Las más famosas pinturas rupestres
Santa Cruz. Las pinturas rupestres de la Cueva de las Manos, en medio de la meseta de Santa Cruz, conmueven a los miles de turistas que las visitan cada año en el cañadón del río Pinturas, de 150 kilómetros de largo y un ancho promedio de 500 metros.
El lugar, declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en 1999, cuenta con un centro de interpretación que es conveniente visitar antes de ver las pinturas, al que se puede llegar por un par de caminos de ripio desde la Ruta 40, a ambos lados del cañón.
Las cuevas y sus pinturas son impresionantes, pero los paisajes del entorno deben ser observados de manera especial, sobre todo los cerros de colores donde los minerales tienen tonos fluorescentes que van del rosa al verde, por lo que son difíciles de olvidar.
Marisa Blanco, la coordinadora de Turismo de Perito Moreno, en cuya jurisdicción está la cueva, detalló a Télam que “de septiembre de 2014 a abril del 2015 visitaron la caverna 14.136 turistas, en tanto que en esta temporada ya llegaron 7.969, desde septiembre del año pasado”.
La ciudad de Perito Moreno, a 116 kilómetros de la cueva, tiene más de 6.200 habitantes pero “cuenta con 621 camas entre hoteles, hosterías y cabañas, a lo que hay que agregarle la capacidad de albergue de dos campings municipales y uno privado”, detalló la funcionaria.
Blanco explicó que la cantidad de visitantes a la cueva decae mucho en invierno y que de abril a septiembre últimos se han contabilizado en el lugar 749 turistas, de manera que la organización se alista para los meses de mayor temperatura en la zona.
La cueva, que en una época llamaban “de Altamira”, en honor a su similar española. recibía mayoritariamente extranjeros, pero con el paso del tiempo esa tendencia se revirtió.
En la última temporada se contaron 11.226 argentinos y 2.910 extranjeros, por lo que ahora el 66% de los turistas son argentinos, la mayor parte de ellos del norte y el este de la provincia que van al lugar “como paseo del fin de semana”, relató Blanco.
Las pinturas se encuentran en la pared norte del cañón y se despliegan a lo largo de casi 600 metros que se recorren en pasarelas limitadas por rejas con las que las protegen, al punto de que no se pueden fotografiar con flash.
La guía Natalia Morrone detalló en un recorrido que la formación geológica que originó la zona es jurásica, pero el plegamiento fue cruzado por el río Pinturas, que lo cortó con un lento trabajo durante millones de años.
El cauce del río, ahora con exóticos sauces y álamos, garantizaba agua y cobijo a los huemules y guanacos que buscaban los patagones, hace unos 10 mil años, de manera que la zona pasó a ser un buen lugar para cazar en grupo, alimentarse y tratar las pieles de las presas en las cuevas de la parte alta.
Morrone precisó que las técnicas usadas eran al menos dos: o la pintura de las manos aplicadas en la piedra o bien el soplado para dejar la impronta, que se podía hacer directo con la pintura en la boca o a través de un hueso hueco con el que se lo lanzaba como en aerosol.