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06 ABR 2020

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Gerardo Wyss “Me gustaría que más chicos estudien danza”

 “El mundo del ballet no es tan color de rosa como parece”

 

Creció en un ambiente artístico, entre trajes, videos y muestras de baile. Hijo de la profesora de Danza y Fundadora del Estudio de Danza Maera´s en Viedma, Elda Beatriz Álvarez de Wyss, cualquiera pensaría que hubo presión familiar y de inmediato aclara que no fue así. 

 

Se muda muy chico a Buenos Aires y a los 9 años comienza una doble escolaridad, porque cursaba en simultáneo la escuela y su formación en el Teatro Colón “entrabas a las 7:30 de la mañana y si estabas un ratito antes te sentabas en el cuarto piso a mirar la sala vacía antes de una clase, todo eso era maravilloso. Me lo acuerdo con mucha alegría”.

 

Esta historia comienza con un niño a los 3 años de edad le aburría el ballet y de repente tras 8 años de carrera y 1 de profesionamiento, se recibe en el Instituto Superior de Arte del Teatro Colón, bajo la guía del maestro Leandro Regueiro, y su maestro permanente Mario Galizzi. De adulto se presenta tanto en Argentina como en otros países y en el cierre de temporada 2019 protagoniza el Lago de los Cisnes en el Teatro Colón, sintiendo a la Comarca como su lugar en el mundo, a donde siempre quiere volver.

 

PRIMER ACTO: ¿De qué color es el cisne?

 

 

Yo hice el primer año de la Escuela del Colón sin saber ballet. En el primer año buscan las características físicas, te hacen examenes auditivos, rítmicos, hay médicos para ver la elongación. Todo es muy sencillo para evaluar si tenés aptitudes. Al comienzo la pasé muy bien porque tenía una maestra que era un amor, aprendí los primeros pasos con ella.

 

Una de cal, una de arena

El mundo del ballet, contrariamente a todo lo que el mundo piensa, no es tan color de rosa como parece. En la escuela hubo momentos en la que la pasé muy mal porque éramos muy chicos ( 9 - 10 años) y había mucha presión por parte de los maestros. 

 

Un logro de pocos

Yo tuve la suerte de inconcientemente no tomarme en serio la carrera hasta los 16 años y vivir esa etapa de niño, no quemarla queriendo ser un adulto. Éramos 30 en la clase y sólo los 3 chicos que entraron conmigo trabajamos como profesionales, el resto eran mujeres. La mayoría no llegó no por condiciones físicas, ni porque bailaban mal, sino porque ya la cabeza no les dio más. Era muy grande la presión (de padres, maestros y de ellos mismos).

 

 

Sangre, sudor y lágrimas

Recuerdo un maestro que no me quería mucho. Estabas en la barra haciendo clase, venía y te daba una piña en el estómago para que aprietes los abdominales, no fuerte pero siendo chiquito era innecesario, cosas que me parecen muy mal, que en ese momento estaban naturalizadas. El ballet tiene mucho de “sangre, sudor y lágrimas”. Por suerte está evolucionando, ya no hay más de eso.

 

Tiempos de cambio

Antes te mataban y ahora el maestro tiene miedo de dar una corrección. Hoy los encaran: “¿Qué le hiciste a mi hija? ¿Por qué la maltrataste?”. Me parece que en algún momento se llegará un equilibrio porque no está bien lo que era antes y tampoco lo que es ahora.

 

 

Sacar lo mejor

Podés sacar lo mejor de mí siempre de un buen modo, desde el amor. Hay gente que funcionan si los tratás mal y salen para adelante porque les da bronca. A mí (y a muchos bailarines) si me gritás o tratás mal, me bloqueo, te odio y sacás lo peor de mí. Cada uno funciona diferente, a cada uno hay que sacarle lo mejor de la mejor forma posible.

 

SEGUNDO ACTO: SEGUIR O ABANDONAR

 

 

En la escuela es el maestro que te toca y tenés que sobrevivir como puedas. Repetí tercer año, me iban a echar y no podía hacer nada. Una de las preceptoras me dijo que había una opción de rendir libre, ese era mi chance para seguir o volverme a Viedma.  Estaba con el autoestima por el piso. Rendí solo, fue horrible. El examen fue de “Técnica de Danza Clásica”. Ahí estaban todos los maestros (13 aproximadamente) mirándome y tomando anotaciones en la Sala 9 de Julio que es gigante. 

 

Confiar

Uno de mis mentores estaba en esa mesa de examen. Años después me confesó que ahí tampoco me daba el promedio y que él junto a la directora (los únicos que me apoyaban) modificaron las notas de todos para que el promedio me de 4 (risas), ¡maravilloso!. No se si agradecerle o echarle la culpa de todas las cosas que me pasaron en mi carrera. Después de ahí, mejoré y empecé a tomarme el ballet en serio, con la idea de ser profesional, de poder vivir de esto. Comenzaron a llamarme para trabajar a los 16  años. 

 

TERCER ACTO: LA VIDA DEL BAILARÍN PROFESIONAL

 

 

En los ensayos se prepara el cuerpo para la  jornada laboral. Hay 3 salas y se ocupan según lo que toque bailar.  Por lo general se ensaya un mes y medio aproximadamente y después hay una serie de 10 funciones. Las jornadas son de martes a sábados de 11:00 a 17:00 horas, con una pausa de almuerzo. El domingo según si hay función tenés libre o no. El lunes es franco. 

 

Nuevos tiempos

Cada vez hay menos interpretación en el ballet, a los chicos les importa más girar y saltar que interpretar. Muchas veces no tienen idea de un argumento y es culpa nuestra. Salen pocos bailarines que te llamen la atención en escena, porque también hay profesionales que andan de gala en gala y si un chico ve eso como ejemplo entiende otra cosa. Salir de una función y que alguien te diga “che, me hiciste emocionar, lloré o lo que sea, es lo más gratificante”.

 

El Lago de los Cisnes

 

 

El rol protagónico lo hice por primera vez en México en 2017, cuando viví allá y fui parte de la Compañía Nacional de Danza. Ahora en 2019 me tocó hacerlo en el cierre de temporada del Teatro Colón. Estaba con mucho estrés, el escenario del Colón es muy difícil porque sentís la energía. En esta versión, el príncipe está todo el tiempo en escena, ya el primer acto te quita el 30% de la energía.

 

Las vueltas de la vida

Fue una experiencia bárbara porque me acuerdo cuando chiquito, ( tenía 3 o 4 años) y mi mamá fue a hacer unos cursos en el Colón. En una se escapó a la platea mayor para ver el ensayo general y estaba el segundo acto de El Lago de los Cisnes,  y yo insistiendo a mi vieja para que me sacara, ¡me aburro, me aburro!. Entonces se me vino ese recuerdo de chiquito mientras bailaba. Se lo conté el otro día a ella y se mataba de la risa. Cuando era chico yo no quería saber nada, me parecía aburrido el ballet. Y ahí me encontraba yo bailando El Lago de los Cisnes en El Colón, esas vueltas que te da la vida, muy loca.

 

El próximo reto

Hay un ballet que es más actoral, con muchos dúos muy difíciles. El Ballet Onegin, es uno de los más importantes de larga duración, es una tragedia de amor que tiene la coreografía de John Cranko. A mí me parece maravilloso los ballets actorales, creo que en el fondo es lo que más me divierte. Empecé a estudiar teatro el año pasado, y me gustaría empezar a ir por esos caminos.

 

CUARTO ACTO: LOS PREJUICIOS

 

 

Una vez me puse un pantalón rosa chicle para ver qué pasaba durante los ensayos y mientras hubo quien decía “ que bien te queda ese pantalón ¡que actitud!”, escuché “ ¿Qué te andás con eso puesto? ¡ponete esto!”. Había de todo y yo “ ¿Dentro del ballet?,  ¡somos bailarines! ¿qué les pasa?. No se si hace falta aclararlo, yo soy heterosexual, entonces eso choca un poco, porque es más fácil ver en el ambiente a un gay disfrazado de mujer. Que piensen lo que piensen de mí, yo estoy seguro de lo que me gusta, punto. Por ponerme un pantalón rosa o un disfraz de mujer, no voy a dudar de mi sexualidad ni nada.

 

Volver a casa

 

 

En algún momento quiero tener un proyecto acá en Viedma, estoy aprendiendo a enseñar. Espero poder continuar con el legado de la escuela de mi vieja, me gustaría darle un poco más de valor a la cultura. En este 2020 hay mucho prejuicio con respecto al baile, a la danza y sobre todo en el interior del país. En el estudio de mi madre no van niños a aprender ballet. Me gustaría generar ese cambio en algún momento, y yo creo que con trabajo, esfuerzo y amor a la profesión, es la forma adecuada de transitar una carrera artística. La carrera del bailarín es muy corta, hay que comenzarla de muy chico. Cuando hacés lo que te gusta deja de ser sacrificio, sino se convierte en algo lindo, por más que te duela el cuerpo, te genera satisfacción. Si te gusta algo, seguí para adelante.

 

Fotos: Gentileza Gerardo Wyss / Familia Wyss / Máximo Parpagnoli 

 

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Gerardo Wyss “Me gustaría que más chicos estudien danza”

 “El mundo del ballet no es tan color de rosa como parece”

 

Creció en un ambiente artístico, entre trajes, videos y muestras de baile. Hijo de la profesora de Danza y Fundadora del Estudio de Danza Maera´s en Viedma, Elda Beatriz Álvarez de Wyss, cualquiera pensaría que hubo presión familiar y de inmediato aclara que no fue así. 

 

Se muda muy chico a Buenos Aires y a los 9 años comienza una doble escolaridad, porque cursaba en simultáneo la escuela y su formación en el Teatro Colón “entrabas a las 7:30 de la mañana y si estabas un ratito antes te sentabas en el cuarto piso a mirar la sala vacía antes de una clase, todo eso era maravilloso. Me lo acuerdo con mucha alegría”.

 

Esta historia comienza con un niño a los 3 años de edad le aburría el ballet y de repente tras 8 años de carrera y 1 de profesionamiento, se recibe en el Instituto Superior de Arte del Teatro Colón, bajo la guía del maestro Leandro Regueiro, y su maestro permanente Mario Galizzi. De adulto se presenta tanto en Argentina como en otros países y en el cierre de temporada 2019 protagoniza el Lago de los Cisnes en el Teatro Colón, sintiendo a la Comarca como su lugar en el mundo, a donde siempre quiere volver.

 

PRIMER ACTO: ¿De qué color es el cisne?

 

 

Yo hice el primer año de la Escuela del Colón sin saber ballet. En el primer año buscan las características físicas, te hacen examenes auditivos, rítmicos, hay médicos para ver la elongación. Todo es muy sencillo para evaluar si tenés aptitudes. Al comienzo la pasé muy bien porque tenía una maestra que era un amor, aprendí los primeros pasos con ella.

 

Una de cal, una de arena

El mundo del ballet, contrariamente a todo lo que el mundo piensa, no es tan color de rosa como parece. En la escuela hubo momentos en la que la pasé muy mal porque éramos muy chicos ( 9 - 10 años) y había mucha presión por parte de los maestros. 

 

Un logro de pocos

Yo tuve la suerte de inconcientemente no tomarme en serio la carrera hasta los 16 años y vivir esa etapa de niño, no quemarla queriendo ser un adulto. Éramos 30 en la clase y sólo los 3 chicos que entraron conmigo trabajamos como profesionales, el resto eran mujeres. La mayoría no llegó no por condiciones físicas, ni porque bailaban mal, sino porque ya la cabeza no les dio más. Era muy grande la presión (de padres, maestros y de ellos mismos).

 

 

Sangre, sudor y lágrimas

Recuerdo un maestro que no me quería mucho. Estabas en la barra haciendo clase, venía y te daba una piña en el estómago para que aprietes los abdominales, no fuerte pero siendo chiquito era innecesario, cosas que me parecen muy mal, que en ese momento estaban naturalizadas. El ballet tiene mucho de “sangre, sudor y lágrimas”. Por suerte está evolucionando, ya no hay más de eso.

 

Tiempos de cambio

Antes te mataban y ahora el maestro tiene miedo de dar una corrección. Hoy los encaran: “¿Qué le hiciste a mi hija? ¿Por qué la maltrataste?”. Me parece que en algún momento se llegará un equilibrio porque no está bien lo que era antes y tampoco lo que es ahora.

 

 

Sacar lo mejor

Podés sacar lo mejor de mí siempre de un buen modo, desde el amor. Hay gente que funcionan si los tratás mal y salen para adelante porque les da bronca. A mí (y a muchos bailarines) si me gritás o tratás mal, me bloqueo, te odio y sacás lo peor de mí. Cada uno funciona diferente, a cada uno hay que sacarle lo mejor de la mejor forma posible.

 

SEGUNDO ACTO: SEGUIR O ABANDONAR

 

 

En la escuela es el maestro que te toca y tenés que sobrevivir como puedas. Repetí tercer año, me iban a echar y no podía hacer nada. Una de las preceptoras me dijo que había una opción de rendir libre, ese era mi chance para seguir o volverme a Viedma.  Estaba con el autoestima por el piso. Rendí solo, fue horrible. El examen fue de “Técnica de Danza Clásica”. Ahí estaban todos los maestros (13 aproximadamente) mirándome y tomando anotaciones en la Sala 9 de Julio que es gigante. 

 

Confiar

Uno de mis mentores estaba en esa mesa de examen. Años después me confesó que ahí tampoco me daba el promedio y que él junto a la directora (los únicos que me apoyaban) modificaron las notas de todos para que el promedio me de 4 (risas), ¡maravilloso!. No se si agradecerle o echarle la culpa de todas las cosas que me pasaron en mi carrera. Después de ahí, mejoré y empecé a tomarme el ballet en serio, con la idea de ser profesional, de poder vivir de esto. Comenzaron a llamarme para trabajar a los 16  años. 

 

TERCER ACTO: LA VIDA DEL BAILARÍN PROFESIONAL

 

 

En los ensayos se prepara el cuerpo para la  jornada laboral. Hay 3 salas y se ocupan según lo que toque bailar.  Por lo general se ensaya un mes y medio aproximadamente y después hay una serie de 10 funciones. Las jornadas son de martes a sábados de 11:00 a 17:00 horas, con una pausa de almuerzo. El domingo según si hay función tenés libre o no. El lunes es franco. 

 

Nuevos tiempos

Cada vez hay menos interpretación en el ballet, a los chicos les importa más girar y saltar que interpretar. Muchas veces no tienen idea de un argumento y es culpa nuestra. Salen pocos bailarines que te llamen la atención en escena, porque también hay profesionales que andan de gala en gala y si un chico ve eso como ejemplo entiende otra cosa. Salir de una función y que alguien te diga “che, me hiciste emocionar, lloré o lo que sea, es lo más gratificante”.

 

El Lago de los Cisnes

 

 

El rol protagónico lo hice por primera vez en México en 2017, cuando viví allá y fui parte de la Compañía Nacional de Danza. Ahora en 2019 me tocó hacerlo en el cierre de temporada del Teatro Colón. Estaba con mucho estrés, el escenario del Colón es muy difícil porque sentís la energía. En esta versión, el príncipe está todo el tiempo en escena, ya el primer acto te quita el 30% de la energía.

 

Las vueltas de la vida

Fue una experiencia bárbara porque me acuerdo cuando chiquito, ( tenía 3 o 4 años) y mi mamá fue a hacer unos cursos en el Colón. En una se escapó a la platea mayor para ver el ensayo general y estaba el segundo acto de El Lago de los Cisnes,  y yo insistiendo a mi vieja para que me sacara, ¡me aburro, me aburro!. Entonces se me vino ese recuerdo de chiquito mientras bailaba. Se lo conté el otro día a ella y se mataba de la risa. Cuando era chico yo no quería saber nada, me parecía aburrido el ballet. Y ahí me encontraba yo bailando El Lago de los Cisnes en El Colón, esas vueltas que te da la vida, muy loca.

 

El próximo reto

Hay un ballet que es más actoral, con muchos dúos muy difíciles. El Ballet Onegin, es uno de los más importantes de larga duración, es una tragedia de amor que tiene la coreografía de John Cranko. A mí me parece maravilloso los ballets actorales, creo que en el fondo es lo que más me divierte. Empecé a estudiar teatro el año pasado, y me gustaría empezar a ir por esos caminos.

 

CUARTO ACTO: LOS PREJUICIOS

 

 

Una vez me puse un pantalón rosa chicle para ver qué pasaba durante los ensayos y mientras hubo quien decía “ que bien te queda ese pantalón ¡que actitud!”, escuché “ ¿Qué te andás con eso puesto? ¡ponete esto!”. Había de todo y yo “ ¿Dentro del ballet?,  ¡somos bailarines! ¿qué les pasa?. No se si hace falta aclararlo, yo soy heterosexual, entonces eso choca un poco, porque es más fácil ver en el ambiente a un gay disfrazado de mujer. Que piensen lo que piensen de mí, yo estoy seguro de lo que me gusta, punto. Por ponerme un pantalón rosa o un disfraz de mujer, no voy a dudar de mi sexualidad ni nada.

 

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En algún momento quiero tener un proyecto acá en Viedma, estoy aprendiendo a enseñar. Espero poder continuar con el legado de la escuela de mi vieja, me gustaría darle un poco más de valor a la cultura. En este 2020 hay mucho prejuicio con respecto al baile, a la danza y sobre todo en el interior del país. En el estudio de mi madre no van niños a aprender ballet. Me gustaría generar ese cambio en algún momento, y yo creo que con trabajo, esfuerzo y amor a la profesión, es la forma adecuada de transitar una carrera artística. La carrera del bailarín es muy corta, hay que comenzarla de muy chico. Cuando hacés lo que te gusta deja de ser sacrificio, sino se convierte en algo lindo, por más que te duela el cuerpo, te genera satisfacción. Si te gusta algo, seguí para adelante.

 

Fotos: Gentileza Gerardo Wyss / Familia Wyss / Máximo Parpagnoli 

 

Gerardo Wyss “Me gustaría que más chicos estudien danza”

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