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Yolanda Garrafa: la escritura hecha mujer

Fernando Manrique

Es una referente local que, con casi un siglo de vida, mantiene su pluma vigorosa para seguir narrando lo minúsculo de su entorno.

Por Fernando Manrique

fmanrique@noticiasnet.net

Fotos: Vanesa Schwemmler.

Yolanda Ilda Garrafa, con sus 91 primaveras, desde hace muchos años se ha convertido en una referencia de la Comarca en cuanto a la escritura.

De su pluma salieron cientos de poemas y posee tres libros editados “De Luna y Pez” (1990) en dos tramos y “Calcé las sandalias azules” (2008) que ya tiene el compromiso del Fondo Editorial Rionegrino para una segunda edición.

Se destacan también sus textos “Descalzo Rumbos” (1996), “Fragmentos para leer en voz alta (o en silencio)” (1996), “Tramo en líneas desmedidas” (1998), “Llegan voces” (2004), “Poesía Río Negro - Antologías -Volumen I” (2007), y “Miradas al pueblo chico desde la Viedma de hoy” (2008).

La mujer de dilatada trayectoria conoció a la mismísima Emma Nozzi, fue directora de la Escuela Normal de Viedma, ocupó importantes cargos en el Ministerio de Educación y fue la primera presidenta de la Comisión Técnica del Fondo Editorial Rionegrino, cuya creación y promoción fue de Guillermo Yriarte.

Ella misma se define como una “mujer de las dos orillas” puesto que “yo soy un producto neto de la Comarca, yo nací en Patagones y me bautizaron en Viedma”.

Garrafa dijo en ese sentido: “Toda mi actividad, todo mi perfeccionamiento y toda mi búsqueda está en este espacio. Esta Comarca siempre tuvo un primerísimo nivel cultural y educacional”.

Borges, Bécquer y sus vivencias

Entre una ronda de cafés, en medio de la calidez de su hogar, Garrafa le contó a Noticias que su creación literaria es menos clara que la docencia y ya lleva 40 años inmersa en este peculiar mundo de creaciones con las palabras.

Todo nació de su gen de italiana inquieta y un hábito que poseía su mamá cada noche. “Mi madre me acunaba con tangos en lugar de canciones de cuna y en una oportunidad me cantó el famoso ‘Murió mi vecina dejando en el mundo llenos de dolor’, un año y medio tenía y dijo que lloré toda la noche. Así que vengo un poco del tango, de la canción de cuna, de los juegos del colegio de monjas y de los libros”.

“Pasé el primer grado y en esa época tenía libros de lectura obligatorios, así que lo primero que hacía era buscar poesías porque tienen un ritmo, una candencia, que indudablemente encanta, tiene un encantamiento que en este momento se está perdiendo un poco. Tiene un juego sensual de la palabra que te atrae, más allá de lo que diga”, añadió en el mismo marco.

Consultada sobre sus fuentes de inspiración, narró que proviene “de un hogar muy sensible frente a la vida” y más que escribir por la influencia de autores “me formé con vivencias”.

Garrafa expuso así: “Tengo una cuestión sonora muy profunda en mí, más que de autores tengo una cuestión sensorial, de juego, de movimientos. La palabra, más allá de lo que dice, suena, resuena y perdura. A mí la palabra me suena más que escribirla. Yo vengo de la palabra oral. Muy cerca de mi casa había una agencia de revistas y el dueño me dio una revista Leoplán donde escribía Jorge Luis Borges y los poetas argentinos más notables y mis primeras lecturas fueron allí. Después me enamoré de Adolfo Bécquer con todo ese mundo mágico romántico. Entonces, esa fue mi base literaria, no entré por Alfonsina Storni ni por otras mujeres”.

Sin recetas

Mientras se le sacaba varias fotos, de las cuales en ninguna pudo haber quedado mal esta mujer de ojos azules, Garrafa mencionó que no existe una clave infalible a la hora de escribir. Aquí no hay procedimientos como a la hora de cocinar.

Expresó en ese aspecto: “Mis escritos son de mi entorno natural, yo estoy permanentemente con seres humanos y por eso estoy con una necesidad de volver a mi espacio personal que es el universo. En este momento estoy trabajando mucho con lo minúsculo, con una florcita silvestre que crece por ahí y les temo un poco a los temas profundos. No es fácil hacerlos desde lo creativo porque se ha dicho y se dice mucho y es difícil tener una voz en ese espacio. A la mía la reduzco en la pequeñez, o sea que aparece lo más íntimo y emocional. Los problemas más graves los puedo trabajar desde la tremenda intimidad”.

Comentó que cada tanto tienen estampidos en donde aborda cuestiones profundas como un escrito de una mujer “que es muy fuerte, muy rápido, muy violento y muy entrecortado y quedó un lindo poema porque es de esos que buscas y no los logras, empezás una vez y fracasas y el poema comienza así, con los fracasos hasta que se abre la gran portada de palabras y es una buena protesta femenina. No soy tan cerebral para escribir, la escritura más linda es la que me deja, me lleva y después aparece la parte estética y de pulir algunas cosas”.

“A mí no me gustan las recetas porque tampoco las tuve, lo mío siempre ha sido una búsqueda silenciosa. La primera vez que salí a mostrar lo mío fue cuando se retomó la democracia con Alfonsín. Ahí mostré algo por primera vez en público, porque yo vengo más desde la docencia”, amplió.

Más allá de ser una eminencia en nuestra zona, la humildad es una condición sine qua non en Garrafa. Pues precisó en otro orden: “Yo no soy un Borges ni un Bécquer, soy yo y ¿qué haces para encontrar tu palabra? ¿Cómo haces para tener tu estilo? Primero quedas reducida a la nada porque nada es comparable a mí y entonces mi escritura es lenta. Yo leía a un grande y me apabullaba ¿para qué me voy a poner a escribir yo? hasta que logré superar eso al inversa de otros, no leyendo. No es que dejé de leer totalmente, hasta que con mi humildad empecé a escribir lo que era mío”.

Detalló de esa manera: “Mi primer libro es un haiku donde yo inclusive soy desbordante, el haiku es una fórmula japonesa de cinco, siete y cinco sílabas con rigor. Así que tuve que meterme en una jaula y como dice Alejandra Pizarnik la jaula se convierte en pájaro y mi primer libro De Luna y Pez anda por todas partes, anda por el universo y entra por la intimidad”.

“Mis poesías son de acuerdo a mi sentir sonoro, por eso el haiku es como que vuela” remarcó y con emoción en su voz recordó su primer escrito que salió a la luz: “Ya llevo 40 años de escritura porque la primera vez que saqué algo en público fue un poema precioso en donde aparecía mi papá en el patio, zumbaban las abejas y yo estaba tocando Claro de Luna de Beethoven y me decía ’Me alegraste el alma’ y fue tan conmovedor para mí”.

Poderío de la palabra

El recordado Roberto Fontanarrosa en una magistral conferencia dijo que no existen las malas palabras y que más bien eran necesarias por su contextura física.

En una sintonía parecida, Garrafa habló sobre el poder de la palabra. “Hay que ponerle nombres a las cosas, la Biblia comienza diciendo ‘Hágase la luz y la luz se hizo’. En un segundo momento Dios le dice a Adán ‘Ponle nombres a los animales’ y le dio el poder de nombrar. La palabra es de un poderío tremendo ¿Por qué hay mentiras? Porque la palabra mal usada es la otra contracara y crea”.

Reflexionó en igual dirección: “La oración, cualquiera sea, lleva la intención y el corazón. Si vamos 7 mil personas frente al Municipio a pedir por el agua y a decir nada más que la palabra ‘agua’ los convencemos sin más que eso” y completó: “No hay buenas ni malas palabras sino que las buenas y las malas están en la intención. Podemos decir ‘Madre’ y estamos lanzando el grito más desesperado, una misma palabra no siempre dice las mismas cosas, es la intención la que la sacude, la que le da el sonido. Para mí la palabra es una maravilla y también se castiga con la palabra”.

De esa manera, aclaró que con el tiempo trató de sacar los adjetivos en sus dichos ya que no es lo mismo decir “este chico es malo” a decir “este chico hoy se portó mal” y consideró: “No es lo mismo el ser y el estar. La gente te dice ‘Éste es un hijo de puta’, no te dice ‘Este muchacho hoy está mal’. El acto no puede definirte”.

Por último, aprovechando la cuestión del poderío, Garrafa se refirió a la deconstrucción de las palabras para lograr un empoderamiento de las mujeres e hizo mención a un clásico literario que aún se enseña en las escuelas. “Cuando nosotros hablamos de Odiseo o Ulises hay una mujer con 20 años de espera, acosada por otros hombres. Odiseo vuelve después de destruir una cultura a una mujer que lo espera 20 años, es el héroe y eso lo tenemos hace dos mil años internalizado, el héroe es un hombre que destruye, que posee, que es esperado 20 años y eso es tremendo”.

Ya con los grabadores apagados, la escritora con una lucidez inconmensurable tanto en sus letras como en su oralidad, explicó que todos sus conceptos son producto del paso del tiempo porque ella no es igual a lo que era en sus arranques, cuando lanzó su primer libro o hace cinco años. Con sus 91 años Garrafa le dio más poder a su palabra y con su palabra le ha dado más poder a esta comunidad. Celebremos que esta poderosa pluma sigue escribiendo.

Algunas narraciones de Garrafa

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Yolanda Garrafa: la escritura hecha mujer

Es una referente local que, con casi un siglo de vida, mantiene su pluma vigorosa para seguir narrando lo minúsculo de su entorno.

Por Fernando Manrique

fmanrique@noticiasnet.net

Fotos: Vanesa Schwemmler.

Yolanda Ilda Garrafa, con sus 91 primaveras, desde hace muchos años se ha convertido en una referencia de la Comarca en cuanto a la escritura.

De su pluma salieron cientos de poemas y posee tres libros editados “De Luna y Pez” (1990) en dos tramos y “Calcé las sandalias azules” (2008) que ya tiene el compromiso del Fondo Editorial Rionegrino para una segunda edición.

Se destacan también sus textos “Descalzo Rumbos” (1996), “Fragmentos para leer en voz alta (o en silencio)” (1996), “Tramo en líneas desmedidas” (1998), “Llegan voces” (2004), “Poesía Río Negro - Antologías -Volumen I” (2007), y “Miradas al pueblo chico desde la Viedma de hoy” (2008).

La mujer de dilatada trayectoria conoció a la mismísima Emma Nozzi, fue directora de la Escuela Normal de Viedma, ocupó importantes cargos en el Ministerio de Educación y fue la primera presidenta de la Comisión Técnica del Fondo Editorial Rionegrino, cuya creación y promoción fue de Guillermo Yriarte.

Ella misma se define como una “mujer de las dos orillas” puesto que “yo soy un producto neto de la Comarca, yo nací en Patagones y me bautizaron en Viedma”.

Garrafa dijo en ese sentido: “Toda mi actividad, todo mi perfeccionamiento y toda mi búsqueda está en este espacio. Esta Comarca siempre tuvo un primerísimo nivel cultural y educacional”.

Borges, Bécquer y sus vivencias

Entre una ronda de cafés, en medio de la calidez de su hogar, Garrafa le contó a Noticias que su creación literaria es menos clara que la docencia y ya lleva 40 años inmersa en este peculiar mundo de creaciones con las palabras.

Todo nació de su gen de italiana inquieta y un hábito que poseía su mamá cada noche. “Mi madre me acunaba con tangos en lugar de canciones de cuna y en una oportunidad me cantó el famoso ‘Murió mi vecina dejando en el mundo llenos de dolor’, un año y medio tenía y dijo que lloré toda la noche. Así que vengo un poco del tango, de la canción de cuna, de los juegos del colegio de monjas y de los libros”.

“Pasé el primer grado y en esa época tenía libros de lectura obligatorios, así que lo primero que hacía era buscar poesías porque tienen un ritmo, una candencia, que indudablemente encanta, tiene un encantamiento que en este momento se está perdiendo un poco. Tiene un juego sensual de la palabra que te atrae, más allá de lo que diga”, añadió en el mismo marco.

Consultada sobre sus fuentes de inspiración, narró que proviene “de un hogar muy sensible frente a la vida” y más que escribir por la influencia de autores “me formé con vivencias”.

Garrafa expuso así: “Tengo una cuestión sonora muy profunda en mí, más que de autores tengo una cuestión sensorial, de juego, de movimientos. La palabra, más allá de lo que dice, suena, resuena y perdura. A mí la palabra me suena más que escribirla. Yo vengo de la palabra oral. Muy cerca de mi casa había una agencia de revistas y el dueño me dio una revista Leoplán donde escribía Jorge Luis Borges y los poetas argentinos más notables y mis primeras lecturas fueron allí. Después me enamoré de Adolfo Bécquer con todo ese mundo mágico romántico. Entonces, esa fue mi base literaria, no entré por Alfonsina Storni ni por otras mujeres”.

Sin recetas

Mientras se le sacaba varias fotos, de las cuales en ninguna pudo haber quedado mal esta mujer de ojos azules, Garrafa mencionó que no existe una clave infalible a la hora de escribir. Aquí no hay procedimientos como a la hora de cocinar.

Expresó en ese aspecto: “Mis escritos son de mi entorno natural, yo estoy permanentemente con seres humanos y por eso estoy con una necesidad de volver a mi espacio personal que es el universo. En este momento estoy trabajando mucho con lo minúsculo, con una florcita silvestre que crece por ahí y les temo un poco a los temas profundos. No es fácil hacerlos desde lo creativo porque se ha dicho y se dice mucho y es difícil tener una voz en ese espacio. A la mía la reduzco en la pequeñez, o sea que aparece lo más íntimo y emocional. Los problemas más graves los puedo trabajar desde la tremenda intimidad”.

Comentó que cada tanto tienen estampidos en donde aborda cuestiones profundas como un escrito de una mujer “que es muy fuerte, muy rápido, muy violento y muy entrecortado y quedó un lindo poema porque es de esos que buscas y no los logras, empezás una vez y fracasas y el poema comienza así, con los fracasos hasta que se abre la gran portada de palabras y es una buena protesta femenina. No soy tan cerebral para escribir, la escritura más linda es la que me deja, me lleva y después aparece la parte estética y de pulir algunas cosas”.

“A mí no me gustan las recetas porque tampoco las tuve, lo mío siempre ha sido una búsqueda silenciosa. La primera vez que salí a mostrar lo mío fue cuando se retomó la democracia con Alfonsín. Ahí mostré algo por primera vez en público, porque yo vengo más desde la docencia”, amplió.

Más allá de ser una eminencia en nuestra zona, la humildad es una condición sine qua non en Garrafa. Pues precisó en otro orden: “Yo no soy un Borges ni un Bécquer, soy yo y ¿qué haces para encontrar tu palabra? ¿Cómo haces para tener tu estilo? Primero quedas reducida a la nada porque nada es comparable a mí y entonces mi escritura es lenta. Yo leía a un grande y me apabullaba ¿para qué me voy a poner a escribir yo? hasta que logré superar eso al inversa de otros, no leyendo. No es que dejé de leer totalmente, hasta que con mi humildad empecé a escribir lo que era mío”.

Detalló de esa manera: “Mi primer libro es un haiku donde yo inclusive soy desbordante, el haiku es una fórmula japonesa de cinco, siete y cinco sílabas con rigor. Así que tuve que meterme en una jaula y como dice Alejandra Pizarnik la jaula se convierte en pájaro y mi primer libro De Luna y Pez anda por todas partes, anda por el universo y entra por la intimidad”.

“Mis poesías son de acuerdo a mi sentir sonoro, por eso el haiku es como que vuela” remarcó y con emoción en su voz recordó su primer escrito que salió a la luz: “Ya llevo 40 años de escritura porque la primera vez que saqué algo en público fue un poema precioso en donde aparecía mi papá en el patio, zumbaban las abejas y yo estaba tocando Claro de Luna de Beethoven y me decía ’Me alegraste el alma’ y fue tan conmovedor para mí”.

Poderío de la palabra

El recordado Roberto Fontanarrosa en una magistral conferencia dijo que no existen las malas palabras y que más bien eran necesarias por su contextura física.

En una sintonía parecida, Garrafa habló sobre el poder de la palabra. “Hay que ponerle nombres a las cosas, la Biblia comienza diciendo ‘Hágase la luz y la luz se hizo’. En un segundo momento Dios le dice a Adán ‘Ponle nombres a los animales’ y le dio el poder de nombrar. La palabra es de un poderío tremendo ¿Por qué hay mentiras? Porque la palabra mal usada es la otra contracara y crea”.

Reflexionó en igual dirección: “La oración, cualquiera sea, lleva la intención y el corazón. Si vamos 7 mil personas frente al Municipio a pedir por el agua y a decir nada más que la palabra ‘agua’ los convencemos sin más que eso” y completó: “No hay buenas ni malas palabras sino que las buenas y las malas están en la intención. Podemos decir ‘Madre’ y estamos lanzando el grito más desesperado, una misma palabra no siempre dice las mismas cosas, es la intención la que la sacude, la que le da el sonido. Para mí la palabra es una maravilla y también se castiga con la palabra”.

De esa manera, aclaró que con el tiempo trató de sacar los adjetivos en sus dichos ya que no es lo mismo decir “este chico es malo” a decir “este chico hoy se portó mal” y consideró: “No es lo mismo el ser y el estar. La gente te dice ‘Éste es un hijo de puta’, no te dice ‘Este muchacho hoy está mal’. El acto no puede definirte”.

Por último, aprovechando la cuestión del poderío, Garrafa se refirió a la deconstrucción de las palabras para lograr un empoderamiento de las mujeres e hizo mención a un clásico literario que aún se enseña en las escuelas. “Cuando nosotros hablamos de Odiseo o Ulises hay una mujer con 20 años de espera, acosada por otros hombres. Odiseo vuelve después de destruir una cultura a una mujer que lo espera 20 años, es el héroe y eso lo tenemos hace dos mil años internalizado, el héroe es un hombre que destruye, que posee, que es esperado 20 años y eso es tremendo”.

Ya con los grabadores apagados, la escritora con una lucidez inconmensurable tanto en sus letras como en su oralidad, explicó que todos sus conceptos son producto del paso del tiempo porque ella no es igual a lo que era en sus arranques, cuando lanzó su primer libro o hace cinco años. Con sus 91 años Garrafa le dio más poder a su palabra y con su palabra le ha dado más poder a esta comunidad. Celebremos que esta poderosa pluma sigue escribiendo.

Algunas narraciones de Garrafa

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