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Entre el dólar y el riesgo país
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Entre el dólar y el riesgo país

 

Esta semana ha sido, por lo menos, movida. Vamos a arrancar hablando brevemente de que es el riesgo país. Luego, veremos por qué influye y cómo en la economía de la Argentina. El riesgo país es la diferencia entre la tasa que paga un bono de nuestro país y la que paga un bono que puede suponerse de riesgo cero de la misma duración. Se utiliza como referencia el bono a diez años del tesoro de los Estados Unidos.


El bono tiene una tasa fija de interés, cuanto más valga el bono en el mercado, menor será su rendimiento y menos el riesgo país que surge del cálculo. Si venden muchos y nadie compra, el bono cae en su valor y sube su rendimiento. Y sube el riesgo país. Todo bien hasta acá. El riesgo país de nuestro país aumenta cuando hay una aversión hacia los bonos argentinos. Cuando muchos los venden y su precio baja. Parece fácil.


Si bien puede haber un efecto psicológico general con la suba del riesgo país que se retroalimenta, la venta de los bonos impacta sobre el riesgo y no viceversa. Y esa misma inquietud, incertidumbre, o necesidad de efectivo que impacta en el riesgo, impactará en muchas otras variables. Es importante tener todas estas cosas en cuenta para poder entender de qué manera impactan en nuestra economía.


En sintonía con lo que venimos diciendo, y siguiendo este camino que describimos, es lógico que no pueda existir un mayor descalce entre la aversión al riesgo argentino simbolizada en la venta de bonos y una mayor presión sobre el dólar. Y con un Banco Central que no puede intervenir. Si la percepción de riesgo es alta para los bonos soberanos, seguramente lo será también para los pesos con respecto al dólar.


Dicho esto. El desprendimiento de bonos argentinos llevó esta semana a que suba estrepitosamente el riesgo país. Ahora, que lleva a estos bonistas a desprenderse de sus bonos. 

 

Por un lado, el dólar se apreció en todo el mundo. Los cambios en nuestro tipo de cambio nominal impactan de lleno en la deuda por un lado y en la dinámica económica y política de la Argentina. Pero la deuda con el sector privado sólo representa 38% del PBI. Por lo que no pareciera que generara algún beneficio eventual un default y la renovación sería fácil. Tampoco habría un viento de frente financiero. La capacidad pago para los vencimientos de los próximos años, que son unos USD 4.500 millones por año, no habría motivo de preocupación. Ahora, poder pagar no es lo mismo que querer pagar. Y el impacto de una suba global del dólar en la economía y la política doméstica si son de mayor magnitud.


En segundo término, ha habido sucesos técnicos que han impactado en la dinámica de los bonos ligados a la re-categorización de la Argentina dentro de los mercados emergentes. Muchos debieron vender obligados generando sobre-oferta. Con un mercado doméstico para estas herramientas casi inexistente y sin ahorro interno suficiente como para convalidar semejante oferta. Los compradores, en muchos casos, se hicieron un festín. Con bonistas obligados a vender a la baja y aportando al deterioro del riesgo país.


Como tercer punto, está la que han elegido la mayoría de los analistas como la fuente de todos los males. La política. La vuelta de Cristina Kirchner y su eventual abandono de las reformas, la imposibilidad de Macri de conservar su capital político y llevarlas adelante, la sociedad ya harta de pedidos de sacrificio. Elijan su propia opción. La realidad es que la percepción existe. No es la única variable, pero existe.


Macri decidió hacer las reformas. O la realidad eligió por él. El balance final de la crisis de 2018 se puede ver hoy en la crisis de expectativas que atraviesa no solo la reelección del gobierno, sino también las dudas sobre el mismo gobierno en caso de ganar las elecciones. El mercado hoy ve una probabilidad en la derrota del presidente y un derrotero hasta el fin de su mandato muy difícil, con su capital político esquilmándose. Al tiempo que la economía sigue desmejorando en los aspectos que pondera más el electorado: la inflación y el dólar. Así es el círculo vicioso, la espiral negativa en la que ha entrado el gobierno y la Argentina toda.


La disociación de los logros macroeconómicos con las perspectivas del mercado es muy grande. Por lo visto, una va por un lado y los mercados por otro. Las expectativas negativas están dadas por la política y por un gobierno que no hace pie capeando una crisis con las herramientas que tiene. Llega un momento en que ninguna tasa le gana al miedo y el desarme de posiciones en pesos termina impactando en el tipo de cambio de lleno, con un correlato cierto en las expectativas inflacionarias y en consecuencia, en la inflación.


En algún momento, en artículos anteriores señalábamos el riesgo de caer en esta situación, al tiempo que se juntarán la incapacidad de intervenir del BCRA en el tipo de cambio al momento en que la inquietud que generan las elecciones redundará en desarme de posiciones en pesos y presión alcista en el tipo de cambio. Esta semana, por caso, ha habido suba de tasas a máximos históricos dentro del actual programa e igualmente se ha expandido la base monetaria fuertemente.


Aún con la gran cantidad de dólares disponibles, por las liquidaciones del tesoro y la cosecha, la inquietud con respecto a las elecciones genera inestabilidad monetaria, crisis de expectativas, aumento de la expectativa inflacionaria, pérdida de capital político, aumento de la aversión al riesgo argentino, correlato en riesgo país e inestabilidad monetaria. Y así ad-eternum en un círculo vicioso.


Quebrar eso resultará difícil de aquí a Octubre. La Argentina comete el error de pendular eternamente en un juego de suma cero y esto es lo que ven los mercados. Lo que vemos todos. Este derrotero de Macri. Esta última crisis. Que comienza con la corrida de principios del año pasado podría terminar con el aborto de su segundo mandato y, se antoja, de las medidas de corrección de la macroeconomía que supuestamente venía a llevar adelante. Pareciera que el riesgo de quedarse en la Argentina es alto y el premio no es lo suficientemente jugoso.

 

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Entre el dólar y el riesgo país

Créditos: WEB

 

Esta semana ha sido, por lo menos, movida. Vamos a arrancar hablando brevemente de que es el riesgo país. Luego, veremos por qué influye y cómo en la economía de la Argentina. El riesgo país es la diferencia entre la tasa que paga un bono de nuestro país y la que paga un bono que puede suponerse de riesgo cero de la misma duración. Se utiliza como referencia el bono a diez años del tesoro de los Estados Unidos.


El bono tiene una tasa fija de interés, cuanto más valga el bono en el mercado, menor será su rendimiento y menos el riesgo país que surge del cálculo. Si venden muchos y nadie compra, el bono cae en su valor y sube su rendimiento. Y sube el riesgo país. Todo bien hasta acá. El riesgo país de nuestro país aumenta cuando hay una aversión hacia los bonos argentinos. Cuando muchos los venden y su precio baja. Parece fácil.


Si bien puede haber un efecto psicológico general con la suba del riesgo país que se retroalimenta, la venta de los bonos impacta sobre el riesgo y no viceversa. Y esa misma inquietud, incertidumbre, o necesidad de efectivo que impacta en el riesgo, impactará en muchas otras variables. Es importante tener todas estas cosas en cuenta para poder entender de qué manera impactan en nuestra economía.


En sintonía con lo que venimos diciendo, y siguiendo este camino que describimos, es lógico que no pueda existir un mayor descalce entre la aversión al riesgo argentino simbolizada en la venta de bonos y una mayor presión sobre el dólar. Y con un Banco Central que no puede intervenir. Si la percepción de riesgo es alta para los bonos soberanos, seguramente lo será también para los pesos con respecto al dólar.


Dicho esto. El desprendimiento de bonos argentinos llevó esta semana a que suba estrepitosamente el riesgo país. Ahora, que lleva a estos bonistas a desprenderse de sus bonos. 

 

Por un lado, el dólar se apreció en todo el mundo. Los cambios en nuestro tipo de cambio nominal impactan de lleno en la deuda por un lado y en la dinámica económica y política de la Argentina. Pero la deuda con el sector privado sólo representa 38% del PBI. Por lo que no pareciera que generara algún beneficio eventual un default y la renovación sería fácil. Tampoco habría un viento de frente financiero. La capacidad pago para los vencimientos de los próximos años, que son unos USD 4.500 millones por año, no habría motivo de preocupación. Ahora, poder pagar no es lo mismo que querer pagar. Y el impacto de una suba global del dólar en la economía y la política doméstica si son de mayor magnitud.


En segundo término, ha habido sucesos técnicos que han impactado en la dinámica de los bonos ligados a la re-categorización de la Argentina dentro de los mercados emergentes. Muchos debieron vender obligados generando sobre-oferta. Con un mercado doméstico para estas herramientas casi inexistente y sin ahorro interno suficiente como para convalidar semejante oferta. Los compradores, en muchos casos, se hicieron un festín. Con bonistas obligados a vender a la baja y aportando al deterioro del riesgo país.


Como tercer punto, está la que han elegido la mayoría de los analistas como la fuente de todos los males. La política. La vuelta de Cristina Kirchner y su eventual abandono de las reformas, la imposibilidad de Macri de conservar su capital político y llevarlas adelante, la sociedad ya harta de pedidos de sacrificio. Elijan su propia opción. La realidad es que la percepción existe. No es la única variable, pero existe.


Macri decidió hacer las reformas. O la realidad eligió por él. El balance final de la crisis de 2018 se puede ver hoy en la crisis de expectativas que atraviesa no solo la reelección del gobierno, sino también las dudas sobre el mismo gobierno en caso de ganar las elecciones. El mercado hoy ve una probabilidad en la derrota del presidente y un derrotero hasta el fin de su mandato muy difícil, con su capital político esquilmándose. Al tiempo que la economía sigue desmejorando en los aspectos que pondera más el electorado: la inflación y el dólar. Así es el círculo vicioso, la espiral negativa en la que ha entrado el gobierno y la Argentina toda.


La disociación de los logros macroeconómicos con las perspectivas del mercado es muy grande. Por lo visto, una va por un lado y los mercados por otro. Las expectativas negativas están dadas por la política y por un gobierno que no hace pie capeando una crisis con las herramientas que tiene. Llega un momento en que ninguna tasa le gana al miedo y el desarme de posiciones en pesos termina impactando en el tipo de cambio de lleno, con un correlato cierto en las expectativas inflacionarias y en consecuencia, en la inflación.


En algún momento, en artículos anteriores señalábamos el riesgo de caer en esta situación, al tiempo que se juntarán la incapacidad de intervenir del BCRA en el tipo de cambio al momento en que la inquietud que generan las elecciones redundará en desarme de posiciones en pesos y presión alcista en el tipo de cambio. Esta semana, por caso, ha habido suba de tasas a máximos históricos dentro del actual programa e igualmente se ha expandido la base monetaria fuertemente.


Aún con la gran cantidad de dólares disponibles, por las liquidaciones del tesoro y la cosecha, la inquietud con respecto a las elecciones genera inestabilidad monetaria, crisis de expectativas, aumento de la expectativa inflacionaria, pérdida de capital político, aumento de la aversión al riesgo argentino, correlato en riesgo país e inestabilidad monetaria. Y así ad-eternum en un círculo vicioso.


Quebrar eso resultará difícil de aquí a Octubre. La Argentina comete el error de pendular eternamente en un juego de suma cero y esto es lo que ven los mercados. Lo que vemos todos. Este derrotero de Macri. Esta última crisis. Que comienza con la corrida de principios del año pasado podría terminar con el aborto de su segundo mandato y, se antoja, de las medidas de corrección de la macroeconomía que supuestamente venía a llevar adelante. Pareciera que el riesgo de quedarse en la Argentina es alto y el premio no es lo suficientemente jugoso.

 

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