2026-10-02

"Mi vida es música en todo momento": el autodidacta de la guitarra que enseña a cientos de jóvenes

Sin poder pagar clases de chico, José Gutiérrez aprendió mirando a sus hermanos. Hoy lleva casi una década al frente a los talleres del Centro Cultural y prepara su salto al PreCosquín.

Hay días en los que José Gutiérrez puede enseña vientos andinos en Viedma viajando a Valcheta para dar un taller, preparando una presentación o compartiendo escenario con alguno de los proyectos musicales que integra. En otros, intenta producir su propio material, pensando en las redes o buscando la manera de seguir perfeccionando su voz.

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Cuenta con 28 años y hace casi una década que enseña música en espacios culturales. “La verdad que mi vida es música en todo momento” definió ante NoticiasNet.

Canta, toca la guitarra y los vientos andinos y forma parte de distintos proyectos. Hace dos años, además, comenzó a transitar el desafío de presentarse como solista, pero antes de los escenarios, de los talleres y de los proyectos propios hubo un chico que iba a misa por una sola razón.

“Yo no entendía lo que era Dios, lo que era Jesús ni nada, era re peque y iba a las misas por el momento del canto”, recordó. José tenía alrededor de 10 años cuando descubrió que cantar podía ser algo más que una parte de una ceremonia, con el tiempo apareció una guitarra en su casa. Sus padres pudieron comprarle una a su hermano mayor y pagarle clases particulares, pero no podían hacerlo para los tres hermanos.

Entonces aprendió de la manera que tenía al alcance, mirando y preguntando. Sin embargo, su hermano tomaba las clases y después les transmitía a los demás lo que había aprendido, así, casi sin darse cuenta, José comenzó a construir una relación con la música que todavía continúa.

“Siempre re autodidacta, nunca había hecho un taller, nada, no había ido a canto, nada”, contó. Hasta ese entonces, su familia vivía en una zona de producción cebollera. Allí, la economía del pueblo estaba estrechamente ligada al valor de la cosecha y a una actividad en la que tenía una presencia importante la comunidad boliviana.

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“Mis abuelos son paisanos también, entonces ellos lo criaron y yo mamé toda esa cultura desde chiquitito”, hizo referencia al hablar de su primera infancia en Hilario Ascasubi, donde José creció rodeado de compañeros con una marcada cultura boliviana que también estaba presente dentro de su propia familia.

 “Yo hasta el día de hoy sigo teniendo como esa cultura, sigo agradeciéndole en el mes de agosto a la tierra, entonces tengo como esto muy dentro mío” confesó.

Llegó a Viedma y encontró un hogar

Los años difíciles para la producción cebollera, particularmente alrededor de 2009 y 2010, llevaron a sus padres a buscar otro lugar para que sus hijos pudieran crecer y formarse, por lo que la familia puso en vista a Bahía Blanca y Viedma como sus opciones.

Afortunadamente para Jose, eligieron Viedma, por lo que él y sus dos hermanos pudieron descubrir otras dimensiones de la música. Ya instalados en la ciudad se enamoró del proyecto de Sonoridad Andina, un espacio comunitario que trabaja desde 2007 en la enseñanza de instrumentos y repertorio de música latinoamericana y que propone, además, un acercamiento a la cosmovisión de los Pueblos Originarios, la identidad cultural y los derechos.

 “Una vez que conocí el espacio, ahí me metí de una”, mencionó. Hasta entonces había aprendido por su cuenta. En Sonoridad Andina encontró instrumentos que nunca había tenido la posibilidad de estudiar.

“Yo escuchaba toda esa música allá, pero no la enseñaban y menos con instrumentos”. Allí comenzó a formarse con distintos talleristas donde “Ricardo Vinaya fue uno de los referentes en el cual siempre hablo de él, hasta ahora también que estoy enseñando, siempre también lo tengo como un referente de la música y también de mucho aprendizaje de valores de vida”.

La música en todas partes y haciendo familia

La música no tardó demasiado en convertirse en una experiencia compartida, ya que con sus hermanos formó primero el “Grupo Unión” y después el “Trío Unión”. El nombre tenía una razón sencilla, ya que eran tres hermanos haciendo música juntos.

“Con el pasar de los años, formamos el trío, tuvimos la posibilidad de estar en muchísimos escenarios, muchas fiestas” que fueron desde las más tradicionales como la del 7 de Marzo, la Fiesta del Río y la Fiesta del Mar y la Campante.

Después, como suele ocurrir con los proyectos que crecen junto con quienes los integran, los caminos se fueron bifurcando. José quedó solo, pero allí terminó abriendo otra etapa, por lo que hace poco más de dos años empezó su proyecto como solista.

La etapa solista

Ser solista no fue simplemente cambiar un nombre grupal por uno individual. “Para mí es todo un desafío constante”, reconoció.

Mientras avanza en esa búsqueda, continúa formando parte de otros proyectos. Integra Mi Tallo como guitarrista y cantante, participa de un proyecto a dúo con Chimpay Namuncura.

Consultado por sus proyectos a futuro, detalló que espera presentarse en el PreCosquín y prepara nuevas presentaciones en distintas sedes. Por la la intención es “llegar a otros públicos con mi música”.

Hay algo particular en la manera en que José construyó su oficio: no separó la música de la enseñanza, por lo que desde hace casi 10 años es parte del grupo de docentes talleristas que trabaja en el Centro Cultural 2 de la capital rionegrina.

Hoy tiene tres espacios de trabajo en el Centro Cultural, uno destinado a las infancias, otro donde reúne a jóvenes y adultos; y un tercero de Música Popular, pensado para quienes ya cuentan con mayor recorrido.

“Me gusta trabajar con adultos y jóvenes, porque el adulto le enseña mucho al joven lo que es la responsabilidad y todo, me da mucha comodidad trabajar con las dos edades” aclaró.

La docencia también terminó siendo una pieza necesaria para poder sostener económicamente una vida vinculada al arte. “Así que bueno, si yo quisiera vivir solamente de lo artístico, no lo podría hacerlo” analizó.

No lo dice como una renuncia a la música, sino como la forma que encontró para permanecer dentro de ella.

Autogestión y una forma de estar

El camino artístico también tiene su parte menos visible: los viajes, los instrumentos, la producción y los gastos que implica presentarse. “Lo manejamos del bolsillo propio, no tenemos representación de nadie, solamente autogestión de uno mismo” se sinceró.

Por eso también está aprendiendo a producir sus propios materiales, trabajar con las redes y mejorar permanentemente tanto en lo vocal como en lo instrumental. Pero hay algo que aparece una y otra vez cuando habla de su recorrido, ya que la música no termina cuando baja de un escenario.

También está en los eventos comunitarios, en las actividades a beneficio y en esas presentaciones donde el objetivo no necesariamente es cobrar.

Hay fechas remuneradas, hay peñas, hay escenarios y hay oportunidades para seguir construyendo su carrera. Y hay otras ocasiones en las que simplemente está “como ya saben todos los que me conocen, predispuesto al servicio de la comunidad”.

Entre todas esas cosas se arma su manera de vivir, por lo que sigue estudiando, dando clases, tocando con otros músicos y construyendo, de a poco su camino como solista.

“Tengo el privilegio, cielo de poder vivir de la música”, dice. Por eso, después de tantos años, aquel chico que iba a misa “por el momento del canto” sigue encontrando en la música una manera de estar, una forma de vivir.

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