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Crisis de expectativas

 

Por Emilio De Rege
Hoy vamos a arranca por la política. La política rionegrina. Las noticias vienen del lado de la justicia por el lado del gobernador y del plano interno por el lado del principal candidato opositor. Con el gobernador habilitado para competir, podemos adentrarnos en el análisis del escenario que transitarán tanto él como su contendiente principal. Hablamos de ellos dado que la elección parece, por ahora, extremadamente polarizada. Si bien no hay que creer ciegamente en las encuestas, muchas de ellas señalan una tendencia.

 

Esta semana, la justicia habilitó a Weretilneck a ir a las elecciones de Abril. Si bien una negativa hubiera sido un cisma para el partido de gobierno y para la elección toda, la habilitación pone a Juntos nuevamente en pie de ventaja. Venimos hablando de como la fecha y la figura del gobernador son dos de los pilares de la estrategia de campaña oficialistas. En especial la segunda, con una estrategia electoral que ha tenido como uno de sus vectores el intento de ampliado de la base electoral. Se nos antoja difícil semejante armado sin el gobernador. Pareciera que el escollo judicial era el más importante, esto se percibe en propios y ajenos al partido de gobierno.

 

Por el lado de Soria, las novedades llegan más desde dentro que desde fuera de su partido. La estrategia es, a todas luces, el endurecimiento del discurso y el alineamiento con la retórica anti-macrista. Como venimos diciendo, en elecciones provincializadas esta es una estrategia difícil. Nacionaliza el discurso en una provincia en que Macri prácticamente no existe. Además, en términos electorales, el discurso puramente negativo es difícil de capitalizar. Este recrudecimiento del perfil kirchnerista sumado a desaguisados propios del armado de listas, complican el frente interno.

 

Por un lado, y para transformar el rechazo que cosecha otro en votos propios, el otro debe ser un contendiente directo o por lo menos tener un representante competitivo en la elección local. No parece en el escenario rionegrino que nadie vaya a votar a Soria para evitar que gane Macri. Le habla al viento. Habrá que ver si la estrategia en este sentido le da frutos y el votante rionegrino envía un mensaje a la Rosada en Abril a través de su voto. Pareciera que eso le va a garantizar más fidelizar al votante kirchnerista que sumar nuevos adeptos.

 

Hoy Soria pareciera tener una crisis de expectativas. Cuando esto sucede, las balas para disciplinar internamente se transforman en salva. Si el peronismo tuviera expectativas en un triunfo del candidato a gobernador, no cabe duda de que estaría encolumnándose. Hoy no sucede. Más allá de la candidata a vicegobernadora, la ausencia o no de plataforma y la mar en coche.

 

Los diferendos existen siempre. Muchas veces son de raigambre ideológica. Muchísimas más veces, tienen su génesis en el reparto de los cargos. Que la conflictividad interna se externalice, y que cualquiera se le anime al candidato a gobernador, es simbólico. No por el caudal electoral de quien critica, sino por el estado de las cosas en la coalición electoral.

 

Por otro lado, el votante que tradicionalmente ha acompañado a Odarda se nos antoja bastante más principista que el votante estándar. Habiendo expresiones de Izquierda tradicional, podría algún votante migrar hacia otros candidatos a gobernador. No nos llevaremos una sorpresa con los números de estos dos partidos como pasó alguna vez con el Partido Obrero en la elección de 2013, que logró más alrededor del 9%.

 

Economía
El protagonista de la semana corta en términos económicos fue claramente el dólar. Abriendo al alza el mismo miércoles, tocó un máximo histórico de $43,50 para luego bajar. En el medio, nos hemos dado cuenta de que el Banco Central pondrá toda la carne al asador para contenerlo cerca del límite inferior de la zona de no intervención. Finalmente, el dólar cerró a $42,20. Un peso con cincuenta por encima de la apertura de la semana y $3 por encima del límite.

 

En el medio, tenemos las causas del salto de la semana. La combinación de una devaluación generalizada en toda la región no cayó en el mejor momento. En Argentina, nunca es el mejor momento.

 

Al mal contexto internacional, se suma un importante desarme de posiciones en pesos (venta de activos en pesos para irse al dólar) que magnificó su efecto en el tipo de cambio en un mercado de tan poco volumen como el argentino. Este mercado tan pequeño lleva a una volatilidad que no es siempre representativa de la realidad, pudiendo saltar la cotización del dólar por compras que pueden considerarse menores.

 

Por otro lado, veníamos de una semana donde la tasa, debido a las nuevas expectativas de inflación (Febrero ya se descuenta más de 3,5%), se había quedado corta y no resultaba atractiva. Hablábamos la semana pasada en esta columna de que el BCRA había decidido no adjudicar todas las Leliqs para no convalidar una mayor suba de tasas. Decidió expandir.

 

Tenemos la respuesta del mismo BCRA. Hay que acostumbrarse a las nuevas herramientas con las que cuenta. El central absorbió esta semana casi el 10% de la base monetaria. Logró así subir la tasa máxima de las LELIQ para que esto se traslade a los plazos fijos y así ajustarlos a la mayor inflación. Hacerlos más atractivos que el dólar básicamente. Lo que veníamos viendo, pero más. Para decirlo fácil. Se absorbe circulante, la tasa sube, se interviene en futuros. Todo lo que se puede hacer se hace, y mucho. La semana pasada sirvió. Se antoja que esta escena se repetirá hasta que llegue el bálsamo verde del FMI, o de la soja.


Lo que no parece internalizar el argentino, es que el plan del Banco Central comprende un corrimiento de la zona de no intervención al alza. Este estado de emergencia permanente de la gente no está mal, menos con todas las cosas que ha vivido a lo largo de los años. Este no es un país cualquiera. Lo que no hay es que negarlo.

 

El plan necesariamente significa que el dólar no quedará en ninguno de los escenarios fijo en $40, ni en $42, ni en $45. Eso es parte del programa, no es ninguna emergencia.

Pero si a esto le sumamos estos saltos de más de dos pesos en el mismo día, creamos el caldo de cultivo de una histeria colectiva por el precio del dólar. Además, más allá de que se puede discutir si el precio del dólar tiene o no un correlato inflacionario y en qué medida, la realidad es que necesariamente en la Argentina tiene un efecto en las expectativas de inflación de la población. Es necesario acompasar los mecanismos de los que se muñe el Banco Central a una población que es en especial sensible a los saltos en el tipo de cambio.
 

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Créditos: WEB

 

Por Emilio De Rege
Hoy vamos a arranca por la política. La política rionegrina. Las noticias vienen del lado de la justicia por el lado del gobernador y del plano interno por el lado del principal candidato opositor. Con el gobernador habilitado para competir, podemos adentrarnos en el análisis del escenario que transitarán tanto él como su contendiente principal. Hablamos de ellos dado que la elección parece, por ahora, extremadamente polarizada. Si bien no hay que creer ciegamente en las encuestas, muchas de ellas señalan una tendencia.

 

Esta semana, la justicia habilitó a Weretilneck a ir a las elecciones de Abril. Si bien una negativa hubiera sido un cisma para el partido de gobierno y para la elección toda, la habilitación pone a Juntos nuevamente en pie de ventaja. Venimos hablando de como la fecha y la figura del gobernador son dos de los pilares de la estrategia de campaña oficialistas. En especial la segunda, con una estrategia electoral que ha tenido como uno de sus vectores el intento de ampliado de la base electoral. Se nos antoja difícil semejante armado sin el gobernador. Pareciera que el escollo judicial era el más importante, esto se percibe en propios y ajenos al partido de gobierno.

 

Por el lado de Soria, las novedades llegan más desde dentro que desde fuera de su partido. La estrategia es, a todas luces, el endurecimiento del discurso y el alineamiento con la retórica anti-macrista. Como venimos diciendo, en elecciones provincializadas esta es una estrategia difícil. Nacionaliza el discurso en una provincia en que Macri prácticamente no existe. Además, en términos electorales, el discurso puramente negativo es difícil de capitalizar. Este recrudecimiento del perfil kirchnerista sumado a desaguisados propios del armado de listas, complican el frente interno.

 

Por un lado, y para transformar el rechazo que cosecha otro en votos propios, el otro debe ser un contendiente directo o por lo menos tener un representante competitivo en la elección local. No parece en el escenario rionegrino que nadie vaya a votar a Soria para evitar que gane Macri. Le habla al viento. Habrá que ver si la estrategia en este sentido le da frutos y el votante rionegrino envía un mensaje a la Rosada en Abril a través de su voto. Pareciera que eso le va a garantizar más fidelizar al votante kirchnerista que sumar nuevos adeptos.

 

Hoy Soria pareciera tener una crisis de expectativas. Cuando esto sucede, las balas para disciplinar internamente se transforman en salva. Si el peronismo tuviera expectativas en un triunfo del candidato a gobernador, no cabe duda de que estaría encolumnándose. Hoy no sucede. Más allá de la candidata a vicegobernadora, la ausencia o no de plataforma y la mar en coche.

 

Los diferendos existen siempre. Muchas veces son de raigambre ideológica. Muchísimas más veces, tienen su génesis en el reparto de los cargos. Que la conflictividad interna se externalice, y que cualquiera se le anime al candidato a gobernador, es simbólico. No por el caudal electoral de quien critica, sino por el estado de las cosas en la coalición electoral.

 

Por otro lado, el votante que tradicionalmente ha acompañado a Odarda se nos antoja bastante más principista que el votante estándar. Habiendo expresiones de Izquierda tradicional, podría algún votante migrar hacia otros candidatos a gobernador. No nos llevaremos una sorpresa con los números de estos dos partidos como pasó alguna vez con el Partido Obrero en la elección de 2013, que logró más alrededor del 9%.

 

Economía
El protagonista de la semana corta en términos económicos fue claramente el dólar. Abriendo al alza el mismo miércoles, tocó un máximo histórico de $43,50 para luego bajar. En el medio, nos hemos dado cuenta de que el Banco Central pondrá toda la carne al asador para contenerlo cerca del límite inferior de la zona de no intervención. Finalmente, el dólar cerró a $42,20. Un peso con cincuenta por encima de la apertura de la semana y $3 por encima del límite.

 

En el medio, tenemos las causas del salto de la semana. La combinación de una devaluación generalizada en toda la región no cayó en el mejor momento. En Argentina, nunca es el mejor momento.

 

Al mal contexto internacional, se suma un importante desarme de posiciones en pesos (venta de activos en pesos para irse al dólar) que magnificó su efecto en el tipo de cambio en un mercado de tan poco volumen como el argentino. Este mercado tan pequeño lleva a una volatilidad que no es siempre representativa de la realidad, pudiendo saltar la cotización del dólar por compras que pueden considerarse menores.

 

Por otro lado, veníamos de una semana donde la tasa, debido a las nuevas expectativas de inflación (Febrero ya se descuenta más de 3,5%), se había quedado corta y no resultaba atractiva. Hablábamos la semana pasada en esta columna de que el BCRA había decidido no adjudicar todas las Leliqs para no convalidar una mayor suba de tasas. Decidió expandir.

 

Tenemos la respuesta del mismo BCRA. Hay que acostumbrarse a las nuevas herramientas con las que cuenta. El central absorbió esta semana casi el 10% de la base monetaria. Logró así subir la tasa máxima de las LELIQ para que esto se traslade a los plazos fijos y así ajustarlos a la mayor inflación. Hacerlos más atractivos que el dólar básicamente. Lo que veníamos viendo, pero más. Para decirlo fácil. Se absorbe circulante, la tasa sube, se interviene en futuros. Todo lo que se puede hacer se hace, y mucho. La semana pasada sirvió. Se antoja que esta escena se repetirá hasta que llegue el bálsamo verde del FMI, o de la soja.


Lo que no parece internalizar el argentino, es que el plan del Banco Central comprende un corrimiento de la zona de no intervención al alza. Este estado de emergencia permanente de la gente no está mal, menos con todas las cosas que ha vivido a lo largo de los años. Este no es un país cualquiera. Lo que no hay es que negarlo.

 

El plan necesariamente significa que el dólar no quedará en ninguno de los escenarios fijo en $40, ni en $42, ni en $45. Eso es parte del programa, no es ninguna emergencia.

Pero si a esto le sumamos estos saltos de más de dos pesos en el mismo día, creamos el caldo de cultivo de una histeria colectiva por el precio del dólar. Además, más allá de que se puede discutir si el precio del dólar tiene o no un correlato inflacionario y en qué medida, la realidad es que necesariamente en la Argentina tiene un efecto en las expectativas de inflación de la población. Es necesario acompasar los mecanismos de los que se muñe el Banco Central a una población que es en especial sensible a los saltos en el tipo de cambio.
 

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