La reconstrucción del cuerpo de Megafón
Elda, la novia del compañero Marcelo Sosa, y su familia, nos invitaron a un asado-peña bajo cielo cordobés, según costumbre entre estudiantes en aquellos días.
Elda con su familia tenían un comedor para estudiantes pobrísimos en el barrio Jardín y allí llegábamos cuando el comedor estudiantil cerraba, de manera que eran almuerzos casi de militancia donde involucramos a Marcelo que trabajaba de noche de mozo en el centro pero al mediodía era el mozo de Elda, su novia.
Marcelo era de San Luis, se recibió antes que nosotros y le perdimos el rastro pero es otra historia. Lo que cuento es un ASADO-PEÑA de una noche cualquiera del año 74 donde riendo y cantando, sin ser un objetivo, reconstruimos el cuerpo de Megafon.
“Inviten a los compañeros del comando ese que tienen ustedes, los Seguidores del Oscuro “ nos dijo Elda a Mingo, a Teddy y a mi, que vivíamos en la Pensión de doña Clara, cruzando la calle de la Avenida Garlot, justo frente al “comedor para pobres “
De manera que aquella noche nos fuimos juntando en nuestra pensión los del comando “El Oscuro de Flores”
Cruzamos: El camarada Mingo (Domingo Ortiz) de operaciones comando arriesgadas, amigo y confesor de huevadas afectivas, de caminatas por alta Gracia a orillas del Tajamar con Liliana y Laura, de largas reflexiones nocturnas sobre la vida y la muerte. Era de Guaymallen, Mendoza.
El camarada Teddy (Sergio Naumovich) inconsciente total de cualquier peligro. Siempre enamorado (y no siempre de la misma). Era de Mendoza.
El camarada Rudy. Simplemente el jefe de la unidad Córdoba. Era de Carlos Paz.
Gastón y Mariana. Camaradas y pareja del hospital Clínicas. Eran de Santa fe y Córdoba respectivamente.
El camarada Roberto Rossi. Mirada de halcón. Frio ante el peligro. Después del desbande del 76 me cobijó en Alta Córdoba. Subimos una pendiente juntos. Era de Tucumán al final casi de la avenida Mate de Luna.
El camarada Oscar Zenkluzen, “el alemán”. La razón al servicio de la causa. El de las operaciones solitarias. Era de Rafaela, Santa Fe.
El camarada Quique, Enrique Acosta. Conjuntamente con Rossi compartimos la última morada en el barrio clínicas, en Enfermera Clermont, en el 79, donde una noche dejamos todo para volver a encontrarnos alguna vez. Era de San Juan.
También estuvieron el compañero Camargo, de Villa Mercedes, Rubén Melchiore, de Esperanza, Santa fe y Norma Grunke también de Córdoba.
Absalón, el cuñado de Elda, de buen humor y chisposo, nos fue recibiendo mientras desparramaba brasas debajo del asado que dejaba caer gotitas de grasa que al “Chirriar” producía secreciones gástricas, tal como nos contó Pawlok.
Los padres del Elda, su abuela, sus dos hermanas y cuatro amigas de la casa(¿Celestineando, Elda?) completaban aquel banquete criollo.
Baco presente en una gran damajuana que Absalón inclinaba sobre los vasos a medida que íbamos llegando . “si el vino viene, viene la vida “parafraseaba al gran Horacio.
Presentaciones, intercambio de impresiones sobre los distintos terruños de cada uno con las 4 amigas de la casa, de lo que se estudia y de lo que se hace…
La abuela, conocedora del componente celestinesco de estos encuentros, parecía distraída y ajena a tanto alboroto.
Más tarde, el asado listo.
Y arrancamos nomás, como regulando el masticar y el chamuyo hasta que Absalón nos pidió que hablemos menos y comiéramos más, pues el asado frío hacía mal.
-¡ Un aplauso para el asador! – Pidió Mingo… y aplaudimos mientras Absalón agradecía empinándose el tinto al lado del fogón.
Chorizos, morcillas, achuras y costillas más lechuga y tomates desfilaron sobre nuestros platos mientras avanzábamos en diálogos diversos.
Mingo, mano a mano con Rita, amiga de la casa, Teddy con alguna anécdota risueña, el Quique, el Samurái, Gastón y Mariana con la esposa de Absalón (la hermana de Elda) y Marcelo atento por si faltaba algo en la mesa .
Rudy, como todo jefe, intercambiando opiniones con Absalón, jefe de la parrilla.
Y sin mucho esfuerzo terminamos el costillar y también la damajuana pero la reemplazamos por otra.
¡Mas vino y la guitarra¡ Absalón sentado y mirando de soslayo a Rudy mientras desde el fondo del pasillo a parecía Zunilda, la Sra. de Absalón y hermana de Elda, con guitarra en mano.
_ No se la den a Marcelo que se pone a templarla y tarda horas- Absalón con humor y ya con mirar vidrioso.
-No se la den entonces_ Mingo también con cierta vidriosidad
Y el Samurái arrancó con acordes conocido de una Zamba lugareña que hizo que Absalón dejara el tinto y poniéndose de pié nos recitó:
Barrio Alberdi
Vos que sos de estudiantes y doctores
De serenatas y flores
De farras carnavaleras
De la piba quinceañera
Con su clavel de ilusión
Iba a la plaza Colon para pasear su pollera…
(Aplaude Rudy y aplaudimos todos)
¡Barrio Alberdi
Cuando te canto parece
Que tengo un llanto muy dentro del corazón ¡
Que se agranda la emoción
De la vieja serenata
Que su lunita de plata
Alumbra la juventud
Y mi madre en la quietud
Del cielo hará una plegaria
Cuando escuche mi guitarra
Allá en la calle Chubut….
Más aplausos y el samurái cantando desde el fondo de los recuerdos cordobeses
Canto una serenata
A orillas del río se escucha mi voz
Rumores de gracia poblaron la casa
Se prende y se apaga la luz de un balcón
Rumores de gracia…. (Todos juntos)
Ya estábamos en el corazón de la peña del Elda y Absalón. El Samurái, templadísimo, siguió con “Campo Afuera” y “yo soy de aquel barrio pobre” para terminar con la Zamba del Chango Rodríguez…
Carretas cañeras cruzan la laguna
El grillo a la luna le da su cantar
Y en los valles retumba mi caja;
Canta con la zafra todo Tucumán
Y el frio camarada Roberto Rossi también entonó la zamba ya sobre el final y aplaudimos al Samurái que entregó la viola y se refugió en un sorbo del tinto de la tercera damajuana.
_¿ Quien más para la guitarra?.
_Alcanzarme- el alemán que comenzó a templarla y nos acordamos del lento Marcelo pero fue apenas un bordoneo y dijo: “Esto de que seamos de tantos lugares de la patria nos permite transitar en esta noche por los distintos paisajes de la tierra con sus alegrías y tristezas, sueños, frustraciones y esperanzas” y arrancó con una milonga sureña, como mi viejo en la llanura pampeana de Ameghino, por las noches, a la luz de un candil.
Siguió con Guitarrero y Pescador de guarany, Del Sur al Litoral de Berbel, Carpas de Salta y Luna de tartagal, si mal no recuerdo, el repertorio del alemán, el de las operaciones solitarias.
Aplausos, elogios y más vino en aquella velada en La Avda. Garlot, Barrio Jardín, La Docta.
¡ Que cante Rita1- Elda, bastonera
¿ La compañera canta?- Mingo acomodando su mirar vidrioso- Que cante la compañera, entonces!.
Tomó la guitarra Rita y puso su pié izquierdo sobre la silla y la guitarra sobre su muslo. Fue la novia del Paraná con viejo Caa cati y Collar de caracolas, fue zuna Rocha con una chacarera santiagueña y Mercedes Sosa con “El Jardín de la República”. Fue muchas en una con su canto.
Desde el Norte traigo en el alma
La alegre zamba que canto aquí
Y que bailan los tucumanos
Con entusiasmo propio de allí
Cada cual sigue a su pareja,
Joven o vieja, de todo vi.
Y cantamos todos, armoniosamente, con entusiasmo propio de aquí.
_ Ahora vamos a bailar- Rita eufórica mirando a Rudy y a Absalón que corrieron sillas y la mesa central para armar la pista de bailes criollos. Y arrancó Rita con la legendaria “Merceditas”
Que dulce encanto tiene
En mi recuerdo, Merceditas,
Aromada florecita
Amor mío de una vez!
La conocí en el campo,
Allá muy lejos, una tarde,
Donde crecen los trigales,
Provincia de Santa Fe
Y Elda se prendió a Marcelo y arrancamos todos.
Acto seguido con un taquirari y otro chámame culminamos con el frenesí de tantas parejas en tan pequeña pista para ir rotando de a dos bailando zambas, chacareras y gatos al ritmo del Samurái porque Rita también quiso bailar.
La Cerrillana, Recuerdo Salteño, De Mi Esperanza, La Telecita y otras que no retengo, hicieron de la danza, el canto y la guitarra un espacio rítmico y alegre como debería y debe ser la reconstrucción de nuestra Patria.
Elday Zunilda nos ofrecieron tortas mientras reponíamos energías y ofrecieron té o café, que aceptaron las mujeres, Rudy y Gastón. El resto seguimos con el tinto que ya venía de los fondos de la tercera damajuana
Y riéndonos de algunos giros en contramano y elogiando a las mejores parejas de zambas liquidamos las tortas de las hermanas de la casa. Y hubo unos minutos de calma digestiva
-Bueno, con el permiso de todos- y comenzó Gastón, bordoneando la guitarra, el viejo recitado del gran Horacio.
Desde donde la Forestal te arranca con sus garfios
De hambre en hambre el intestino.
Donde la boca reseca de tabaco amargo
Vomita el odio en cuajaron de sangre
Desde allí
Desde el remoto trajinar del Chaco
Me viene arando este canto hecho alarido ¡
Y nos embarcamos en esa ola misional de los nacidos unos años antes o unos años después o en el mismo año de la muerte de evita. Juana Azurduy, Zamba del Carbonero, El Mensú, Peoncito de estancia, Balsa de Recuerdos, lugares todos por donde anduvo Megafón oyendo el grito de la Madre Tierra antes de iniciar su guerra, antes de su muerte y su desparramo.
Y culminó Gastón volviendo a recitar :
“Que se levanten todas las banderas
Cuando el cantor se plante con su grito
Que mil guitarras desangren en la noche
Una inmortal canción al infinito “
Y cantamos todos ese himno hecho alarido lo que produjo alguna queja de perros del vecindario y la prudente sugerencia de Elda
-Por respeto a nuestros amigos los perros, mejor vamos terminando -
-Antes de irnos- Rita volviendo a la guitarra sobre su muslo izquierdo y mirando a Mingo- y para todos dormir en paz nos despedimos con “Amachinaditos de Julia Elena Avalos
- A ver quien hace el cuatro ¡-desafió Teddy aunque su intento fue un fracaso
Y una versión apócrifa (“ no se sabe en que rincón - se encuentra el que es enemigo “ ) comenta que fue tortuoso hacer cruzar a Los Seguidores del Oscuro la Avda. Garlot hasta la pensión de doña Clara por el avanzado estado etílico de algunos . Rechazamos de plano esa versión.
la excepción fue el asador, el chisposos Absalón, que a la vidriosidad de los ojos se le sumaba un difícil lenguaje acongojado donde se daba ya por muerto y dijo en verso entrecortado:
…y cuando lloren las viñas
Para que rían los hombres
e de volver en las copas
Y habré de mojar las bocas
De mis viejos compañeros
O tal vez de la que quiero
Y no me pudo querer…
…hasta siempre Horacio Guarany.
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Me levanté bien cerca del mediodía aquel Domingo mientras el resto de la tropa reposaba del traqueteo de de achuras y costillas, vino ,zambas y seguramente varios soñando con la costilla de Adán “Amachinaditos”.
Tomé tres mates y salí a caminar sin rumbo por el mediodía fresco, a pleno sol, cual bicho rumiante, mascullando lo vivido, lo sentido, al pié de la parrilla y al son de la guitarra.
Y repasé los días por venir, la reconstrucción de Megafón, la formación de sus seguidores, la Patria Víbora y sus dos peladuras, la doble Batalla…
¿ No había estado con nosotros anoche, el Oscuro de Flores?
Como autodidacto en la biblioteca de Flores succionó al occidente Antiguo, al cristianismo, a los hiperbóreos, a los misteriosos constructores de catedrales y a Cervantes y el hombre, que estaba solo y esperando se lanzó a lo largo y a lo ancho de la Patria para recrear en nuestra esencia naciente el humanismo de siempre.
Después fue muerto, descuartizado y desparramado por todas las latitudes mezclándose con la tierra y la sangre de los hacheros de la Forestal, de los pescadores del Paraná, de los zafreros de Simoca, del Carbonero de mano negra y vida corta, del pobre mensú, de los gauchos de la Patagonia Rebelde, de Inacyal y Pincen.
¿No estuvo anoche en la vos casi Difulviana del Samurái o en el recorrido geográfico del Alemán o en la cautivante Rita o en el alarido hecho canto de Gastón?
Habíamos reconstruido por instantes a Megafon sin darnos cuenta, universal y telúrico, rítmico y alegre aquella noche fría, estrellada, de luna creciente, bajo cielo cordobés.
Luis Vicente Nievas
DNI 10802476