Salud Mental en Viedma: una representación teatral mostró cómo se acompaña a una persona en plena crisis
Una crisis de salud mental no comienza ni termina en una guardia hospitalaria. Detrás de cada situación hay una historia, vínculos familiares, sufrimiento y un equipo que busca cómo acompañar. Con esa idea, integrantes del Servicio de Salud Mental Comunitaria del hospital Artémides Zatti de Viedma eligieron una forma distinta de compartir su trabajo: una representación teatral que puso al público frente a una escena de crisis y permitió mostrar lo que sucede antes, durante y después de una intervención.
La actividad se desarrolló en el marco de las XV Jornadas Hospitalarias y IV Jornadas Zonales. Bajo el eje de la alta hospitalaria y el seguimiento de estrategias para la inclusión social, los trabajadores reconstruyeron una situación atravesada por el sufrimiento, la desesperación y la necesidad de encontrar ayuda.
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El silencio que pidieron al público antes de comenzar fue parte de la propuesta. La escena incluyó momentos de angustia, pedidos de ayuda y expresiones de desesperación que reflejaron la complejidad de intervenir cuando una persona atraviesa una crisis.
Pero el objetivo no era solamente mostrar ese momento límite. El equipo buscó transmitir que el acompañamiento continúa después de la urgencia y que cada proceso requiere una respuesta particular.
"Ninguna crisis es igual a otra"
Tras la representación, los integrantes del servicio explicaron el sentido de la experiencia y destacaron que sus intervenciones no responden a protocolos rígidos aplicados de la misma manera en todos los casos.
"Frente al sufrimiento, nuestra orientación tiene más que ver con un trabajo artesanal y en equipo. Porque ninguna crisis es igual a otra", dijo la psicológa Fernanda Llanqueleo durante la presentación.
La idea es que cada situación exige pensar cómo acercarse, contener y acompañar, teniendo en cuenta las necesidades de la persona y su entorno. El trabajo incluye tanto la atención durante la crisis como el seguimiento posterior y la búsqueda de herramientas que permitan recuperar espacios de autonomía e inclusión social.
En ese camino, los trabajadores remarcaron que la contención no depende exclusivamente de los profesionales de Salud Mental. También puede involucrar a familiares, personas cercanas y distintos actores de la comunidad, aunque aclararon que esa red no reemplaza la necesidad de políticas públicas ni de recursos humanos suficientes para sostener la atención.
El equipo advirtió, además, que atraviesa un crecimiento de la demanda, en sintonía con una preocupación que también se observa a nivel nacional.
El acompañamiento cotidiano va mucho más allá de la guardia
Durante el intercambio con el público, Héctor Llancafil, operador de Salud Mental Comunitaria, describió algunas de las tareas que forman parte del acompañamiento cotidiano.
El trabajo, explicó, requiere empatía para reconocer el dolor de cada persona y conocer las condiciones en las que vive, incluida la presencia o ausencia de familiares que puedan acompañarla.
Las intervenciones pueden incluir desde la contención durante una crisis hasta el acompañamiento para realizar actividades cotidianas, sostener hábitos de higiene, cuidar la alimentación o acceder a distintos espacios. Se trata de un abordaje interdisciplinario que busca atender a la persona en su conjunto, sin reducirla al episodio que motivó la consulta.
Llancafil también señaló que la tarea exige apoyo entre los propios trabajadores. Las situaciones de mayor complejidad pueden generar un fuerte impacto emocional y requieren espacios para compartir lo vivido y pensar cómo continuar.
En ese sentido, otros integrantes del servicio explicaron que realizan reuniones de equipo y cuentan con espacios de supervisión para reflexionar sobre las intervenciones, procesar las experiencias y construir estrategias colectivas.
"Trabajar con el padecimiento subjetivo no es sin costo", señalaron durante el intercambio, al remarcar la importancia de cuidar también a quienes acompañan.
Un modelo comunitario que busca sostener la inclusión
La presentación también puso el foco en lo que ocurre después de una internación. La recuperación no se limita al alta hospitalaria: implica generar condiciones para que cada persona pueda retomar su vida, desarrollar sus intereses y participar de la comunidad.
Eric Estevanacio, operador del servicio, vinculó esa idea con los emprendimientos sociales y los espacios de participación que se impulsan desde el hospital. Detrás de cada situación de crisis, recordó, hay una persona que tiene deseos, proyectos y posibilidades de construir una vida propia.
Los integrantes del equipo defendieron el modelo de Salud Mental Comunitaria que se desarrolla en Río Negro y destacaron su trayectoria. Según señalaron, el sistema recibe el interés de equipos de otros países, que se acercan para conocer el trabajo interdisciplinario que se realiza en la provincia.
También remarcaron que el servicio está integrado por más de 40 personas de distintas disciplinas y funciones, entre ellas psicólogos, psiquiatras, trabajadores sociales, operadores y enfermeros.
Sus dispositivos son abiertos a la comunidad y cuentan con talleres, asambleas y otras propuestas de participación. Además, reciben estudiantes de distintas carreras mediante prácticas y pasantías, en articulación con instituciones educativas.
La exposición cerró con un agradecimiento a los trabajadores del hospital y a quienes hicieron posible la representación, entre ellos el profesor de teatro y actor Mariana Mendafil, que colaboró en la construcción de la propuesta.
Más allá de la puesta en escena, el mensaje del equipo apuntó a reconocer que la salud mental atraviesa a toda la sociedad y que el acompañamiento requiere compromiso, recursos y trabajo conjunto. Así lo hicieron saber mediante una bandera con el lema "La salud mental no es cosa de locos, es cosa de todos".