Producir y conservar en la misma hectárea: el modelo sustentable que posiciona al bosque patagónico en el mercado global
Unir la rentabilidad de la ganadería con la protección del medio ambiente dejó de ser una utopía teórica para convertirse en un sistema concreto con financiamiento internacional. En Río Negro y la región, la producción ganadera desarrollada sobre campos con monte nativo avanza bajo el esquema de Manejo de Bosques con Ganadería Integrada, un paradigma que busca equilibrar el aprovechamiento pecuario y forestal con la preservación de los servicios ecosistémicos para las futuras generaciones.
En diálogo con el programa Tocá Madera de Radio Noticias (105.5 MHz), Pablo Peri, coordinador del Programa Nacional Forestal del INTA, recordó que esta iniciativa surgió como una solución a una realidad histórica del país, donde cerca del 70 por ciento de las masas forestales autóctonas ya contaban con presencia ganadera en predios privados.
"La idea era intentar tener técnicos que garanticen la continuidad del bosque y que esa ganadería tenga un aprovechamiento comercial de la madera, de productos no madereros como la miel, y un manejo ganadero sustentable", señaló el especialista.
En la actualidad, este modelo cobra un nuevo impulso económico gracias a los fondos administrados por la FAO a través del Fondo Verde para el Clima, derivado de un reconocimiento internacional a la Argentina por reducir la deforestación. Sobre este punto, Peri precisó que el INTA colabora técnicamente en la gestión de 4,4 millones de dólares distribuidos en 12 provincias.
"Más allá del dinero, son productores en territorio que hacen un aprovechamiento sustentable. Este aporte monetario no es un subsidio común, sino un dinero no reintegrable que se invierte en los planes del propio establecimiento para que el productor pueda implementar las mejoras", explicó.
A diferencia de lo que ocurre en regiones como el Parque Chaqueño, donde la masa forestal disminuye por el avance de la frontera agrícola, en Patagonia Norte el escenario presenta otras particularidades.
Según Peri, en la región la pérdida de cobertura vegetal no se debe al desmonte intencional sino al impacto recurrente de los incendios forestales, un fenómeno que se vuelve aún más complejo en las zonas de interfaz cercanas a los poblados.
Por esa razón, los planes técnicos del MBGI imponen pautas rigurosas que contemplan inventarios forestales, control del fuego, ajuste de la carga animal según la oferta forrajera y la reserva obligatoria de al menos un 10 por ciento del predio para conservación estricta.
Más allá del beneficio ecológico, el referente del INTA destacó la trascendencia comercial de este esquema frente a las nuevas exigencias del comercio internacional y el mercado de créditos ambientales.
"MBGI tiene evidencia científica de que fija carbono comparado con un manejo no sustentable. Eso posiciona bien al productor en el mercado de los bonos verdes, pero además es lo que el mundo empieza a demandar: la Unión Europea hoy exige que los productos ganaderos o madereros no provengan de la deforestación y lo monitorea con imágenes satelitales", remarcó Peri.
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Finalmente, el coordinador enfatizó que la clave de la continuidad de este paradigma radica en combinar la ética ambiental con la rentabilidad económica.
"Estamos hablando de producción y conservación al mismo tiempo y en la misma unidad de superficie. Para mí, un cordero, un kilo de carne o un metro cúbico de madera que provenga de un manejo sustentable debería recibir alguna bonificación, porque para que esto sea sostenible en el tiempo tiene que ser un negocio rentable para el productor", concluyó.