2026-09-16

Un cartel desató la polémica y terminó con el cierre de un histórico comercio de El Cóndor

Una de las vecinas más reconocidas de la villa balnearia, Yanina Tundidor, pega el portazo luego de años de lucha que, según remarcó, no fueron reconocidos. El delegado municipal justificó la medida.

Después de años al frente de Vicenta Regalería, la reconocida emprendedora de El Cóndor, Yanina Tundidor, decidió cerrar el local. Asegura que la decisión no tiene que ver con la situación económica, sino con el desgaste que le generó sostener un espacio al que, dice, siempre intentó aportarle algo más al balneario.

Te puede interesar: El Cóndor busca frenar la invasión de arena con una barrera natural

Yanina es una cara conocida de El Cóndor. Desde hace años está al frente de este comercio terminó convirtiéndose en una parte más del movimiento del balneario. Pero a fines de septiembre, Vicenta cerrará sus puertas. La decisión no fue sencilla. El motivo, cuenta, tiene que ver con un desgaste que viene acumulando desde hace tiempo y que tuvo como último episodio un cartel pintado sobre una de las paredes de la terminal de ómnibus.

“Solamente septiembre voy a estar acá, hasta que consiga local… pero el tema es que no hay, no consigo… los que hay se venden y no me voy a comprar un local para poner mi negocio”, explicó. “Pero voy a seguir vendiendo desde la página de Instagram”, señaló.

La historia de Yanina con El Cóndor comenzó antes de tener un local. “Yo arranqué con el negocio un día que pusimos unas ferias y el delegado que estaba en ese momento no quería que haga ferias, por eso me alquilé un local y me puse el negocio. Primero vendía acero y cosas de plata, hasta que fui agrandando el local. Amo El Cóndor, por eso empecé a traer más cosas”, contó.

Y en esa frase aparece una de las claves para entender su vínculo con el lugar: Vicenta nunca fue solamente un negocio para Yanina. “Considero que a El Cóndor no se le da el valor que se merece”, sostuvo. Sin ir más lejos, durante los fines de semana largos, decide no descansar, quedarse y mantener abierto el comercio. La intención era que quienes llegaran al balneario tuvieran un lugar para recorrer, mirar o comprar algún recuerdo. “También creo que cuando alguien no está conforme o contento en un lugar, hay que hacer las notas”, expresó.

La esquina de la discorida, entre la farmacia y la terminal. Foto: NoticiasNet (archivo)

 

“Siempre puse el negocio con un objetivo: que la gente tenga un lugar… ya sé que mi negocio no iba a hacer la diferencia, pero un lugarcito para llevarse un recuerdo, o salís a dar una vuelta, entrás a mirar… A ninguna de mis clientas que entraron acá les quise vender o encajar nada. Nunca fue esa la idea… simplemente que haya un lugar para darle un poco más de vida a El Cóndor”, subrayó.

“Tener un comercio en El Cóndor, si no es de comida no funciona. Yo le pongo onda. No vivo de este negocio, aunque me cuesta mantenerlo. Pero le pongo el sacrificio para que funcione y esté”, afirmó.

Te puede interesar: Un inusual hallazgo en los médanos y tamariscos de El Cóndor

El trabajo que no se ve

La ubicación de Vicenta, en una esquina estratégica entre la farmacia y la terminal de ómnibus, también convirtió a Yanina en una de las personas que más se ocupó del estado de ese sector. “No cierro por la económica, por cómo está el país, ni nada de eso. Lo que me pasó es que, desde que estoy acá siempre cuidé mucho la terminal entera, todo lo que es la galería”, explicó.

“Me costó mucho que la gente entienda que se podía hacer un lugar lindo acá. Invertir, cuidar y mantener. La gente me ve acá, pero yo lavo la galería, pinto la terminal, mantener todo”, dijo.

Por eso, el cartel pintado recientemente en una de las paredes terminó siendo un punto de quiebre. “Un día vengo y me encuentro con que habían hecho un cartel que decía: feria de artesanos. No tengo nada contra los artesanos, pero considero que una pintada en una pared, eso que pintaron, si no se cuida y se mantiene en el tiempo va a generar que otro venga a pintar y no cuidar el espacio”, sostuvo.

Y agregó: “No mantener el valor que yo le quería dar a la terminal en general, por eso yo pintaba, para tener las paredes lindas, sin carteles. Me enojé muchísimo con el cartel porque no nos consultaron. Más allá de que la parte edilicia tiene un dueño y yo estoy súper contenta con la gente que me alquilaba, ellos siempre se brindaron, no es con ellos”.

La situación derivó en una discusión con el delegado municipal de la villa marítima, Osvaldo Guagliardo. “Llegué y con el primero que me enojé fue con el delegado de El Cóndor. Discutimos un montón, solemos discutir bastante seguido. Reconozco que soy bastante molesta, porque trato que todo el lugar esté lindo. Que todo se vea lindo desde la farmacia hasta el paseo de artesanos”, contó.

“Me enojo con él porque se ve que él dio el ok y pintaron ese cartel. ¿Por qué no preguntaron? Si un montón de veces propongo cosas y no se quiere unificar. Nunca se quiere unir la galería con los artesanos. Yo lo busco para todos. Cuando pinto las paredes, las pinto para todos”, agregó.

En ese sentido, incluso planteó una alternativa: “El cartel de los artesanos, que están solamente en enero o en algún evento esporádico. Si también está siempre la feria de verduras y nadie sabe que está más que la gente de acá. En ese caso, hubiese preferido que ahí se ponga una cartelería, pero no pintada en la pared, sino un cartel bien hecho, como corresponde, señalizando donde está”.

Después de eso,  tomó la decisión de cerrar el local. “Entonces, después de discutir con el delegado, hablé con la gente de acá y les dije que me voy”, relató y sumó: “El delegado vino, me pidió disculpas, me reconoció que el cartel había quedado horrible”.

“Repito: no tengo nada en contra de quien lo pintó, de los artesanos, sino de que lo haya hecho en la pared, algo más prolija para mantener el lugar. Pero me voy igual, porque hay cosas que me agotan. Me cansé”, resumió.

Antes de cerrar el descargo, enumeró algunas de otras cuestiones, como la mugre que se acumula, las ramas, que cada vez que se poda se elige esa esquina para dejarlas hasta que se levantan, cestos de basura que rebalsan porque quienes no tienen van ahí, entre otras cuestiones que la agotaron.

El cartel de la discordia

Ante lo que se generó, NoticiasNet tomó contacto con Guagliardo, que brindó su mirada sobre el caso. “El grupo de artesanos que vive aquí  y participa de la feria de El Cóndor en el verano, pidió permiso para intervenir un paredón que da a la calle 69”, contó.

Y remarcó: “No lo hizo solo con nosotros. De hecho, pidió permiso a la empresa que es dueña de la galería, que dicho paredón es parte de esta infraestructura privada. La empresa les dio permiso y ocurrió un desencuentro con alguno de los privados que funcionan en el espacio porque no estaban de acuerdo con esta intervención”.

Te puede interesar: Estudiantes de la UNRN desarrollan un agente de IA para facilitar el acceso a las leyes

Te puede interesar