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Lo gastronómico es un arte en sí mismo

Leomarys Ñañe

"Trabajar en el desarrollo del paladar, experimentar nuevos sabores y generar nuevos registros me resulta súper interesante"

 

Producción es una palabra que engloba procesos, gestión, personas, pero sobre todo movimiento y acción. Con las dos últimas palabras generalmente encontramos a Yanina Santoro Otero, una viedmense que se define como “repostera autodidacta y gestora cultural autogestiva” y acentúa que también es “más conocida como la chica de Chulapa”.

 

Seguramente alguna vez entraste a un local en Viedma que reúne muchas expresiones artísticas, objetos curiosos, libros, discos, venta de entradas para eventos y también hacen actividades. En definitiva un lugar de encuentro donde te reciben con un mate para entablar alguna charla mientras mirás qué hay. Un espacio que se puso al hombro hacer curaduría del arte local, para brindar una experiencia que va más allá de llevarse un regalo. 

 

Cada detalle dentro de Chulapa no es casual, la visión estética, el concepto y puesta en marcha lo cocinó una Comunicadora Social de la UBA que trabajó en producción de cine, televisión y publicidad. En su recorrido vivió varios años en el exterior y al volver a la Comarca el mayor reto fue “deconstruír esa Viedma que conocía y descubrir la Viedma de ahora”, afirma. 

 

En tiempos de pandemia, de salir de casa sólo para lo necesario, de lookearse con barbijos, de horarios fraccionados para el comercio, Yanina retoma con fuerza “Quiero Endulzarte!”, una iniciativa que integra creatividad y productos locales en la elaboración de postres saludables,  fuera de lo común y con sabores exóticos.

 

  

 

-El aislamiento nos tomó por sorpresa ¿De qué manera reformulaste la propuesta para mantenerte activa?

-Chulapa es un espacio para habitar. Es una invitación a una experiencia de compra modo slow, un lugar para conectar de manera diferente con las cosas. Y así se fue consolidando como un espacio de encuentro. Pero si no nos podemos encontrar y no podemos habitar más que la propia casa, la cosa se complica. Pero no pierde sentido. Y en esta nueva situación toca surfear. 

 

Me surgió lo de reactivar Quiero endulzarte!, articular los dos proyectos. Y fue hermoso. Porque resultó que hicieron muy buena junta. Ya los envíos a domicilio posibilitaron otro camino. Si mal no recuerdo estuve como un año comunicando que Chulapa hacía envíos a domicilio. Hasta que un día vino una persona y me dijo: “Esto del delivery nunca te va a funcionar. Porque lo hermoso de este espacio es venir”. Claro que en este contexto, este servicio se resignifica. Hoy hacer delivery es transportar afecto de una amiga hacia otra, de una hija hacia su padre, poéticamente se podría decir que se están tejiendo lazos afectivos, construyendo cercanía, llevando un algo que hará que esa persona habite su estar en casa más feliz. “El amor en tiempos de pandemia” dijeron por ahí.

 

Ahora con la posibilidad de abrir nuevamente tres días a la semana por la mañana, surge la idea de los turnos como una forma concreta de cuidarnos. Pero también quizás pueda traer nuevas experiencias de gestión comercial. Cambian las formas pero hay una esencia que se sostiene. Y no siempre reformularse supone tener un plan.  

 

-¿ Cómo surge tu vinculación con la cocina, en especial con los postres?

-La repostería siempre me fue posibilitadora. De adolescente cocinando tortas con una amiga pagué gran parte de mi viaje de egresados; en la crisis del 2001 ya estudiando en la universidad fue un recurso que me posibilitó ir zafandola y viviendo en España surgió Quiero endulzarte! en un momento que decidí dejar de trabajar en relación de dependencia. Fue muy importante este momento por varias razones. Me inicié en el camino del emprendedurismo; descubrí el potencial artístico de la cocina en general y también mi faceta más creativa. Y tuve la suerte de experimentar esto en un país con un desarrollo gastronómico brutal. Hoy en medio de esta pandemia, conectar desde un lado más activo con la repostería me volvió a abrir las alas. 

 

 

-¿Qué te motiva a utilizar productos locales y qué encontrás en los mismos?

-Creo fundamental la necesidad de fortalecer el desarrollo local en todos los ámbitos. Con la misma impronta trabajo desde Chulapa. Fortalecer la microeconomía e incentivar a innovar. Eso no significa que sea una fundamentalista de lo local. Porque la apertura y el intercambio también nos nutren y posibilitan. Estrechar el vínculo con la fuente, conocer qué se produce, cómo se produce, en definitiva generar hábitos de consumo de cercanía es una forma interesante de construir identidad, pertenencia y compromiso. En este sentido, me parece maravilloso el trabajo que está haciendo el Colectivo Agroecológico. Generar soberanía alimentaria, potenciar la producción local, acompañar la transición hacia una producción libre de agrotóxicos y establecer un accionar comunitario para garantizar alimento fresco tiene una fuerza insondable. Quizás empezar a tomar conciencia que somos lo que comemos. La pandemia nos ha traído una posibilidad. Volver a cocinar, valorar los productos de temporada, repensar los hábitos de consumo, ratificar la importancia de trabajar activamente en un desarrollo local, sustentable y sostenible comunitariamente.

 

-¿Cómo percibís la devolución de tu propuesta gastronómica en esta temporada?

-Mi vuelta a Viedma fue con la repostería y más o menos activa nunca dejé de hacer cosas. Cierto es que el impacto de las galletitas de lavanda no fue el mismo tres años atrás que ahora. Trabajar en el desarrollo del paladar, experimentar nuevos sabores y generar nuevos registros me resulta súper interesante. Por otra parte, entender lo gastronómico como un arte en sí mismo, subastar una obra comestible como fue el galletón de “El Beso” de Berni ó hacer un desarrollo conceptual como el caso que proponemos en Cine & Ñam Ñam, son formas que suponen posicionar la gastronomía en otro lugar. Y la recepción siempre fue positiva. 

 

 

-En menos de 5 años te reinventaste de manera fuerte ¿Qué aprendizaje tenés de ese recorrido?

-Millones. No tener miedo puede ser una gran virtud y a veces te la das fuerte contra la pared. Entendí que no soy mujer de un solo camino y que no pasa nada. Descubrí que tejer y construir con una impronta colectiva tiene otro gustito. Que acciono siempre desde un lugar de mucho amor y mucho trabajo. Que “hacerlo a pulmón” es construir horizontal y colectivamente, pero que es una expresión que esconde una carencia de recursos para gestionar, aún cuando se contribuye al desarrollo de políticas públicas. Que el “si vos lo haces porque te gusta” esconde una trampa y suele materializarse en trabajo no pago. Que se aprende haciendo. Que banco el autodidactismo. La importancia de decir no, que los límites no son de mala persona, que hay que armar un registro de lo que se hace. Que a veces hay que moverse a un costado para posibilitar. Aprendí a identificar mejor qué batallas quiero librar. Que la vida es movimiento y funciona por ciclos. Que hay que soltar, repensar y preguntarse más a menudo “¿Esto me hace feliz?”. Porque siempre hay tiempo de rectificar y de volver a construir.  En definitiva, re-inventarse es una forma de habitar conscientemente el presente.

 

Redescubrir el paladar

Con “Quiero Endulzarte!” sabores y texturas retan al paladar. Estamos en la presencia de una repostería de autor con identidad patagónica y bajo con ese espíritu encontramos por ejemplo: budines de calabaza, cúrcuma, esencia de azahar, semillas de calabaza y trocitos de chocolate; un bizcocho de Té Verde Matcha con higos frescos, nueces y trocitos de chocolate, y así podemos seguir nombrando variedades que se renuevan sin dejar de sorprender.

 

 

Un torneo de ajedrez está por comenzar

Yanina Santoro Otero forma parte del sector cultural local autogestivo “que sin dudas ha pegado un despunte impresionante en los últimos tres años”, nos dice. En esa frase se incluye el trabajo de distintas instancias y participantes que dan su aporte desde la producción, la música, el teatro, la escritura, la formación, la gestión y el incansable impulso emprendedor, dejando también un reconocimiento a quienes reciben el trabajo “está sostenido por un público cada vez más amplio y diverso que apoya las propuestas y los espacios”.

 

 

El 2020 será recordado como un año histórico en muchos aspectos, siendo la pausa en las rutinas un punto de inflexión, “claro está que la coyuntura actual nos afecta considerablemente. Por eso es importante pensar estrategias colectivas de resistencia y nuevas formas de acción. Quizás sea hora de agregar un también. Ciudad administrativa, deportiva y también cultural”.  Entonces toca abrir el juego “este virus nos puso en jaque. Puso en jaque la omnipotencia humana, las estructuras rígidas, nuestras formas tan poco amorosas de vida. Y estar en jaque quizás sea un buen nuevo comienzo” 

 

Podés seguir sus proyectos en redes sociales en las cuentas de Instagram: @quiero_endulzarte y @chulapaviedma

 

Por: Leomarys Ñañe

Fotos: Gentileza Yanina Santoro / Archivo NoticiasNet

 

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Lo gastronómico es un arte en sí mismo

"Trabajar en el desarrollo del paladar, experimentar nuevos sabores y generar nuevos registros me resulta súper interesante"

 

Producción es una palabra que engloba procesos, gestión, personas, pero sobre todo movimiento y acción. Con las dos últimas palabras generalmente encontramos a Yanina Santoro Otero, una viedmense que se define como “repostera autodidacta y gestora cultural autogestiva” y acentúa que también es “más conocida como la chica de Chulapa”.

 

Seguramente alguna vez entraste a un local en Viedma que reúne muchas expresiones artísticas, objetos curiosos, libros, discos, venta de entradas para eventos y también hacen actividades. En definitiva un lugar de encuentro donde te reciben con un mate para entablar alguna charla mientras mirás qué hay. Un espacio que se puso al hombro hacer curaduría del arte local, para brindar una experiencia que va más allá de llevarse un regalo. 

 

Cada detalle dentro de Chulapa no es casual, la visión estética, el concepto y puesta en marcha lo cocinó una Comunicadora Social de la UBA que trabajó en producción de cine, televisión y publicidad. En su recorrido vivió varios años en el exterior y al volver a la Comarca el mayor reto fue “deconstruír esa Viedma que conocía y descubrir la Viedma de ahora”, afirma. 

 

En tiempos de pandemia, de salir de casa sólo para lo necesario, de lookearse con barbijos, de horarios fraccionados para el comercio, Yanina retoma con fuerza “Quiero Endulzarte!”, una iniciativa que integra creatividad y productos locales en la elaboración de postres saludables,  fuera de lo común y con sabores exóticos.

 

  

 

-El aislamiento nos tomó por sorpresa ¿De qué manera reformulaste la propuesta para mantenerte activa?

-Chulapa es un espacio para habitar. Es una invitación a una experiencia de compra modo slow, un lugar para conectar de manera diferente con las cosas. Y así se fue consolidando como un espacio de encuentro. Pero si no nos podemos encontrar y no podemos habitar más que la propia casa, la cosa se complica. Pero no pierde sentido. Y en esta nueva situación toca surfear. 

 

Me surgió lo de reactivar Quiero endulzarte!, articular los dos proyectos. Y fue hermoso. Porque resultó que hicieron muy buena junta. Ya los envíos a domicilio posibilitaron otro camino. Si mal no recuerdo estuve como un año comunicando que Chulapa hacía envíos a domicilio. Hasta que un día vino una persona y me dijo: “Esto del delivery nunca te va a funcionar. Porque lo hermoso de este espacio es venir”. Claro que en este contexto, este servicio se resignifica. Hoy hacer delivery es transportar afecto de una amiga hacia otra, de una hija hacia su padre, poéticamente se podría decir que se están tejiendo lazos afectivos, construyendo cercanía, llevando un algo que hará que esa persona habite su estar en casa más feliz. “El amor en tiempos de pandemia” dijeron por ahí.

 

Ahora con la posibilidad de abrir nuevamente tres días a la semana por la mañana, surge la idea de los turnos como una forma concreta de cuidarnos. Pero también quizás pueda traer nuevas experiencias de gestión comercial. Cambian las formas pero hay una esencia que se sostiene. Y no siempre reformularse supone tener un plan.  

 

-¿ Cómo surge tu vinculación con la cocina, en especial con los postres?

-La repostería siempre me fue posibilitadora. De adolescente cocinando tortas con una amiga pagué gran parte de mi viaje de egresados; en la crisis del 2001 ya estudiando en la universidad fue un recurso que me posibilitó ir zafandola y viviendo en España surgió Quiero endulzarte! en un momento que decidí dejar de trabajar en relación de dependencia. Fue muy importante este momento por varias razones. Me inicié en el camino del emprendedurismo; descubrí el potencial artístico de la cocina en general y también mi faceta más creativa. Y tuve la suerte de experimentar esto en un país con un desarrollo gastronómico brutal. Hoy en medio de esta pandemia, conectar desde un lado más activo con la repostería me volvió a abrir las alas. 

 

 

-¿Qué te motiva a utilizar productos locales y qué encontrás en los mismos?

-Creo fundamental la necesidad de fortalecer el desarrollo local en todos los ámbitos. Con la misma impronta trabajo desde Chulapa. Fortalecer la microeconomía e incentivar a innovar. Eso no significa que sea una fundamentalista de lo local. Porque la apertura y el intercambio también nos nutren y posibilitan. Estrechar el vínculo con la fuente, conocer qué se produce, cómo se produce, en definitiva generar hábitos de consumo de cercanía es una forma interesante de construir identidad, pertenencia y compromiso. En este sentido, me parece maravilloso el trabajo que está haciendo el Colectivo Agroecológico. Generar soberanía alimentaria, potenciar la producción local, acompañar la transición hacia una producción libre de agrotóxicos y establecer un accionar comunitario para garantizar alimento fresco tiene una fuerza insondable. Quizás empezar a tomar conciencia que somos lo que comemos. La pandemia nos ha traído una posibilidad. Volver a cocinar, valorar los productos de temporada, repensar los hábitos de consumo, ratificar la importancia de trabajar activamente en un desarrollo local, sustentable y sostenible comunitariamente.

 

-¿Cómo percibís la devolución de tu propuesta gastronómica en esta temporada?

-Mi vuelta a Viedma fue con la repostería y más o menos activa nunca dejé de hacer cosas. Cierto es que el impacto de las galletitas de lavanda no fue el mismo tres años atrás que ahora. Trabajar en el desarrollo del paladar, experimentar nuevos sabores y generar nuevos registros me resulta súper interesante. Por otra parte, entender lo gastronómico como un arte en sí mismo, subastar una obra comestible como fue el galletón de “El Beso” de Berni ó hacer un desarrollo conceptual como el caso que proponemos en Cine & Ñam Ñam, son formas que suponen posicionar la gastronomía en otro lugar. Y la recepción siempre fue positiva. 

 

 

-En menos de 5 años te reinventaste de manera fuerte ¿Qué aprendizaje tenés de ese recorrido?

-Millones. No tener miedo puede ser una gran virtud y a veces te la das fuerte contra la pared. Entendí que no soy mujer de un solo camino y que no pasa nada. Descubrí que tejer y construir con una impronta colectiva tiene otro gustito. Que acciono siempre desde un lugar de mucho amor y mucho trabajo. Que “hacerlo a pulmón” es construir horizontal y colectivamente, pero que es una expresión que esconde una carencia de recursos para gestionar, aún cuando se contribuye al desarrollo de políticas públicas. Que el “si vos lo haces porque te gusta” esconde una trampa y suele materializarse en trabajo no pago. Que se aprende haciendo. Que banco el autodidactismo. La importancia de decir no, que los límites no son de mala persona, que hay que armar un registro de lo que se hace. Que a veces hay que moverse a un costado para posibilitar. Aprendí a identificar mejor qué batallas quiero librar. Que la vida es movimiento y funciona por ciclos. Que hay que soltar, repensar y preguntarse más a menudo “¿Esto me hace feliz?”. Porque siempre hay tiempo de rectificar y de volver a construir.  En definitiva, re-inventarse es una forma de habitar conscientemente el presente.

 

Redescubrir el paladar

Con “Quiero Endulzarte!” sabores y texturas retan al paladar. Estamos en la presencia de una repostería de autor con identidad patagónica y bajo con ese espíritu encontramos por ejemplo: budines de calabaza, cúrcuma, esencia de azahar, semillas de calabaza y trocitos de chocolate; un bizcocho de Té Verde Matcha con higos frescos, nueces y trocitos de chocolate, y así podemos seguir nombrando variedades que se renuevan sin dejar de sorprender.

 

 

Un torneo de ajedrez está por comenzar

Yanina Santoro Otero forma parte del sector cultural local autogestivo “que sin dudas ha pegado un despunte impresionante en los últimos tres años”, nos dice. En esa frase se incluye el trabajo de distintas instancias y participantes que dan su aporte desde la producción, la música, el teatro, la escritura, la formación, la gestión y el incansable impulso emprendedor, dejando también un reconocimiento a quienes reciben el trabajo “está sostenido por un público cada vez más amplio y diverso que apoya las propuestas y los espacios”.

 

 

El 2020 será recordado como un año histórico en muchos aspectos, siendo la pausa en las rutinas un punto de inflexión, “claro está que la coyuntura actual nos afecta considerablemente. Por eso es importante pensar estrategias colectivas de resistencia y nuevas formas de acción. Quizás sea hora de agregar un también. Ciudad administrativa, deportiva y también cultural”.  Entonces toca abrir el juego “este virus nos puso en jaque. Puso en jaque la omnipotencia humana, las estructuras rígidas, nuestras formas tan poco amorosas de vida. Y estar en jaque quizás sea un buen nuevo comienzo” 

 

Podés seguir sus proyectos en redes sociales en las cuentas de Instagram: @quiero_endulzarte y @chulapaviedma

 

Por: Leomarys Ñañe

Fotos: Gentileza Yanina Santoro / Archivo NoticiasNet

 

Lo gastronómico es un arte en sí mismo

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