2026-10-27

El peligro invisible en la heladera: los errores más comunes al manipular alimentos en forma cotidiana

En la antesala de la temporada de verano, la licenciada en nutrición Agustina Salgado repasó las reglas de oro de la manipulación hogareña.

A medida que las temperaturas comienzan a trepar y se acerca el verano, la forma en que manipulamos, lavamos y conservamos los alimentos cobra un rol fundamental en la salud del hogar.

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Aunque solemos creer que la cocina de casa es un espacio seguro, pequeños hábitos cotidianos - como el lugar donde guardamos los huevos, cómo limpiamos las verduras o el uso de las tablas de cortar - pueden convertirse en una puerta abierta a bacterias peligrosas.

Para poner luz sobre estos temas, el programa El Radar de Radio Noticias (105.5 MHz) dialogó con Agustina Salgado, licenciada en nutrición e integrante de la coordinación de enfermedades crónicas no transmisibles del Ministerio de Salud de Río Negro.

La limpieza previa: el primer escudo protector

El proceso de seguridad alimentaria comienza mucho antes de prender la hornalla. Según detalló Salgado, la higiene debe dividirse en dos etapas claras: la limpieza (remover la suciedad visible de manos y superficies con agua y detergente) y la sanitización.

Para desinfectar las áreas de trabajo y los utensilios, la especialista recomendó utilizar una solución sencilla: "Tres o cinco gotitas de lavandina apta para consumo por litro de agua".

Asimismo, advirtió sobre el peligro de usar la misma tabla y el mismo cuchillo para carnes y vegetales: "Lo ideal es utilizar utensilios diferentes. Si no se puede, entre un alimento y otro debe realizarse una rigurosa sanitización para evitar la contaminación cruzada", explicó la nutricionista, advirtiendo que bacterias como la Escherichia coli - presentes frecuentemente en carnes crudas como el pollo - pueden pasar fácilmente a una lechuga que consumiremos fresca en una ensalada.

El misterio de los huevos: ¿se lavan o no se lavan?

Uno de los mitos más recurrentes en los hogares argentinos quedó despejado durante la entrevista. Frente a la duda de si se debe higienizar el maple completo al llegar del almacén, Salgado fue tajante: los huevos no se lavan al comprarlos.

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"El huevo tiene una capita invisible que lo recubre y actúa como barrera contra la mayoría de los contaminantes. Si lo lavas, eliminas esa protección y haces que la cáscara se vuelva porosa", detalló.

¿Dónde guardarlos? La especialista advirtió que las tradicionales hueveras ubicadas en la puerta de la heladera son un error frecuente, ya que dejan el producto expuesto a los movimientos y a la circulación del ventilador del refrigerador. Lo correcto es guardarlos dentro de un recipiente cerrado en la heladera y lavarlos únicamente en el instante previo a utilizarlos, rompiéndolos siempre fuera del bol donde se preparará la comida para evitar que restos de la cáscara caigan en la preparación.

NoticiasNet · Agustina Salgado - Enfermedades crónicas no transmisibles del Ministerio de Salud de RN

Orden en la heladera y el peligro del goteo

Con la llegada del calor, la heladera se convierte en el corazón de la conservación, pero mal utilizada puede ser un foco de contagio.

Salgado remarcó que todos los alimentos guardados (crudos o cocidos) deben estar tapados o en recipientes cerrados (con tapa, papel film o bolsas especiales) para evitar microgoteos. Por norma de seguridad, las carnes y el pollo crudo deben ubicarse siempre en la parte inferior del refrigerador para impedir que sus jugos contaminen otros productos.

En cuanto a las verduras, recomendó lavarlas y secarlas muy bien antes de ingresarlas a la heladera (colocándolas con papel absorbente), lo que no solo elimina la carga microbiana que esparce el ventilador interno, sino que extiende notablemente su vida útil al evitar la humedad excesiva.

La cocción: el límite para las bacterias

Finalmente, respecto a las carnes rojas, de cerdo y especialmente el pollo -catalogado como uno de los alimentos de mayor riesgo por las bacterias nocivas que transporta -, la especialista recordó que la cocción debe ser completa.

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"Tenemos que lograr que la temperatura supere los 70 grados. Nos damos cuenta cuando el líquido o los jugos que expulsa ya no son rosados ni transparentes, sino totalmente blancos o cocidos en su centro", concluyó.

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