2026-09-16

Llegó de la Línea Sur a Viedma, aprendió costura sola y construyó su propio emprendimiento desde cero

El inspirador camino de la joven que sueña con devolverle lo aprendido a su comunidad.

Daniela Zárate cuando era chica, jugando con la ropa de sus muñecas, imaginando diseños y modificando prendas. Años después, aquella inquietud se convirtió en una máquina de coser, luego en cursos de formación y finalmente en Zart, su propia marca de indumentaria.

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La joven con tan solo 19 años, llegó en 2024 de Maquinchao a Viedma para estudiar la Licenciatura en Nutrición en la Universidad Nacional de Río Negro. Pero su llegada a la ciudad también significó encontrar nuevas posibilidades para desarrollar una actividad que siempre había estado presente en su vida.

Yo arranqué desde chiquitita, siempre me gustó la idea esa de literalmente romper ropa o diseñarle las cosas a mis muñecas y todas esas cosas”, contó en dialogo con NoticiasNet.

En su casa había una máquina de coser de su papá, con la que no dudó demasiado y se la quedó. Así empezó a experimentar, primero hizo prendas para ella, especialmente para ocasiones como el UPD o para salir de fiesta, ya que era una forma de aprender haciendo, aunque todavía sin una formación específica.

No obstante, en Maquinchao no encontraba demasiadas alternativas para capacitarse en aquello que le interesaba. Allí, explicó, muchas veces aprender un oficio depende de buscar información por cuenta propia.

Si vas a aprender las cosas, las aprendés o por prueba y error o mirando videos en YouTube”, relató. Daniela vivió durante un año en Carmen de Patagones, allí conoció encontró un curso de lencería. La experiencia no terminó de convencerla en cuanto a la actividad en sí, pero terminó siendo importante para mantenerla motivada.

A partir de ese encuentro comenzó a capacitarse en diseño, moldería y confección. Al mismo tiempo se introdujo en el mundo de la estampación, aprendiendo técnicas como serigrafía y sublimación.

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Hay cosas que nunca te alcanzan con un año. Y menos en un rubro tan grande”, explicó. Por lo que continuó buscando herramientas para profundizar sus conocimientos, en ese recorrido apareció también Andrea su docente del programa provincial del Capacitarte.

Capacitarte: aprender, compartir y sumar herramientas

La experiencia de Daniela en Capacitarte no quedó limitada a incorporar nuevas técnicas. Uno de los aspectos que más rescata es el intercambio que se genera con quienes participan de los talleres.

Creo que es un aprendizaje mutuo entre todas las personas que estamos ahí. Lo que uno no sabe, lo sabe el otro”, destacó. El programa Capacitarte, busca fortalecer las capacidades, habilidades y destrezas de las personas a través de capacitaciones en oficios, con el objetivo de mejorar su posicionamiento en el mercado laboral y productivo.

Consultada por el nombre de la marca, la joven confesó que mientras conversaba con una amiga surgió “Zart”, a partir de su apellido.

La coincidencia terminó de darle sentido al nombre “Zart” también contenía “Art”, en referencia a la palabra arte en inglés. “Y quedó como ahí, y dijimos, uh, ese”, recordó.

Con el nombre definido, todavía faltaba lo más difícil, que era transformar las ideas en prendas que pudieran salir a la venta. Por lo que probó telas, moldes y diferentes formas de confección.

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Yo quería que todo sea perfecto, no quería vender algo que después me deje mal”, explicó. Muchas veces compró materiales que después no utilizó porque no cumplían con sus expectativas.

Siempre la ropa que quedaba ahí nomás se la regalaba a mi hermano. Mi hermano, mi mamá, todos tienen ropa que yo digo que no me salió bien y se las mando”, contó.

El primer lanzamiento y una venta que llegó rápido

Después de todo ese período de pruebas, a finales de 2025 llegó el primer drop de Zart. La producción fue pequeña, pero significativa alrededor de 10 prendas, todas producidas por ella “desde el corte, la confección hasta el estampado, absolutamente todo… hasta las fotos también”.

No fue un lanzamiento improvisado. Durante aproximadamente un año había mostrado en redes sociales el proceso y el crecimiento del proyecto, hasta que finalmente decidió sacar las primeras prendas a la venta.

El resultado superó sus propias expectativas, cuando “los vendí todos creo que en menos de una hora” recordó. Después llegó un segundo lanzamiento, que incorporó camperas y una diferencia importante en la técnica, en lugar de estampados, las prendas tenían bordado a máquina.

La producción continúa siendo limitada, ya que no se trata solamente de una decisión comercial, sino también es estudiante universitaria. A la hora de pensar qué tipo de ropa quiere hacer, Daniela encuentra inspiración principalmente en la moda japonesa.

Yo creo que la ropa que hago es para la gente que le gusta la moda. O el que quiere sentirse estilizado y a la misma vez sentirse cómodo”, explicó.

En cuanto a los talles, trabaja principalmente con prendas de talle único y cortes amplios, asociados a la estética oversize. Esa modalidad le permite abarcar distintos cuerpos con una misma prenda, aunque uno de sus objetivos a futuro es ampliar las posibilidades de talles.

Los riesgos ser producir artesanal

La producción artesanal también tiene una contracara, ya que requiere muchas horas de trabajo. Daniela actualmente utiliza una máquina familiar pequeña: “Se me traba el hilo, que no me cose, que me cose mal y así se está”, contó sobre los problemas que suele tener.

Un buzo confeccionado completamente desde cero puede demandarle alrededor de siete horas. A eso se suma la búsqueda de materiales, ya que Daniela compra principalmente de manera online a proveedores de Buenos Aires, porque encuentra allí una mayor variedad y precios que le permiten mantener valores accesibles para sus clientes.

Mientras tanto, su próximo objetivo es seguir incorporando técnicas. Tiene pensado trabajar con camperas de estilo asiático, tanto de jean como de cuero, y sumar pantalones. También quiere combinar serigrafía con aerografía, una técnica que pretende practicar antes de incorporarla definitivamente a sus prendas.

La universidad y el emprendimiento, en simultáneo

El crecimiento de Zart ocurre mientras Daniela cursa el tercer año de Nutrición. La carrera implica cursadas en distintos espacios y una carga horaria importante, por lo que organizar los tiempos se convirtió en una parte más del desafío.

La universidad ocupa un lugar central en su presente, pero Daniela no quiere abandonar la indumentaria. “Por eso es como que me focalizo mucho en eso, pero tampoco quiero perder lo otro que me da tanta vida también”, sostuvo.

Para ella, crear tiene un significado que va más allá de una salida laboral.“Porque el ser sin crear es medio vacío, se siente. Pero estoy haciendo las dos cosas en simultáneo”, expresó.

Su proyecto para los próximos años contempla recibirse y ejercer como nutricionista, pero también continuar con el emprendimiento. “Yo siempre quiero ir escalando e ir aprendiendo lo más que pueda”, afirmó.

Aunque su vida hoy está en Viedma, Daniela mantiene un vínculo fuerte con Maquinchao. Es el lugar donde creció, donde comenzó a imaginar lo que quería hacer y donde surgió el nombre de su marca.

Su intención es aprovechar esta etapa para seguir aprendiendo, crecer profesionalmente y, si aparece la posibilidad, conocer otras provincias e incluso otros países. Daniela quiere que, cuando tenga una mayor especialización, pueda regresar a Maquinchao para brindar pequeñas clases a chicos interesados en aprender.

“El día que esté aún más especializada, ir al pueblo a dar miniclases para los chicos que quieran aprender, ya que no contamos con muchas opciones allá”, contó.

La idea tiene que ver con una experiencia que conoce de primera mano. Para ella, aprender a hacer algo, aunque sea un oficio sencillo, puede abrir una posibilidad que muchas veces no existe en una localidad pequeña.

“Hay muchos chicos que no tienen la posibilidad de ir a estudiar y saber hacer algo, sea lo mínimo, puede llegar a darte un ingreso que viviendo en un pueblo es muy difícil conseguir”, reflexionó.

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