“¿Y qué querés que haga?”: la historia de un jubilado que sale a juntar cartones
La situación económica está cada vez más compleja y ya casi nadie vive de un solo sueldo. Para los jubilados, el panorama suma una dificultad que no es menor: haberes muy bajos y prácticamente nulas posibilidades de conseguir un trabajo a cierta edad.
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Viedma no es la excepción. Allí aparece la historia de Carlos, un jubilado que cobra el haber mínimo y que, para completar sus ingresos y llegar a fin de mes, sale a juntar cartones. Pero lo que en algún momento fue un complemento de su jubilación, con el tiempo dejó de serlo.
Hoy, esa actividad se transformó en una especie de hobby. Sale en su camioneta, recorre comercios y junta cartón. Lo que gana apenas le alcanza para llenar el tanque. Entonces, ¿por qué continúa haciéndolo? Porque se convirtió en una distracción, una manera de mantenerse ocupado.
“Vos me querés escrachar”, se atajó el hombre cuando se le propuso hacer una entrevista. Se le aclaró que la intención no era esa y que, por ese motivo, no se darían demasiados datos sobre él. El foco estaría puesto en la actividad y en una realidad que atraviesan muchos jubilados.
Con esa aclaración, aceptó contar su historia, aunque puso una condición: “No me filmes, no grabés... si querés te cuento y vos poné lo que vos quieras”. Y así fue. Carlos contó que recorre alrededor de ocho comercios y que va juntando el cartón que luego lleva para su venta.
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"Hay días que junto 60, 70 kilos... pero no vale nada. Vale 70 pesos el kilo. ¿Cuánto sale el combustible? No me alcanza ni para eso", remarcó en torno al desplazamiento de su antigua camioneta Chevrolet S 10.
La pregunta surge casi naturalmente: ¿por qué continúa con una actividad que ya no le genera un rédito económico? “¿Y qué querés que haga?", respondió, mientras acompañaba la frase levantando los hombros y mostrando las palmas de las manos. “Tengo una jubilación, pero es de 690 mil pesos”, agregó.
Consultado sobre qué hace con el cartón que junta, explicó: “Va todo al mismo lugar, a un predio de casi dos hectáreas, después ellos no sé qué hacen. Lo venden, pero no sé”.
Por otro lado, dijo que realiza esta actividad desde hace 30 años, cuando la realidad era muy diferente y el cartón representaba una fuente de ingresos mucho más importante.
"En aquella época juntaba entre siete y ocho mil kilos por mes. Y tenía otro precio. Yo tenía dos pibes que les pagaba para que me enfarden el cartón. Tenía una balanza para cada uno, enfardaban con malacate hasta que conseguí una prensa, pero me la rompieron enseguida. Pero después empezó para atrás. Mal, mal, mal... hasta que se cortó. Hoy no me alcanza ni para mí", explicó.
Treinta años después, la escena es otra. Ya no se trata de una actividad que le permita sumar un ingreso significativo, sino de una rutina que mantiene porque, además de unos pocos pesos, le aporta algo que tampoco es menor: una forma de salir, recorrer la ciudad y mantenerse activo.
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