2026-08-13

El uso de redes en niños y adolescentes: “El humano queda tomado por la tecnología”

Una especialista en temas relacionados a la niñez y adolescencia dio su punto de vista sobre un tema sensible, que tiene que ver con el alcance de las redes sociales y la tecnología.

La reciente decisión de Francia de prohibir el acceso a las redes sociales a menores de 15 años y restringir el uso de teléfonos inteligentes en las escuelas volvió a poner en el centro del debate la relación entre niños, adolescentes y tecnología. La medida, aprobada por la Asamblea Nacional, busca reducir la exposición de los menores a riesgos como el ciberacoso, el contenido violento y otros efectos asociados al uso excesivo de las plataformas digitales.

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A partir de esta decisión, NoticiasNet habló con una referente local. Patricia Weigandt, quien, entre otros títulos, es directora de Maestría en aprendizajes en Infancia y Juventudes, reflexionó sobre el impacto que la tecnología tiene actualmente en la vida cotidiana y planteó que se produjo un cambio profundo en el vínculo entre las personas y las herramientas digitales.

“Hay una cuestión que tiene que ver con el cambio de época, en donde hoy por hoy la tecnología que habitualmente solía ser un instrumento utilizado por el humano para poder lograr y conseguir una serie de cambios en su entorno, como hacer más sencillas una serie de tareas para la vida, ha evolucionado a tal punto que ha tomado un formato entorno de lo que es la cuestión digital. tal que está, que ingresó dentro de nuestras vidas y se ha metido de un modo muy abarcativo y masivo”, dijo.

En ese sentido, sostuvo que ya no se trata solamente de una herramienta al servicio de las personas, sino que la relación se modificó hasta invertir los roles. “Ha llegado a tal punto que la tecnología digital ha dejado de ser una herramienta para poder conseguir modificaciones en el entorno o una producción, relativa a la vida y a la subsistencia del ser humano, sino que se ha invertido de alguna manera la relación entre esa tecnología y el humano”.

Y fue contundente al describir las consecuencias de ese cambio: “Ese humano queda tomado por la tecnología. Esto ocurre con todas las edades, incluso podemos ver hasta niñitos muy pequeños que son entretenidos por sus padres dejándoles un teléfono celular. El asunto es que entre los niños y los adolescentes esto tiene un lugar tanto o más significativo y nocivo que entre los adultos, o los denominados adultos, porque bueno, qué son los adultos o qué no, tal vez daría para otra charla”.

El rol del Estado frente al avance de la tecnología

La decisión francesa abrió también la discusión sobre hasta dónde debe intervenir el Estado para regular el acceso de los menores a las plataformas digitales. La norma aprobada en Francia establece restricciones para los menores de 15 años y también limita el uso de teléfonos inteligentes dentro de los establecimientos educativos.

Para Weigandt, se trata de una discusión que no debería quedar exclusivamente en manos de las familias. “El punto está en que hay algunos países, como lo es Francia, que todavía piensan que el Estado tiene que regular algo para que la población esté mejor. Yo me abono a la hipótesis de que el Estado efectivamente tiene que estar presente en lo que tiene que ver con la salud y la educación de las personas. Entre otras funciones que no puede delegar, y en ese país han tomado justamente la decisión de limitar en una serie de espacios el uso de la tecnología digital”.

“Yo considero que cada país tiene que poder implementar desde su Estado instrumentos justamente en post del bienestar y la prevención de una serie de cuestiones que producen estas situaciones en las cuales la tecnología toma como objeto al humano y no al revés”, agregó.

En esa línea, cuestionó la falta de políticas que acompañen los cambios que atraviesan las infancias y adolescencias. “Máxime aún entorno a los niños y los adolescentes. Nuestro Estado, que en este momento está sufriendo los embates de este régimen en el que estamos viviendo, donde estamos lamentablemente en un Estado conducido de manera tal que hay obligaciones y funciones del Estado que no están siendo cumplidas, debería no solamente retomar esas funciones, sino implementar otras nuevas, porque la época así lo merita”.

Patricia Weigandt habló con NoticiasNet y brindó su postura. Foto: gentileza

 

Qué pueden hacer las familias y las escuelas

La discusión no termina en una eventual prohibición. También plantea qué herramientas tienen las familias para poner límites al uso de celulares, redes sociales y otras plataformas digitales.

Consultada sobre este punto, Weingandt explicó: “En realidad hay una serie de cuestiones que tienen que ver y que puede variar de profesional a profesional y de marco teórico a marco teórico que rige la práctica de cada uno, en mi caso hablo del psicoanálisis”.

“Cada familia tiene que poder implementar una serie de limitaciones, alcances, restricciones para las diferentes cuestiones que tienen que ver con la vida de un niño o de un adolescente. Así como una familia en determinado momento debe regular cuánto se come, también tiene que haber una regulación. Entorno a esto que estamos hablando, que tiene que ver con la tecnología digital, habida cuenta que es algo que en términos muy generales ha tomado el comando del humano y no ha quedado como un instrumento más del humano. Entonces estamos hablando de que las familias tienen que tomar una serie de restricciones, de regulaciones, además de que las instituciones también deben hacerlo”, mencionó.

Para la especialista, la escuela también tiene un papel central: “Imposible que haya una institución educativa, por ejemplo, que no regule el uso del instrumento digital. Tiene que haber regulaciones, más, menos singulares, pero debe haberlas”.

La edad y el momento de la adolescencia

Uno de los principales puntos de la medida francesa es el límite de los 15 años. Para Weigandt, no necesariamente debería replicarse esa edad de manera automática en otros países, ya que cada sociedad tiene sus propias características. “Habla una serie de regulaciones que tienen que ver con otras cuestiones. Y esto tiene que estar ubicado en la idiosincrasia de cada pueblo también. La adolescencia es un momento de reestructuración subjetiva”.

“Nosotros decimos dentro del psicoanálisis que la primera cocina de la subjetividad del humano es la infancia. La segunda es la adolescencia. Es un momento muy fértil en donde este tipo de cuestión, que incluso se ha tornado adictiva en muchos humanos de distintas edades, tiene que tener un tope”, explicó.

En cuanto a la elección de la edad en Francia, agregó: “La gente en Francia coloca esta edad tomando en cuenta una serie de razamientos relativos justamente a cuando un humano, a qué edad un humano estaría en una mejor condición para poder restringir el consumo de algo. Nosotros tendríamos que poder establecer marcos más generales al respecto”.

Y comparó esa discusión con otras edades que ya están establecidas legalmente: “Hay edades que se regulan respecto de cuándo un joven, un adolescente puede obtener un registro para conducir. Cuando se considera o no se considera mayoría de edad para el ejercicio de diferentes derechos y obligaciones. Más o menos se establece en algún momento de lo que nosotros acá llamamos adolescencia”.

Por eso, consideró necesario abrir una discusión más amplia: “Deberíamos poder establecer algo más general. Creo que eso es en lo que los franceses han dado ese paso. Yo lo que sugeriría es que volvamos a pensar todos que nuestro Estado debe regular cuestiones relativas a la salud y a la prevención de lo que ocurre en las infancias y adolescencias y hacerse cargo plenamente de eso”.

Una discusión que, según Weingandt, debe entrar en la agenda

Más allá de la edad concreta o de la posibilidad de establecer una prohibición, la especialista destacó la importancia de que el debate sobre el impacto de la tecnología en niños y adolescentes sea asumido como una problemática social.

“Esta última respuesta que te di, creo que están haciendo algo muy importante, que es poder establecer en la agenda la preocupación por esta temática. Esto no puede regularse solo, porque a veces hay familias o instituciones que se las arreglan como pueden para poder establecer límites, cantidades de horas en el día, y van a hacer este trabajo que es titánico, contracorriente”.

Y cerró con una advertencia sobre el escenario que enfrentan las nuevas generaciones: “Contracorriente porque hay todo un armado de tecnología digital en las redes, en ofertas, de cuestiones de una inmediatez importantísima, donde cualquier humano, más aún un niño y un adolescente, pueden quedar a la deriva de eso”.

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