Sierra Vieja: el rincón de Río Negro donde las ruinas cuentan historias y la naturaleza invita a viajar al pasado
Entre cerros, vegetación y antiguas construcciones que resisten el paso del tiempo, Sierra Vieja es uno de esos rincones de Río Negro que merecen una visita. A tan solo tres kilómetros de Sierra Grande, el parque municipal invita a disfrutar de la naturaleza, encontrar tranquilidad y viajar al pasado.
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Un lugar donde la naturaleza se roba todas las miradas y en el que hay distintos puntos por descubrir, especialmente para quienes buscan tranquilidad. Poder caminar al compás del cantar de los pájaros reactiva los sentidos
Karen y David, una pareja de viajeros rodantes conocidos como Ricos sin dinero, estuvieron allí y compartieron sus sensaciones. “Sierra Vieja nos regaló de todo un poco. La mística de sus ruinas de piedra y la ermita, el color verde que brota entre los cerros, la garúa constante lavando el paisaje, un arroyito escondido y muchas sorpresas más”, contaron.
Para quienes todavía no conocen el lugar y buscan dónde relajarse, lejos de los sitios más concurridos, dejaron una recomendación: “La Patagonia no es solo una ruta recta; está llena de rincones esperando a que te desvíes un ratito para descubrirlos”.
Al hablar de las antiguas edificaciones, que hoy permanecen en ruinas, también destacaron sus características: “Las construcciones eran de adobe. Hay mucho verde, muchos árboles aguaribay. Tenés lugares con parrillas y banquitos”.
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La historia viva de Sierra Vieja
El primer poblador de Sierra Vieja fue Anacleto Calvo, a quien, según los registros históricos, se conocía como “Canchas”. Llegó en 1893 y lo primero que hizo fue construir su vivienda de adobe. Luego, aprovechó el lugar para levantar una gran quinta, donde cultivó una amplia variedad de hortalizas y árboles frutales.
El paraje fue creciendo y en 1903 dio un paso importante con la inauguración del primer Juzgado de Paz. En 1910 llegó el primer servicio postal, mientras que la primera comisaría se construyó en 1920 y se convirtió en un símbolo de seguridad para la región.
Hoy, aquellas construcciones están en ruinas. El paso del tiempo hizo que los edificios se vinieran abajo, pero sus estructuras todavía se conservan. Recorrerlas es una oportunidad para viajar al pasado y conocer parte de la historia de la zona.
Y para los que buscan detalles, en el casco histórico también se encuentra el Museo Duamn Ruca. Allí se atesoran elementos antiguos que se conservan en muy buen estado.
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