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EL ORO Y EL BARRO

 

EL ORO Y EL BARRO

La noticia de la semana, hasta el Viernes, fue la posibilidad del gobierno de colocar deuda más allá de 2020. No se emitió más volumen de deuda, pero deuda al fin. Es que al Tesoro le vienen sobrando pesos y dólares respecto a los montos que vencen, la gran incógnita que planteábamos a principio de año. Recordemos que es primordial para el Macri poder renovar los vencimientos. La previsión para este año en el programa financiero era muchísimo más conservadora.

Desde que se decidió pasar a un régimen de flotación sucia, tenemos la certeza tácita de que desde en el gobierno están cómodos con un dólar alrededor de los $45. La reducción de la volatilidad ha dado buenos resultados en el plano económico, apuntalando el descenso de la inflación y permitiendo que se haya recompuesto en cierta medida el capital político del oficialismo. Esto es importante, al tiempo que sin certezas acerca de lo que vayan a hacer eventuales candidatos opositores, Macri es tenido por el mercado como el único garante del camino reformista. Lento, pero camino al fin. Pareciera que amenazar con meter la mano en el tipo de cambio bastó para traer calma y era la tercera pata que faltaba al programa monetario, sumado a la férrea restricción del circulante y las altas tasas.

Igualmente, muchos plantean que estamos en los niveles del tipo de cambio real multilateral que teníamos antes del salto del dólar de septiembre de 2018 y que de percibirse un atraso significativo, habría una migración desde plazos fijos que terminaría generando un salto nuevamente. Si bien lo primero es cierto, hoy estamos frente a una realidad bien distinta, No solo por la presencia de los dólares de la cosecha, que este último Viernes liquidó la friolera de mas de US$260 millones. No solo por la agresiva política de tasas que vienen manteniéndose positivas en pesos desde hace ya varios meses. Sino también por el poder de fuego del BCRA, ya liberado para intervenir.

No parece que la autoridad monetaria quisiera que la apreciación del peso continuara hasta tornarse insostenible. Obviamente. A través del mercado de futuros, el central no solo está desincentivando la apreciación excesiva del pero, sino que está generando poder de fuego para frenar una eventual corrida producto de las PASO. Para graficar esto, la postura del Central en futuros ha cambiado mucho de Abril a Mayo. Pasando de tener comprometidas ventas de dólares por alrededor de US$1600 millones, a tener comprometidas compras por un monto similar. Esto cubre una doble función en este caso, no solo genera in incentivo negativo para la apreciación del peso y la frena, sino que también muñe al central de dólares que podría usar ante una eventual presión sobre el tipo de cambio.

Esta semana, por otro lado, se estaría recién confirmando el piso en la actividad. Se espera ya crecer en el segundo trimestre. Es lo que daría la pauta de que el plan funciona. Pero hay sectores que han sufrido esta política estabilizadora al punto de estar al borde de la ruina. El impacto en los ingresos ha sido también gigantesco. De confirmarse la tendencia y transformarse en recuperación, podrían lentamente desarmarse los mecanismos que nos mantienen en esta tensa calma. Es que, como en muchos casos, el remedio para la enfermedad casi mata al paciente.

En fin, si bien en la Argentina es casi imposible hacer futurología, de no haber hechos disruptivos políticamente, lo más probable es que tengamos un período de calma hasta las PASO, con un dólar estable a los niveles que señalamos como de agrado del gobierno, lo cual colaboraría con un proceso muy lento de descenso de la inflación y recuperación de la economía, con un contexto global que no es para nada adverso. Cuanto más definiciones tengamos por parte de los candidatos antes de Agosto, menos sentiremos el impacto de las elecciones de Agosto en la economía.

DE FONDOS Y FONDOS. Esta semana se reunieron con el FMI los principales candidatos opositores. Nadie saca los pies del plato. Si bien tanto Fernández como Lavagna suponen que será ineludible renegociar el acuerdo que Macri hizo con el fondo monetario, nadie ve a la Argentina en condiciones de tener la postura rupturista que otrora tuvo. Es que, ante el cierre de los mercados de deuda voluntarios, el acuerdo hace de buffer y permite un plan correctivo más laxo. La opción menos peor.

En  un artículo muy interesante de la semana que pasó, el economista Gabriel Rubinstein hace un repaso de cómo sería el camino que podría desandar la Argentina, virtuoso por supuesto, si consiguiera que los principales candidatos a la presidencia llegasen a presupuestos y acuerdos mínimos acerca del manejo de la política económica argentina. Acuerdos mínimos acerca de la deuda, el tipo de cambio, la disciplina fiscal y la eventual recompra de bonos, por nombrar algunos. La relación con el FMI tiene entre estos un papel preponderante.

Plantea estos acuerdos como piedra angular y desencadenante de un círculo virtuoso que podría acaso morigerar la incidencia negativa del año electoral, logrando que la inquietud y el miedo sean reemplazados por algún nivel de certeza. Si bien es un escenario lejano, resulta interesante la aproximación, osada o no, a lo que los argentinos nos estamos perdiendo por la mezquindad política, el oportunismo o, en el peor de los casos, la ignorancia. La mera existencia de un programa no solo impactaría en la economía argentina, sino que mejoraría el nivel de la contienda electoral, al tiempo que el voluntarismo  abunda y las propuestas son escasas.

Finalmente, llamaron la atención algunas declaraciones, pero puede descontarse que son para la tribuna. No parece posible semejante desconocimiento del programa financiero por parte de alguien que eventualmente tendría a su cargo la decisión última acerca del mismo. Lo importante es que muy de a poco vayan apareciendo pequeñas certezas acerca de lo que pudiese llegar a suceder después del 10 de Diciembre.

 

 

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La noticia de la semana, hasta el Viernes, fue la posibilidad del gobierno de colocar deuda más allá de 2020. No se emitió más volumen de deuda, pero deuda al fin. Es que al Tesoro le vienen sobrando pesos y dólares respecto a los montos que vencen, la gran incógnita que planteábamos a principio de año. Recordemos que es primordial para el Macri poder renovar los vencimientos. La previsión para este año en el programa financiero era muchísimo más conservadora.

Desde que se decidió pasar a un régimen de flotación sucia, tenemos la certeza tácita de que desde en el gobierno están cómodos con un dólar alrededor de los $45. La reducción de la volatilidad ha dado buenos resultados en el plano económico, apuntalando el descenso de la inflación y permitiendo que se haya recompuesto en cierta medida el capital político del oficialismo. Esto es importante, al tiempo que sin certezas acerca de lo que vayan a hacer eventuales candidatos opositores, Macri es tenido por el mercado como el único garante del camino reformista. Lento, pero camino al fin. Pareciera que amenazar con meter la mano en el tipo de cambio bastó para traer calma y era la tercera pata que faltaba al programa monetario, sumado a la férrea restricción del circulante y las altas tasas.

Igualmente, muchos plantean que estamos en los niveles del tipo de cambio real multilateral que teníamos antes del salto del dólar de septiembre de 2018 y que de percibirse un atraso significativo, habría una migración desde plazos fijos que terminaría generando un salto nuevamente. Si bien lo primero es cierto, hoy estamos frente a una realidad bien distinta, No solo por la presencia de los dólares de la cosecha, que este último Viernes liquidó la friolera de mas de US$260 millones. No solo por la agresiva política de tasas que vienen manteniéndose positivas en pesos desde hace ya varios meses. Sino también por el poder de fuego del BCRA, ya liberado para intervenir.

No parece que la autoridad monetaria quisiera que la apreciación del peso continuara hasta tornarse insostenible. Obviamente. A través del mercado de futuros, el central no solo está desincentivando la apreciación excesiva del pero, sino que está generando poder de fuego para frenar una eventual corrida producto de las PASO. Para graficar esto, la postura del Central en futuros ha cambiado mucho de Abril a Mayo. Pasando de tener comprometidas ventas de dólares por alrededor de US$1600 millones, a tener comprometidas compras por un monto similar. Esto cubre una doble función en este caso, no solo genera in incentivo negativo para la apreciación del peso y la frena, sino que también muñe al central de dólares que podría usar ante una eventual presión sobre el tipo de cambio.

Esta semana, por otro lado, se estaría recién confirmando el piso en la actividad. Se espera ya crecer en el segundo trimestre. Es lo que daría la pauta de que el plan funciona. Pero hay sectores que han sufrido esta política estabilizadora al punto de estar al borde de la ruina. El impacto en los ingresos ha sido también gigantesco. De confirmarse la tendencia y transformarse en recuperación, podrían lentamente desarmarse los mecanismos que nos mantienen en esta tensa calma. Es que, como en muchos casos, el remedio para la enfermedad casi mata al paciente.

En fin, si bien en la Argentina es casi imposible hacer futurología, de no haber hechos disruptivos políticamente, lo más probable es que tengamos un período de calma hasta las PASO, con un dólar estable a los niveles que señalamos como de agrado del gobierno, lo cual colaboraría con un proceso muy lento de descenso de la inflación y recuperación de la economía, con un contexto global que no es para nada adverso. Cuanto más definiciones tengamos por parte de los candidatos antes de Agosto, menos sentiremos el impacto de las elecciones de Agosto en la economía.

DE FONDOS Y FONDOS. Esta semana se reunieron con el FMI los principales candidatos opositores. Nadie saca los pies del plato. Si bien tanto Fernández como Lavagna suponen que será ineludible renegociar el acuerdo que Macri hizo con el fondo monetario, nadie ve a la Argentina en condiciones de tener la postura rupturista que otrora tuvo. Es que, ante el cierre de los mercados de deuda voluntarios, el acuerdo hace de buffer y permite un plan correctivo más laxo. La opción menos peor.

En  un artículo muy interesante de la semana que pasó, el economista Gabriel Rubinstein hace un repaso de cómo sería el camino que podría desandar la Argentina, virtuoso por supuesto, si consiguiera que los principales candidatos a la presidencia llegasen a presupuestos y acuerdos mínimos acerca del manejo de la política económica argentina. Acuerdos mínimos acerca de la deuda, el tipo de cambio, la disciplina fiscal y la eventual recompra de bonos, por nombrar algunos. La relación con el FMI tiene entre estos un papel preponderante.

Plantea estos acuerdos como piedra angular y desencadenante de un círculo virtuoso que podría acaso morigerar la incidencia negativa del año electoral, logrando que la inquietud y el miedo sean reemplazados por algún nivel de certeza. Si bien es un escenario lejano, resulta interesante la aproximación, osada o no, a lo que los argentinos nos estamos perdiendo por la mezquindad política, el oportunismo o, en el peor de los casos, la ignorancia. La mera existencia de un programa no solo impactaría en la economía argentina, sino que mejoraría el nivel de la contienda electoral, al tiempo que el voluntarismo  abunda y las propuestas son escasas.

Finalmente, llamaron la atención algunas declaraciones, pero puede descontarse que son para la tribuna. No parece posible semejante desconocimiento del programa financiero por parte de alguien que eventualmente tendría a su cargo la decisión última acerca del mismo. Lo importante es que muy de a poco vayan apareciendo pequeñas certezas acerca de lo que pudiese llegar a suceder después del 10 de Diciembre.

 

 

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