indica Ayala.
No hay estadísticas que midan a cuántas personas afecta este síndrome. No obstante, algunas investigaciones disponibles en la Web aseguran que la mayoría de los trabajadores a quienes se les consulta sobre síndrome posvacacional (sin definir qué es) responde que lo ha padecido alguna vez, y para casi la mitad de los consultados los síntomas desaparecen en pocos días.
“Todos somos un poco niños. Nos cuesta retomar el ritmo laboral, la escuela, los horarios. Hay cosas que generan conflictos”, dice Ayala.
Qué hacer
De a poco. La vuelta debe ser gradual. No es recomendable llegar de vacaciones un domingo y el lunes regresar al trabajo.
Ponerse límites. “No se puede pasar de la nada a todo, del descanso total a todas las obligaciones. El exceso causa malestar. Tenemos que ver nuestros límites”, aconseja la psicóloga Cecilia Barrera.
Almuerzo. Usar la hora de la comida como momento de descanso.
Dormir. Alrededor de ocho horas.
Trabajo. Dejar los papeles y las preocupaciones en la oficina.
Deporte. Realizar ejercicio físico y dedicar tiempo a uno mismo.
Fuente: La Voz