Alerta en el Alto Valle: el INTA advierte riesgo severo de sarna del peral tras las últimas lluvias
Las recientes condiciones meteorológicas registradas a lo largo del Alto Valle encendieron las alarmas en el sector frutícola. Desde el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) emitieron un informe sanitario de urgencia, donde confirmaron que los parámetros actuales de humedad y temperatura alcanzaron un índice de riesgo severo para la infección de sarna del peral, un escenario epidemiológico que promete continuar en ascenso de mantenerse los pronósticos climáticos.
La sarna del peral es una enfermedad fúngica provocada por el microorganismo Venturia pyrina. Este patógeno ataca a las especies de pepita durante toda la temporada productiva, afectando hojas, flores y frutos. La infección se desencadena principalmente durante primavera por la combinación de precipitaciones, agua libre sobre los tejidos vegetales y temperaturas templadas de entre 16 °C y 20 °C. El hongo sobrevive al invierno en las hojas secas del suelo del monte frutal en forma de pseudotecios y, al llegar las lluvias primaverales, libera ascosporas que colonizan las partes verdes del árbol.
A nivel visual, la patología genera lesiones aterciopeladas de color pardo o verde oliváceo en el envés de las hojas. Cuando ataca directamente a la fruta, causa manchas deprimidas, escamosas y de tono oscuro que provocan la deformación de la pera, el resquebrajamiento de la piel y, en cuadros de gravedad, la caída prematura del fruto o una defoliación severa de la planta. Este impacto comercial es determinante, ya que destruye la calidad cosmética requerida para los mercados de exportación.
El último reporte emitido por las estaciones agrometeorológicas del INTA destaca que la situación no se limita a un punto aislado, sino que afecta de manera generalizada a la producción del valle. La vulnerabilidad se acentúa en variedades de pera históricamente sensibles, como Williams y Red Bartlett, observándose un peligro mayor en aquellos montes frutales que cuentan con antecedentes directos de la enfermedad en temporadas previas y que no hayan recibido tratamientos preventivos recientes.
Ante esta contingencia, los técnicos del organismo remarcan la urgencia de aplicar un fungicida sistémico en un lapso estricto de 48 a 96 horas posteriores al inicio de las precipitaciones. Esta ventana de tiempo es determinante para cortar el proceso infectivo del hongo antes de que el estroma se establezca bajo la cutícula vegetal. Del mismo modo, sugieren combinar en este tipo de eventos climáticos continuos la acción de productos de contacto como el mancozeb con curativos de amplio margen de reacción.
La estrategia de manejo no se agota en la fumigación. El organismo enfatizó que la efectividad de la intervención debe comprobarse de manera posterior. Aconsejaron a los productores realizar un monitoreo exhaustivo sobre las hojas y los pequeños frutos en desarrollo entre los 15 y 20 días subsiguientes a la aplicación. De esta forma, el diagnóstico a campo permitirá verificar si se logró contener la infección primaria o si será necesario reajustar los esquemas sanitarios de cara a los siguientes meses del ciclo productivo.