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Turismo con respirador artificial

El sector turístico no da más. Si no se toman medidas que impliquen una fuerte apuesta a la reacción de la actividad, la crisis va a generar resultados catastróficos en uno de las pocas economías no subsidiados del país.

Con facturación “0” durante más de 130 días es imposible poder subsistir. La mayoría de las empresas del sector (el 95 %  mipymes o pymes)  se han quedado sin capital de trabajo y no cuentan con espaldas para poder continuar operando post pandemia.

En este sentido, es razonable que el Estado tampoco cuente con recursos para poder asistir a todos los actores económicos en crisis. Por lo tanto, tiene que establecer un orden de prelación definiendo cuáles son los sectores que considera estratégicos, ponderando variables tales como: contribución al PBI, generación de empleo, relación inversión/empleo, capacidad de generación de divisas, efecto multiplicador y corrección en la distribución de riqueza, entre otras de menor relevancia.

Lo expuesto no implica ningún tipo de discriminación, sino definir con precisión quirúrgica en qué canastas deben ponerse los huevos, que son escasísimos, y no hay (o hay muy poco) margen de error.

He aquí algunos datos del sector turístico que pueden dar sustento a las decisiones que pueda tomar el Estado en todas sus jurisdicciones (nacional, provincial y municipal).

La contribución del turismo al PBI en nuestro país ha oscilado entre el 9 y el 10 % en los últimos tres años, ubicándose en el top five de los sectores de mayor aporte. Genera más de 1.5 millones de empleos, lo que implica más de un 9% de empleos registrados en nuestro país, siendo un sector mano de obra intensivo por excelencia. Acá es conveniente resaltar que aún no es reemplazable un mozo o un recepcionista de hotel por una máquina y, a juicio de quien suscribe la presente, no lo será por mucho tiempo. Uno de los diferenciales es que el turista siempre requiere, y requerirá, interacción humana, especialmente en tiempos donde todo se robotiza.

Asimismo, un estudio efectuado por la Asociación de Hoteles de Turismo (AHT) en el año 2018 definió que el sector es el principal generador de empleo en la Argentina medido contra inversión: 13.1 puestos de trabajo por cada millón de dólares invertido.

En relación a la capacidad de generar divisas del sector, si bien hubo años de déficit de la balanza comercial turística dependiendo de la tasa de cambio del momento, el sector en el año 2018 movió algo más de 55 mil millones de dólares (10.3 % del PBI). En consecuencia, es un gran generador de divisas, insumo vital para afrontar los compromisos que se avecinan en cuanto a pagos de servicios de deuda y liquidación de importaciones, entre otras.

El efecto multiplicador del turismo refleja los efectos directos e indirectos de esta actividad sobre el conjunto de la economía. Este es símil al de la construcción y es una actividad que atraviesa a prácticamente todos los sectores de la economía. Un incremento de un dólar en la demanda turística genera un crecimiento en la economía (PBI) cercano a tres dólares (es decir, multiplica por tres).

Para ir finalizando, y aclarando que el presente no pretende ser exhaustivo, el turismo es un gran corrector de asimetrías económicas. Para ejemplificar, un turista de CABA (mayor ingreso per cápita del país) que viaja a Jujuy (entre los menores del país) está corrigiendo estos diferenciales. Lo mismo ocurre cuando un turista de Estados Unidos o Suiza viene a visitar nuestro país.

El Estado debe repensar qué es lo que va a hacer con los diversos sectores de nuestra economía, estableciendo prioridades en virtud de optimizar la performance, generar capacidad de repago e incrementar la tasa de empleo. En definitiva, mejorar la calidad de vida de la población. Las empresas del sector turístico necesitan imperiosamente restituir capital de trabajo para poder seguir funcionando. Por lo tanto, hay que establecer medidas financieras y fiscales que permitan lograr este objetivo.

Las medidas financieras deben, de mínima, ponderar el Costo Financiero Total (CFT) con tasas que no superen el 24%, con periodos  de gracia concomitantes a la capacidad de reacción del sector y plazos de devolución acordes a los flujos de caja de los distintos prestadores. Mientras que el Estado debe garantizarle el no pago de impuestos y tasas mientras dure la pandemia y establecer alícuotas menores para los próximos 5 años post pandemia.

El turismo, aparte de lo mencionado precedentemente, es un gran dinamizador de las economías regionales. Por esto, por lo descripto y por las potencialidades de Argentina en este nuevo escenario, es menester analizar con mucha rigurosidad las medidas a tomar.

Dardo A. Idiart

Lic. En Turismo y Master en Dirección de Empresa.

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Turismo con respirador artificial

El sector turístico no da más. Si no se toman medidas que impliquen una fuerte apuesta a la reacción de la actividad, la crisis va a generar resultados catastróficos en uno de las pocas economías no subsidiados del país.

Con facturación “0” durante más de 130 días es imposible poder subsistir. La mayoría de las empresas del sector (el 95 %  mipymes o pymes)  se han quedado sin capital de trabajo y no cuentan con espaldas para poder continuar operando post pandemia.

En este sentido, es razonable que el Estado tampoco cuente con recursos para poder asistir a todos los actores económicos en crisis. Por lo tanto, tiene que establecer un orden de prelación definiendo cuáles son los sectores que considera estratégicos, ponderando variables tales como: contribución al PBI, generación de empleo, relación inversión/empleo, capacidad de generación de divisas, efecto multiplicador y corrección en la distribución de riqueza, entre otras de menor relevancia.

Lo expuesto no implica ningún tipo de discriminación, sino definir con precisión quirúrgica en qué canastas deben ponerse los huevos, que son escasísimos, y no hay (o hay muy poco) margen de error.

He aquí algunos datos del sector turístico que pueden dar sustento a las decisiones que pueda tomar el Estado en todas sus jurisdicciones (nacional, provincial y municipal).

La contribución del turismo al PBI en nuestro país ha oscilado entre el 9 y el 10 % en los últimos tres años, ubicándose en el top five de los sectores de mayor aporte. Genera más de 1.5 millones de empleos, lo que implica más de un 9% de empleos registrados en nuestro país, siendo un sector mano de obra intensivo por excelencia. Acá es conveniente resaltar que aún no es reemplazable un mozo o un recepcionista de hotel por una máquina y, a juicio de quien suscribe la presente, no lo será por mucho tiempo. Uno de los diferenciales es que el turista siempre requiere, y requerirá, interacción humana, especialmente en tiempos donde todo se robotiza.

Asimismo, un estudio efectuado por la Asociación de Hoteles de Turismo (AHT) en el año 2018 definió que el sector es el principal generador de empleo en la Argentina medido contra inversión: 13.1 puestos de trabajo por cada millón de dólares invertido.

En relación a la capacidad de generar divisas del sector, si bien hubo años de déficit de la balanza comercial turística dependiendo de la tasa de cambio del momento, el sector en el año 2018 movió algo más de 55 mil millones de dólares (10.3 % del PBI). En consecuencia, es un gran generador de divisas, insumo vital para afrontar los compromisos que se avecinan en cuanto a pagos de servicios de deuda y liquidación de importaciones, entre otras.

El efecto multiplicador del turismo refleja los efectos directos e indirectos de esta actividad sobre el conjunto de la economía. Este es símil al de la construcción y es una actividad que atraviesa a prácticamente todos los sectores de la economía. Un incremento de un dólar en la demanda turística genera un crecimiento en la economía (PBI) cercano a tres dólares (es decir, multiplica por tres).

Para ir finalizando, y aclarando que el presente no pretende ser exhaustivo, el turismo es un gran corrector de asimetrías económicas. Para ejemplificar, un turista de CABA (mayor ingreso per cápita del país) que viaja a Jujuy (entre los menores del país) está corrigiendo estos diferenciales. Lo mismo ocurre cuando un turista de Estados Unidos o Suiza viene a visitar nuestro país.

El Estado debe repensar qué es lo que va a hacer con los diversos sectores de nuestra economía, estableciendo prioridades en virtud de optimizar la performance, generar capacidad de repago e incrementar la tasa de empleo. En definitiva, mejorar la calidad de vida de la población. Las empresas del sector turístico necesitan imperiosamente restituir capital de trabajo para poder seguir funcionando. Por lo tanto, hay que establecer medidas financieras y fiscales que permitan lograr este objetivo.

Las medidas financieras deben, de mínima, ponderar el Costo Financiero Total (CFT) con tasas que no superen el 24%, con periodos  de gracia concomitantes a la capacidad de reacción del sector y plazos de devolución acordes a los flujos de caja de los distintos prestadores. Mientras que el Estado debe garantizarle el no pago de impuestos y tasas mientras dure la pandemia y establecer alícuotas menores para los próximos 5 años post pandemia.

El turismo, aparte de lo mencionado precedentemente, es un gran dinamizador de las economías regionales. Por esto, por lo descripto y por las potencialidades de Argentina en este nuevo escenario, es menester analizar con mucha rigurosidad las medidas a tomar.

Dardo A. Idiart

Lic. En Turismo y Master en Dirección de Empresa.

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