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Locura en Toronto
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El anillo de la NBA es un desahogo para una ciudad postergada.

Fue una noche sin fin en Toronto, una ciudad que se había acostumbrado a las decepciones desde que en 1995 recibió a la NBA. El triunfo de los Raptors en el sexto juego de la serie frente a Golden State Warriors, en el último partido del equipo de Steve Kerr en el Oracle Arena, desató la locura en una ciudad que gritó campeón como un desahogo.

El significado del título para Toronto, el primero de su historia, va más allá de lo deportivo: es la celebración de una ciudad eternamente desplazada que por fin pudo materializar sus ilusiones. Masai Ujiri, presidente de operaciones del equipo canadiense, tomó decisiones drásticas y antipáticas para conseguir el anillo. La narrativa parecía repetirse cuando Ujiri transfirió a DeMar DeRozan, el emblema del equipo y de la ciudad, a San Antonio Spurs a cambio de un Kawhi Leonard inactivo. Un año después, el tiempo le dio la razón: Toronto destronó a la dinastía de Golden State.

Los Raptors nacieron como la 28º franquicia de la liga, consecuencia de la política de expansión de la NBA. Fue el pueblo de Toronto quien eligió su apodo y su logo, un vínculo que se afianzó en el tiempo especialmente a partir de la irrupción de Vince Carter. Elegido en el Draft de 1998 por Golden State Warriors con la quinta selección, fue transferido en esa misma noche a Canadá a cambio de Antawn Jamison, elegido con la cuarta posición.

Carter despertó la Vinsanity en Canadá. Los Raptors habían encontrado a una estrella a la que entregarse en cuerpo y alma. Fue premiado como el mejor novato del año, formó una dupla memorable con Tracy McGrady y se consolidó como estrella de la liga con su espectacular presentación en el torneo de volcadas de 2000. La dupla Carter-McGrady, su sobrino lejano, sembró múltiples expectativas en un equipo con sed de protagonismo pero T-Mac pidió su traspaso, eclipsado por Carter, y se marchó a Orlando Magic.

El alero que aún hoy se mantiene vigente con 42 años, fue capaz de liderar al equipo rumbo a tres postemporadas y protagonizó una batalla inolvidable en las semifinales del Este de 2000-01 con Allen Iverson en un Raptors-Philadelphia 76ers en el que falló el tiro del final a falta de dos segundos en el séptimo partido. Casi dos décadas después, Kawhi Leonard se tomó revancha en esta postemporada.

Las lesiones entorpecieron la producción de Carter, ya convertido en ídolo de la ciudad. De cara a la temporada 2004-05 manifestó su desconfianza acerca de la capacidad de la gerencia de armar un equipo que fuera competitivo y pidió ser traspasado. El 17 de diciembre de 2004 finalmente fue transferido a New Jersey Nets a cambio de Alonzo Mourning, Aaron Williams, Eric Williams y dos primeras rondas. Era el fin de una era en Toronto.

Chris Bosh recogió el testigo y heredó el trono de los Raptors pero el desenlace fue idéntico: si bien brilló con la camiseta de la franquicia y se convirtió en el dueño de todos los récords estadísticos hasta la aparición de DeMar DeRozan, Bosh se terminó yendo como agente libre para unirse al Miami Heat que reunió en un mismo equipo a Bosh, LeBron James y Dwyane Wade. En Florida consiguió dos títulos mientras en Toronto masticaban bronca otra vez con la proyección de lo que podría haber sido.

Tras la marcha de Bosh, DeMar DeRozan se hizo cargo del equipo y bajo la conducción de Dwane Casey construyeron a un equipo que consiguió el mejor récord de temporada regular de su historia y se adueñó de la primera posición del Este en 2017-18. Sin embargo, su historial en postemporada sumó decepción tras decepción con LeBron James como bestia negra: el Rey de la NBA interrumpió su aventura en playoffs durante las últimas tres campañas.

Ujiri, decidido a ser campeón, despidió a Casey y transfirió a DeRozan, el símbolo de la ciudad, dueño histórico de todos los récords y el único que a lo largo de su historia había sido recíproco en su amor por una franquicia que veía continuamente como se marchaban sus nuevos referentes. Ujiri apostó por Leonard, con apenas un año de contrato, a riesgo de quedarse sin nada.

Pero Ujiri acertó y Toronto hoy celebra por primera vez un anillo, sin pensar en un mañana en el que Leonard podría marcharse: si bien tiene una opción de jugador para extender su vínculo por un año, The Klaw podría firmar con otra franquicia como agente libre tras haber concretado el sueño de una ciudad.

Por: Matías Baldo

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Locura en Toronto

El anillo de la NBA es un desahogo para una ciudad postergada.

Fue una noche sin fin en Toronto, una ciudad que se había acostumbrado a las decepciones desde que en 1995 recibió a la NBA. El triunfo de los Raptors en el sexto juego de la serie frente a Golden State Warriors, en el último partido del equipo de Steve Kerr en el Oracle Arena, desató la locura en una ciudad que gritó campeón como un desahogo.

El significado del título para Toronto, el primero de su historia, va más allá de lo deportivo: es la celebración de una ciudad eternamente desplazada que por fin pudo materializar sus ilusiones. Masai Ujiri, presidente de operaciones del equipo canadiense, tomó decisiones drásticas y antipáticas para conseguir el anillo. La narrativa parecía repetirse cuando Ujiri transfirió a DeMar DeRozan, el emblema del equipo y de la ciudad, a San Antonio Spurs a cambio de un Kawhi Leonard inactivo. Un año después, el tiempo le dio la razón: Toronto destronó a la dinastía de Golden State.

Los Raptors nacieron como la 28º franquicia de la liga, consecuencia de la política de expansión de la NBA. Fue el pueblo de Toronto quien eligió su apodo y su logo, un vínculo que se afianzó en el tiempo especialmente a partir de la irrupción de Vince Carter. Elegido en el Draft de 1998 por Golden State Warriors con la quinta selección, fue transferido en esa misma noche a Canadá a cambio de Antawn Jamison, elegido con la cuarta posición.

Carter despertó la Vinsanity en Canadá. Los Raptors habían encontrado a una estrella a la que entregarse en cuerpo y alma. Fue premiado como el mejor novato del año, formó una dupla memorable con Tracy McGrady y se consolidó como estrella de la liga con su espectacular presentación en el torneo de volcadas de 2000. La dupla Carter-McGrady, su sobrino lejano, sembró múltiples expectativas en un equipo con sed de protagonismo pero T-Mac pidió su traspaso, eclipsado por Carter, y se marchó a Orlando Magic.

El alero que aún hoy se mantiene vigente con 42 años, fue capaz de liderar al equipo rumbo a tres postemporadas y protagonizó una batalla inolvidable en las semifinales del Este de 2000-01 con Allen Iverson en un Raptors-Philadelphia 76ers en el que falló el tiro del final a falta de dos segundos en el séptimo partido. Casi dos décadas después, Kawhi Leonard se tomó revancha en esta postemporada.

Las lesiones entorpecieron la producción de Carter, ya convertido en ídolo de la ciudad. De cara a la temporada 2004-05 manifestó su desconfianza acerca de la capacidad de la gerencia de armar un equipo que fuera competitivo y pidió ser traspasado. El 17 de diciembre de 2004 finalmente fue transferido a New Jersey Nets a cambio de Alonzo Mourning, Aaron Williams, Eric Williams y dos primeras rondas. Era el fin de una era en Toronto.

Chris Bosh recogió el testigo y heredó el trono de los Raptors pero el desenlace fue idéntico: si bien brilló con la camiseta de la franquicia y se convirtió en el dueño de todos los récords estadísticos hasta la aparición de DeMar DeRozan, Bosh se terminó yendo como agente libre para unirse al Miami Heat que reunió en un mismo equipo a Bosh, LeBron James y Dwyane Wade. En Florida consiguió dos títulos mientras en Toronto masticaban bronca otra vez con la proyección de lo que podría haber sido.

Tras la marcha de Bosh, DeMar DeRozan se hizo cargo del equipo y bajo la conducción de Dwane Casey construyeron a un equipo que consiguió el mejor récord de temporada regular de su historia y se adueñó de la primera posición del Este en 2017-18. Sin embargo, su historial en postemporada sumó decepción tras decepción con LeBron James como bestia negra: el Rey de la NBA interrumpió su aventura en playoffs durante las últimas tres campañas.

Ujiri, decidido a ser campeón, despidió a Casey y transfirió a DeRozan, el símbolo de la ciudad, dueño histórico de todos los récords y el único que a lo largo de su historia había sido recíproco en su amor por una franquicia que veía continuamente como se marchaban sus nuevos referentes. Ujiri apostó por Leonard, con apenas un año de contrato, a riesgo de quedarse sin nada.

Pero Ujiri acertó y Toronto hoy celebra por primera vez un anillo, sin pensar en un mañana en el que Leonard podría marcharse: si bien tiene una opción de jugador para extender su vínculo por un año, The Klaw podría firmar con otra franquicia como agente libre tras haber concretado el sueño de una ciudad.

Por: Matías Baldo

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