Marea roja y brucelosis: el silencioso trabajo de un laboratorio que ayuda a prevenir dos amenazas para la salud
Tras el informe acerca de cómo se trabaja para prevenir la triquinosis, NoticiasNet también abordó dos cuestiones de suma problemática: las tóxicas por marea roja en las zonas donde hay moluscos y los casos de brucelosis. Todos son estudiados desde la Unidad Regional de Epidemiología y Salud Ambiental (Uresa) de Viedma.
Agustín Ávila, coordinador del organismo técnico dependiente del Ministerio de Salud de la provincia de Río Negro, explicó cómo funciona este sistema de vigilancia y detalló el trabajo que se realiza tanto con marea roja como con brucelosis bovina.
El mar también se analiza
La denominada marea roja no es simplemente un cambio de color en el agua. Detrás del fenómeno existe la presencia de determinadas microalgas capaces de producir toxinas. “Marea roja se denomina así, una toxina que se denomina saxitoxina o toxina paralizante, que es una toxina altamente letal”, explicó Ávila.
El fenómeno se produce a partir de lo que técnicamente se conoce como floraciones algales tóxicas, que aparecen bajo determinadas condiciones ambientales. “Cada cierta época del año, con ciertas condiciones de humedad y temperatura, desarrollan ese tipo de microalgas”, señaló.
El problema aparece porque los moluscos bivalvos se alimentan filtrando el agua. De esta manera incorporan las algas y, con ellas, la toxina. “El marisco no se enferma ni produce ningún síntoma, vive normalmente con esa toxina en el músculo”, explicó.
“Cuando nosotros la comemos, nos produce lo que se denomina toxina paralizante, produce una parálisis muscular de todo el cuerpo, hormigueo en la nariz, bueno, de varios síntomas, que terminan generalmente, depende de lo que hayas consumido, con un paro respiratorio”, advirtió.
Y hay otro dato que vuelve todavía más importante el monitoreo: no existe un antídoto específico. “Solamente tenés respuestas de un respirador artificial para ver si se pasa el efecto y sobrevivís”, explicó el coordinador de Uresa.
Por eso, desde el laboratorio se realiza un seguimiento permanente de las costas. “Nosotros monitoreamos semanalmente todas las costas y cuando se producen las 400 unidades de ratón (porque se analiza con roedores de laboratorio), se hacen las vedas de extracción”, explicó.
“Entonces no se comercializa nada en ningún lugar y se da aviso a los guardafaunas, por ejemplo, de Pozo Salado y demás, que no permitan la extracción de turistas”, señaló.
Las muestras llegan desde diferentes puntos de la costa rionegrina. Se reciben moluscos provenientes de las distintas zonas productivas del Golfo San Matías, muestras de Sierra Grande y también de San Blas. Al laboratorio llegan almejas, mejillones, cholgas y ostras.
Y el control no se realiza solamente sobre cualquier especie marina. El foco está puesto en aquellos moluscos que son filtradores. “Lo que analizas son moluscos, la almeja o mejillón o todo lo que son bivalvos. Los que tienen las dos valvas y que son filtradores”, determinó.
En San Blas, por ejemplo, se analizan las ostras, mientras que desde otras zonas llegan almejas, mejillones y cholgas. En total, el laboratorio realiza aproximadamente entre siete y diez muestras por semana vinculadas con este monitoreo.
¿Cuánto puede durar una marea roja?
Una de las dificultades del fenómeno es que no existe un calendario exacto que permita saber cuándo empieza y cuándo termina. “Depende, es recontra específico, porque no sabes cuándo aparece y cuándo termina. Por eso hay que hacer un monitoreo constante”, subrayó.
En términos generales, una floración puede extenderse durante uno o dos meses, aunque el comportamiento depende de las condiciones ambientales. Y si hay marea roja en un sitio, la veda termina con tres análisis negativos consecutivos.
El análisis que utiliza ratones
Una de las particularidades del control de toxinas marinas es el método utilizado para determinar su concentración. Ávila explicó que se toma una determinada cantidad de moluscos y se realiza un proceso de preparación de la muestra.
“La muestra son 100 gramos de molusco, se homogenizan con ácido clorhídrico y otras cositas que hacen una solución”, describió.
“Eso se agarra en un centímetro y se inocula en un ratoncito de laboratorio que, dependiendo del peso y el tiempo de muerte, vos vas determinando cuál es la concentración de toxina que tenés”, puntualizó.
El método permite establecer las denominadas unidades de ratón. “Un ratón de 20 gramos que muere en cinco minutos, son 400 unidades”, indicó.
Cuanto mayor sea la concentración de toxina, menor puede ser el tiempo necesario para determinar su presencia. “Hay veces que se da tanto nivel de toxina que tenés que diluir porque no alcanzas ni a contar el tiempo de muerte”, relató.
“Son análisis lentos. Tenés que hacer todo el proceso de preparación de muestras, pelado del marisco, homogeneizar”, detalló.
El otro frente: controlar la brucelosis
Pero la tarea del laboratorio no termina en la costa. Otro de los servicios de Uresa está vinculado con la brucelosis bovina, una enfermedad que también representa un problema sanitario y productivo.
El laboratorio está acreditado por Senasa para realizar este tipo de análisis, dentro del plan nacional de erradicación de la enfermedad. La dinámica comienza en el campo. Los veterinarios toman las muestras y las llevan al laboratorio para su análisis.
El volumen de trabajo es considerable. Según Ávila, en lo que va del año ya se analizaron más de 8.000 muestras relacionadas con brucelosis.
El procedimiento contempla una primera prueba con un antígeno con una gotita de suero del animal. Este primer análisis es muy sensible, aunque puede arrojar falsos positivos. Por eso, ante un resultado sospechoso, se realiza una segunda prueba para confirmar.
Para esa tarea, el Ministerio de Producción incorporó un equipo que permite realizar la técnica basada en polarización. “Es un método confirmatorio muy bueno. Vos pones ahí y ya te dice qué concentración de anticuerpos tiene la vaca”, señaló.
Lo que se busca detectar son los anticuerpos generados por el animal frente a la bacteria que provoca la brucelosis. El sistema permitió además acercar el servicio a productores de buena parte de la región.
“Se da un servicio a todos los productores de la zona porque el único laboratorio en la provincia está en Río Colorado y después el otro más cerca lo tenés en Bahía Blanca”, expresó.
Por eso, al laboratorio de Viedma llegan muestras no solamente de productores locales, sino también de otras zonas como Valcheta y Valle Medio.
¿Qué pasa cuando aparece un positivo? La detección de un animal positivo no termina en el laboratorio. Allí comienza otro procedimiento que involucra directamente al veterinario y al establecimiento productivo.
“El veterinario que trae la muestra va al campo, tiene que separar la vaca y se elimina la vaca del rodeo”, explicó Ávila. Los casos son declarados ante el organismo sanitario correspondiente y se continúa con el protocolo establecido.