2026-08-27

Maestro condenado por múltiples abusos: los testimonios de las familias fueron determinantes

Osvaldo Andrés Leal recibió una sentencia de siete años y medio. Los padres y los abuelos lograron acreditar los cambios de comportamiento de las menores víctimas.

Hoy se conoció la sentencia de siete años y medio contra Osvaldo Andrés Leal, el docente de 48 años que abusó de once niñas de entre 6 y 7 años, en las escuelas 146 y 6 de San Antonio Oeste.

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Para esta condena, se tomaron en cuenta los pedidos y los alegatos de cada parte. Desde la Fiscalía, la Defensoría de Menores y una de las querellas se pidió nueve años de prisión, otro querellante solicitó 12 y la defensa de Leal requirió tres en suspenso. Pero lo fundamental para esta evaluación fue el testimonio de las niñas en Cámara Gesell. Esto se reforzó con las declaraciones de los padres.

El tribunal valoró esos testimonios como una pieza central para reconstruir los hechos y dictar la condena contra el maestro, que recibió siete años y seis meses de prisión y también la inhabilitación perpetua para ejercer la docencia.

La madre de una de las niñas víctimas, relató que su hija al comienzo del ciclo escolar se mostraba “alegre y entusiasta”, pero a partir de los abusos “comenzó a evidenciar una alteración, un retraimiento y aversión al contacto físico con varones”. Recién en agosto de 2024, se dieron cuenta de que Leal cometía los abusos dentro del aula y se activaron más de una veintena de denuncias, de las cuales 11 no fueron descartadas y llegaron a juicio.  

Una abuela agregó que su nieta “lloraba, tenía sus malos momentos, pero nunca sabía por qué hasta que me enteré, me di cuenta tarde” y también que evitó volver a hablar del tema con la niña para no interferir con la Cámara Gesell y las pericias.

Por su parte, otro abuelo manifestó: “La nena vino y se largó a llorar. Nosotros la calmamos, empezamos a hablar, empezamos a preguntar qué sucedía, qué es lo que pasaba. Y ahí contó”.

Juicio oral y público contra Andrés Leal, docente de Plástica condenado por haber perpetrado 11 abusos sexuales.

 

“Después de ese día no hablamos más del tema con ella, para resguardarla”. Esa declaración, que coincide con la de otros familiares, dio cuenta de que no se influenció a ninguna de las menores durante el proceso de la investigación, se derrumbó el argumento central de la Defensa.

“Yo pensé que eran mañas, nunca pensé esas cosas y ahora me siento culpable por no haber entendido a mi nena”, sumó otra abuela y también acreditó que la nena no quería volver a asistir a la escuela.

Asimismo, se constató que todas las niñas tuvieron cambios en su comportamiento. No querían quedarse solas, necesitaban dormirse acompañadas de sus mamás o con la luz prendida y tenían reacciones que antes no tenían, como gritos, portazos y llantos inesperados.

Los jueces consideraron que las declaraciones de madres y padres resultaron consistentes, coincidentes y relevantes para comprender el contexto en el que ocurrieron los hechos. Sus relatos permitieron reconstruir cambios de conducta, temores, angustias y manifestaciones espontáneas de las niñas, elementos que luego fueron respaldados por las evaluaciones psicológicas y los testimonios especializados.

Además, los jueces señalaron que no se detectaron contradicciones significativas entre los testimonios y que existió coherencia entre lo expresado por las familias, los relatos de las víctimas y las pruebas técnicas incorporadas al expediente.

Los relatos de las niñas y de sus familiares fueron contundentes y coherentes entre sí. 

 

El fallo también pone de relieve la importancia de escuchar las señales tempranas y de actuar ante cualquier indicio que pueda afectar la integridad de niños, niñas y adolescentes. En este caso, fueron precisamente las observaciones y la intervención de las familias las que permitieron activar los mecanismos institucionales y avanzar hacia la investigación.

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