2026-09-30

El eco de la pelotita: Rubén perdió la vista y encontró en el tenis una nueva pasión

Trabaja en la Biblioteca de la Legislatura, encontró en el deporte su cable a tierra y un cambio de vida. Contó cómo incursionó en la actividad en una cancha de menores dimensiones. Petruccelli es un multifacético.

Rubén Petruccelli es uno de esos nombres que forman parte de la vida cotidiana de la Biblioteca de la Legislatura de Río Negro. Es ciego y desde allí trabaja con una herramienta que conoce como pocos: la impresora Braille, que está abierta a toda la comunidad.

Te puede interesar: La Legislatura y un fuerte compromiso con la discapacidad que trasciende fronteras

En la Biblioteca realizan impresiones por pedido que no solo llegan a escuelas e instituciones de la provincia. También han enviado material adaptado a otras provincias y hasta a países como Chile, Cuba y Venezuela. Rubén, además, escribe con tablilla y punzón y participa de los cursos que se dictan para enseñar el sistema Braille.

Pero hay otra parte de su historia que no está detrás de un escritorio ni junto a una impresora. Es la que lo llevó a una cancha de tenis. Rubén perdió la vista de manera progresiva y a los 30 años quedó ciego. Hoy puede distinguir algunas luces y sombras, saber si es de día o de noche o si una habitación tiene la luz encendida, y no mucho más.

El cambio fue un golpe fuerte. Durante un tiempo, su mundo se hizo cada vez más chico, ya solamente salía de su casa para ir a trabajar. Había perdido las ganas y el incentivo de buscar motivaciones. Hasta que apareció el tenis para ciegos.

El comienzo de una pasión

Rubén conoció la actividad en 2017. Hasta ese momento nunca había jugado al tenis y tampoco había imaginado que pudiera hacerlo sin ver. "Yo me entero que existe el tenis para ciegos en el 2017, en el primer semestre de ese año. Entonces empiezo a averiguar cómo era", recordó.

Así llegó hasta Eduardo Raffetto, una de las personas que impulsó el tenis para ciegos en Argentina. "Me puse en contacto con él y averigüé todo lo necesario para que él viniese a dar acá clases teórico-prácticas, capacitar gente acá en invierno. Bueno, eso lo logramos recién en agosto del 2018", relató.

El proyecto comenzó a tomar forma con el acompañamiento de la Asociación para Personas con Problemas de Visión (Aprovi), la Legislatura y el Instituto de Formación Docente, que por entonces tenía a Rubén Quiroga como director. “Ahí se inició todo”, resumió.

Sin embargo, antes de traer la actividad, Rubén quiso saber si realmente había personas interesadas. "Yo cuando me entero de esto también le empiezo a preguntar a todas las personas ciegas que conocía si les interesaría la actividad, probar a ver si les gustaba. La mayoría me dijo que sí. Así que no es que proponía traer algo que a nadie le gustaba", contó.

Te puede interesar: Romper barreras: se afianza el tenis adaptado como una opción deportiva recreativa

Con el tiempo descubrió que el deporte podía ser mucho más que una actividad recreativa. "Después fuimos descubriendo que realmente este deporte viene muy bien para todas las franjas etarias de las personas. Desde un joven hasta una persona mayor. No hay ningún problema. Siempre cuando estés bien físicamente", dijo.

Rubén Petruccelli descubrió el deporte en 2017. Foto: gentileza

 

Aprender de oído

El tenis para ciegos conserva buena parte de la lógica del tenis tradicional, pero tiene adaptaciones fundamentales para que los jugadores puedan ubicarse y seguir la pelota. “Es una pelotita de goma espuma, tiene 9 centímetros de diámetro y pesa aproximadamente 32 gramos. Adentro de esa pelotita de goma espuma tiene una que es similar a la de ping-pong. Y dentro de ella hay perdigones, que son los que suenan y se escucha perfecto".

Por otro lado, contó que la cancha también cambia de dimensiones. “Mide 12,8 de largo por 6, 10 de ancho. Y las líneas del perímetro se marcan con una soguita de 3 milímetros que se pega al piso con una cinta de pintor o cinta enmascarar. La red también es un poco más baja, mide 83 centímetros de altura. Pero el formato es lo mismo, el rectángulo, los cuadros de saque, todo igual. Hay algunas cosas que se adaptan, dado que somos ciegos”.

“Cuando vamos a sacar tenemos que preguntar: '¿Listo?'. Del otro lado dice 'sí'. Y yo antes de pegarle a la pelota tengo que decir 'juego'. Entonces eso nos prepara para empezar el partido". La pelota puede picar hasta tres veces antes de que el jugador tenga que devolverla. Ese margen es fundamental para poder localizarla a través del sonido. Se aprende, se puede. No sabés lo lindo que es cuando le pegás", remarcó.

Rubén lo cuenta con una sonrisa que se puede imaginar incluso cuando habla de los intentos fallidos. "Porque capaz que le tirás 10 raquetazos y no le pegás ni una. Y por ahí sí... Esa sensación cuando le pegás, al menos en mi caso, es muy lindo, una sensación que no se puede describir. Yo quiero aprender, me siento con capacidad para seguir mejorando”, explicó.

Para Rubén, el tenis terminó convirtiéndose en algo más que una manera de salir de su casa. “El tenis, una vez que reconocés bien la cancha, sabés que te podés mover libremente. Y es a tu velocidad, a tu ritmo, nadie te apura. Hay quienes toman esto como algo recreativo, para moverse un poco, salir de la casa. Hay otros que les gusta el tema de la competición, que es el caso mío. Yo quiero aprender, me siento con capacidad para seguir mejorando. Y quiero mejorar".

Rubén nunca había jugado al tenis antes de perder la vista. "Sí me gustaba verlo, hasta cuando alcanzaba a ver el televisor. Jugué un poquito al paddle, pero no pude. Es muy rápido. Con el resto visual que tenía no podía”, subrayó.

Rubén Petruccelli en plena práctica. Foto: gentileza

 

Las categorías y las gafas

Como sucede con otros deportes adaptados para personas ciegas, existen distintas categorías según el grado de visión. "El B1 es ciego total, no ves nada. Aunque veas algo, yo en el caso mío veo luces. Pero se juega con gafas, siempre. Porque ahí te iguala en que sabés que no ves".

Las categorías B2, B3 y B4 se determinan mediante estudios realizados por profesionales especializados. "Eso lo establecen los optómetros u oculistas que te hacen una medición. En un torneo internacional tenés que tener sí o sí los estudios. Si no, no podés jugar".

Sobre si le gustaría llegar a una competencia internacional, contestó: "No sé. Hoy estoy satisfecho con lo que vengo haciendo. Sí sé que quiero seguir mejorando. Y creo que vamos a mejorar. Estamos con otras personas que también tienen esta iniciativa y la intención de mejorar su juego. Porque para mejorar necesitamos horas y horas de práctica. Mucho tiempo”.

Actualmente entrenan en el gimnasio Fioravanti Ruggieri los lunes y jueves, durante una hora y media, y también los martes en el Instituto de Formación Docente. “Somos muchas personas. Son como diez. Hay que repartir el tiempo. También la impronta que tienen los profesores no es la competición. Eso lo manifiestan los jugadores. Si los jugadores no dicen nada, que quieren mejorar. Pero hay un grupito que quiere avanzar".

Por eso, junto a otras personas, analiza la posibilidad de impulsar un proyecto para que el tenis para ciegos tenga mayor acompañamiento. "Veremos si podemos conseguir hacer un proyecto de ley. Presentarlo a algún legislador que nos acompañe. Ya tenemos en vista a alguien. Eso nos permitiría tener más tiempo en algún otro gimnasio”.

Te puede interesar: Un engranaje invisible de la Legislatura: el trabajo de Asuntos Legislativos ante cada sesión

Te puede interesar