Noche de los Lápices: una víctima de la dictadura militar recordó el momento
Cada 16 de septiembre se recuerda la Noche de los Lápices, uno de los episodios más emblemáticos de la última dictadura militar argentina. En ese contexto, el testimonio de quienes fueron perseguidos, secuestrados y encarcelados durante aquellos años permite reconstruir, desde la propia experiencia, cómo se vivió ese período.
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Pablo Boholasky nació en Cipolletti y, junto a su familia, se radicó en Bahía Blanca a fines de 1964. En 1969 comenzó a estudiar Matemática en la Universidad Nacional del Sur. Décadas después, con la llegada de la democracia, fue rector de la Universidad Nacional del Comahue y luego vicerrector de la Universidad Nacional de Río Negro.
También escribió Cierta Fortuna, un libro en el que, a través de la sátira, reconstruyó parte de las experiencias que le tocó atravesar durante la dictadura. El libro puede leerse de manera gratuita en ciertafortuna.com.ar.
En diálogo con NoticiasNet, el reconocido docente recordó aquellos años y comenzó por el momento en que fue secuestrado. “El golpe había sido el 24 de marzo. De hecho, Bahía Blanca era una ciudad ocupada”.
Según relató, el secuestro ocurrió meses después del golpe. “Una tarde muy temprano golpearon la puerta de casa y cuando voy a abrir, miro por una ventanita en la puerta, tiraron la puerta abajo y ahí me secuestraron y me llevaron directamente al centro clandestino de ahí en Bahía Blanca”.
Además, contó que antes habían secuestrado a un compañero de su misma agrupación política, el Peronismo de Base. “Nos llevaron y ahí estuvimos desde el 19 de octubre hasta el 22 de noviembre del 76. En absoluta situación de desamparo porque no había abogados, no había acuerdos, nada. Familiares me buscaban por todos lados, nadie respondía”.
El 22 de noviembre llegó lo que él define como un “operativo de liberación, entre comillas”. En esa oportunidad fueron trasladados al Quinto Cuerpo de Ejército. “Nos preguntan si tenemos documentos y respondemos negativamente y nos dicen que hasta que se aclare la situación íbamos a quedar en esa dependencia y que podíamos hacer una llamada telefónica para avisar a los familiares que estábamos vivos”, recordó.
Había pasado más de un mes desde su secuestro y las condiciones físicas en las que se encontraba eran muy duras. “Yo había perdido como 20 kilos y estaba muy golpeado por efecto de las torturas y del maltrato”, relató.
El 10 de diciembre recibió otra noticia. Le comunicaron que sería juzgado por un tribunal militar. “Eso es impropio porque yo era y soy un civil. Y en los tribunales militares se supone que es para juzgar a los pares”, señaló. Tampoco pudo elegir a su defensor. “Me fue impuesto entre los oficiales”, explicó.
En primera instancia recibió una condena de un año y medio. Sin embargo, el fiscal consideró que esa pena era insuficiente y el caso pasó al Consejo Supremo de las Fuerzas Armadas. “Fui condenado a cuatro años de cárcel”, recordó.
Tras la condena llegó el traslado a una cárcel. Primero estuvo en el penal de presos comunes de Villa Floresta, donde se desempeñaba como auxiliar del bibliotecario. Luego fue trasladado al penal de Rawson. “El régimen de Rawson fue un régimen durísimo”, aseguró.
Boholasky recuerda con precisión las fechas de ese período: llegó el 21 de agosto de 1977 y recuperó la libertad el 20 de junio de 1981. “Entré con 25 años. Yo tenía dos hijos. La mamá de mis hijos estaba embarazada de la tercera, Violeta. Cuando salí en el 81 ya tenía 30 años. Y en esas condiciones ya debí reintegrarme a la sociedad”, contó.
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Volver a empezar
Además de los años de prisión, Boholasky tuvo que afrontar las consecuencias de una inhabilitación que le impedía ejercer cargos públicos. “Además de la condena física de cuatro años y medio, también una condena de inhabilitación absoluta para ejercer cargo público. No podía volver a la universidad”, explicó.
Durante un tiempo se dedicó a dar clases particulares de Matemática, su profesión. La posibilidad de volver a trabajar llegó desde Cipolletti, donde surgió una oportunidad en una empresa consultora de hidrología para desarrollar sistemas. “Fui a la casa de mi hermano mayor. De día trabajaba lo que podía y a la noche llegaba hasta las lágrimas porque no podía perder ese trabajo”, recordó.
El retorno de la democracia, en 1983, abrió una nueva etapa. “Ya en el 84, con el retorno de la democracia, me invitaron a dar clases en la Universidad del Comahue. Después concursé, gané un cargo de profesor y la comunidad universitaria me hizo un retorno de oportunidades”.
Ese camino tuvo un significado particular. “Así que la vida a veces te da revancha y a veces lo que te saca te lo devuelve con creces”. Su recorrido académico continuó durante las décadas siguientes. Fue rector de la Universidad Nacional del Comahue y posteriormente vicerrector de la Universidad Nacional de Río Negro, institución en la que se jubiló en 2020.
Después de años dedicados a la enseñanza de Matemática y a la gestión universitaria, actualmente continúa vinculado al ámbito académico como asesor en sistemas de evaluación y administración para un mejor uso de los recursos.
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