Una masajista de Viedma abrió su propio gabinete y ahora da cursos con una salida laboral para otros
Fiorella Marasco es una viedmense que llevó y desarrolló una propuesta distinta en la junta vecinal de su barrio: cursos de masajes. Detrás del gabinete que hoy funciona en su casa hay una historia de estudio, trabajo y búsqueda de independencia. Conocé su historia.
Fiorella siempre estuvo vinculada al ámbito de la salud y, mientras cursaba la Tecnicatura Universitaria en Deportes en la Universidad Nacional de Río Negro, necesitaba encontrar una manera de organizar sus horarios y generar sus propios ingresos.
Así nació su camino como masajista. Primero llegó la formación, después la camilla, una mesita de luz y un velador. De a poco, aquel rincón de su casa se transformó en un gabinete y, con el tiempo, en su principal actividad laboral. Actualmente, hace sesiones de masajes descontracturantes en la Escalera 15 del barrio Guido, y está formando a otras personas a través de talleres gratuitos en la junta vecinal.
Desde junio dicta un curso gratuito de masajista en la Junta Vecinal del barrio Guido, donde nueve alumnos —ocho mujeres y un hombre— se capacitan con una meta concreta: terminar el curso en octubre y contar con las herramientas necesarias para comenzar a trabajar.
Mucho más que aprender a masajear
Para Fiorella, hay algo que está por encima de cualquier técnica: conocer el cuerpo. Las clases se desarrollan los martes, de 18 a 20, y tienen una fuerte carga práctica, aunque el punto de partida fue la anatomía. Los alumnos ya trabajaron sobre miembros superiores e inferiores y ahora avanzan hacia distintas técnicas y herramientas utilizadas en los masajes.
En diálogo con NoticiasNet, dijo: “Para mí es fundamental que las personas sepan y aprendan de anatomía. Estamos trabajando con cuerpos y ayudando al bienestar de las personas”.
La formación incluye masajes relajantes y descontracturantes, pero también técnicas vinculadas al ámbito deportivo. En este último caso, su experiencia como técnica universitaria en Deportes le permite sumar conocimientos relacionados con las posturas, la sobrecarga muscular y las necesidades particulares de quienes realizan actividad física.
“Yo vivo de los masajes”, contó. Tener su propio gabinete le permitió organizar sus tiempos y, al mismo tiempo, continuar con sus estudios universitarios. Algo que, según explicó, probablemente hubiera sido mucho más difícil con un trabajo tradicional y horarios rígidos.
“Me gusta enseñar. Me gusta poder darle a la gente todo mi conocimiento para que ellos también puedan implementarlo”, señaló y añadió que sus alumnos el día que tengan su gabinete los va a ayudar y aconsejar para que se desarrollen, con la premisa de que “el sol sale para todos”, lejos de la competitividad.
¿Qué pasa cuando termina la sesión?
En su gabinete del barrio Guido recibe personas con necesidades muy diferentes. Algunos llegan buscando descontracturarse después de una semana de trabajo; otros necesitan recuperarse de la exigencia deportiva y también están quienes simplemente quieren relajarse.
Hay pacientes que concurren una vez por semana, otros cada quince días y algunos una vez al mes o incluso con menor frecuencia. Todo depende de la actividad que realicen y de las necesidades de cada cuerpo.
Los deportistas, por ejemplo, suelen requerir sesiones más frecuentes debido a la sobrecarga muscular y la necesidad de recuperarse para continuar entrenando o competir. También hay trabajadores que pasan muchas horas sentados y acumulan tensión, especialmente en la zona cervical.
Las sesiones duran aproximadamente entre una hora y una hora y media y pueden ser de medio cuerpo o cuerpo completo. Actualmente, Fiorella ofrece el masaje de medio cuerpo a $25.000 y el de cuerpo completo a $35.000.
Pero hay una aclaración que para ella es fundamental: un masaje no debería ser sinónimo de dolor. “La persona tiene que sentirse cómoda. El masaje nunca tiene que doler”, remarcó. Por eso considera que el vínculo con quien llega al gabinete también forma parte del trabajo. Hay intimidad, contacto físico y confianza, cuestiones que requieren cuidado y respeto.
Un gabinete que empezó de a poco
Su espacio funciona en su propia casa, en el barrio Guido. Lo armó prácticamente desde cero y hoy recibe allí a vecinos y personas que llegan recomendadas por otros pacientes. “Empecé con la camilla, una mesita de luz, un velador. Y hoy día lo tengo muy lindo, armado”, contó con orgullo.
Ese crecimiento también tiene una explicación: el boca en boca. Personas que llegan por primera vez, prueban la experiencia y después regresan o recomiendan el lugar. Ahora, mientras continúa atendiendo en su gabinete, Fiorella apuesta a que otros puedan recorrer un camino parecido al suyo.
El curso gratuito de la Junta Vecinal del Guido busca justamente eso: que quienes participan no solamente aprendan a realizar masajes, sino que incorporen conocimientos y herramientas que puedan convertirse en una verdadera salida laboral. Para Fiorella, el círculo se cierra de esa manera: lo que alguna vez aprendió para construir su propio trabajo, hoy lo comparte para que otros también puedan hacerlo, una manera de allanarles un poco el camino.