En el Día de la Madre, entre ramos y emociones, una tradición no perdió vigencia
Cada año, cuando se acerca el Día de la Madre, las flores vuelven a ocupar un lugar protagonista. Ramos de todo tipo llenan un local céntrico de esta ciudad, y se convirtió en uno de los regalos más elegidos para homenajearlas.
Aunque para algunas personas comprar flores puede parecer una decisión de última hora —especialmente cuando muchos comercios permanecen cerrados durante el domingo—, esta costumbre va mucho más allá de la conveniencia, pues este recurso representa cariño, gratitud y reconocimiento. También es una manera sencilla, pero profundamente simbólica, de mantener vivos los recuerdos de quienes ya no están.
En el Día de la Madre, un ramo puede expresar emociones que a veces resultan difíciles de poner en palabras. “Gracias por estar”, “te quiero” o “eres importante para mí” pueden quedar representados en los colores, las formas y los aromas de cada flor.
Además, las flores tienen una cualidad especial: transforman cualquier espacio. Un ramo sobre la mesa, junto a una ventana o en la habitación puede aportar luz y alegría durante varios días, convirtiéndose en un recuerdo visible de ese momento compartido.
Para conseguir un ramo, los interesados en este tipo de homenajes debieron hacer una fila antes de ser atendidos y, tras una espera, volver al domicilio de la agasajada con el propósito de repetir la postal de cada año con esa expresión de sentimiento traducido en aromas.
El céntrico local quedó chico. Foto Emanuel Mirenghi para NoticiasNet.