Juan Carlos Tassara, el maestro que dejó una gran huella en Viedma y Río Negro
Juan Carlos Tassara fue uno de esos maestros cuya trayectoria terminó trascendiendo las aulas. Su vida estuvo ligada durante décadas a la educación, pero también al trabajo comunitario, a la vida social y política y a una concepción de la docencia como una tarea que alcanzaba a las familias y a las comunidades donde ejercía.
Murió el 2 de agosto de 2007, pero su nombre permanece asociado a la historia educativa de Viedma y de Río Negro.
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Había nacido el 19 de enero de 1915 en Junín y llegó a Viedma junto a su familia en 1930. En la capital rionegrina completó sus estudios secundarios en la Escuela Normal Mixta, una institución que por entonces era referencia educativa para buena parte de la Patagonia, y obtuvo allí su título de maestro el 20 de noviembre de 1934.
Al año siguiente comenzó su carrera docente en Formosa. Después llegaron General Roca, El Caín, Ramos Mexía y Luis Beltrán, destinos en los que fue maestro, director y posteriormente inspector de zona. En 1962 regresó a Viedma para hacerse cargo de la Escuela Hogar de El Cóndor, donde permaneció hasta 1969.
Su paso por las escuelas rurales y por los lugares más alejados de la provincia estuvo marcado por una época en la que el maestro tenía un papel que excedía ampliamente la enseñanza de contenidos. En comunidades con pocos recursos, el docente era también un referente social, alguien a quien se recurría ante distintas necesidades.
Tassara asumió ese papel durante décadas. Entre sus recuerdos quedó incluso una campaña de vacunación contra la difteria en la Línea Sur, en la que debió atender situaciones sanitarias y llegó a ser denunciado por ejercicio ilegal de la medicina.
También recordó siempre el trabajo desarrollado con chicos en la Escuela Hogar de El Cóndor, donde su tarea dejó una marca que sus antiguos alumnos continuaron reconociendo muchos años después.
Su trayectoria no se limitó, sin embargo, a la educación. Construyó una familia, ocupó cargos públicos - fue legislador provincial e intendente de Viedma - y participó de numerosas organizaciones y espacios de carácter social y comunitario. Después de jubilarse intensificó incluso su participación en guarderías, bibliotecas y centros de jubilados.
Los reconocimientos llegaron con el tiempo. En 1984 recibió del Club de Leones el premio León del Año y en 1995 fue declarado Ciudadano Distinguido y Socio Honorario del Rotary Club Viedma. Ese mismo año la Municipalidad adhirió al reconocimiento y lo distinguió como Ciudadano Ilustre de la capital rionegrina.
En 2002 recibió uno de los homenajes más significativos de su trayectoria: la Escuela Nº 355 del barrio Castello de Viedma pasó a llevar su nombre. La decisión tuvo una particularidad, porque debió autorizarse una excepción a las normas que impedían imponer a una escuela el nombre de una persona mientras estuviera viva.
Aquel día Tassara volvió a una escuela acompañado por familiares, amigos y antiguos alumnos de la Línea Sur, muchos de ellos ya adultos. Allí volvió a izar la bandera, una ceremonia que había realizado innumerables veces durante sus casi 50 años de actividad docente.
La distinción también fue entendida como un reconocimiento a toda una generación de maestros que desarrollaron su tarea en lugares alejados y que tuvieron una profunda inserción en las comunidades. Tassara, fiel a su manera de entender la profesión, recibió el homenaje con humildad y lo hizo extensivo a sus colegas.
Cuando en 2005, a los 90 años, volvió a hablar sobre su condición de Ciudadano Ilustre y sobre la escuela que llevaba su nombre, evitó atribuirse méritos extraordinarios. Dijo que simplemente había cumplido con sus funciones como docente.
Esa frase resume buena parte de su historia. Para Tassara, ser maestro no parecía reducirse a una profesión. Era una forma de estar en la comunidad, de acompañar a las familias y de formar personas en contextos muchas veces difíciles.
Por eso, a 19 años de su fallecimiento y en una nueva celebración del Día del Maestro, su nombre continúa presente en Viedma. Está en una escuela, en la memoria de sus antiguos alumnos y, sobre todo, en una historia educativa en la que Juan Carlos Tassara dejó una huella que excedió largamente el tiempo que permaneció frente a un aula.