Por qué parece que vivimos bajo la lluvia si casi no llueve: la palabra de un experto
El clima en la región es uno de los factores a tener en cuenta para la producción local y es uno de los ítems inmanejables. En este tiempo reciente lo que se está observando es una inusitada humedad, por lo que se está estudiando desde las áreas encargadas en la temática.
Cristian Musi Saluj, responsable de Agrometeorología de la Estación Experimental Agropecuaria INTA Valle Inferior de Río Negro y docente de Crimatología, habló con NoticiasNet y señaló: “En los últimos meses, una pregunta se ha repetido una y otra vez: ¿por qué parece que vivimos bajo la lluvia si casi no llueve? La respuesta es que lluvia y humedad no son lo mismo. Aunque suelen asociarse, una atmósfera muy húmeda no necesariamente produce grandes precipitaciones”.
En esta línea, subrayó: “Durante este otoño e invierno en el Valle Inferior del Río Negro y la costa norte patagónica ocurrió que los acumulados mensuales de lluvia fueron, salvo excepciones, inferiores a la media histórica, pero la sensación cotidiana fue la de un ambiente persistentemente húmedo, con nubosidad, lloviznas, nieblas y muy pocos días de cielo completamente despejado”.
En virtud de lo expuesto, mencionó: “La principal fuente de humedad de nuestra región es el océano Atlántico. Durante gran parte del otoño y del invierno predominaron situaciones atmosféricas que favorecieron el ingreso de aire marítimo hacia la costa rionegrina. Ese aire llega cargado de humedad, impulsado por vientos del este, sudeste o noreste, asociados al desplazamiento y permanencia de sistemas de alta presión sobre el Atlántico Sur. Sin embargo, ese aire húmedo no encontró las condiciones necesarias para generar lluvias abundantes”.
“Tener humedad no alcanza para que llueva. Para que se produzcan precipitaciones importantes no basta con disponer de vapor de agua. También es necesario que exista un mecanismo capaz de elevar ese aire húmedo hasta niveles donde se enfríe, se condense y forme nubes de gran desarrollo”, remarcó.
Asimismo, precisó: “Durante el invierno sucede exactamente lo contrario, la atmósfera permanece muy estable. El escaso calentamiento solar reduce los movimientos verticales del aire y favorece la formación de inversiones térmicas, que actúan como una especie de tapa atmosférica. Como consecuencia, la humedad queda confinada en los primeros cientos de metros de la atmósfera. El resultado es una atmósfera muy cercana a la saturación, donde predominan la humedad relativa elevada, nubosidad baja, bancos de niebla, neblinas, rocío y lloviznas o lluvias muy débiles”.
“Es decir, una atmósfera llena de humedad, pero con muy poca energía para producir precipitaciones importantes ¿Por qué sentimos que "llueve siempre"? Nuestra percepción cotidiana no depende únicamente de la cantidad total de agua caída. Las personas percibimos un período como húmedo cuando se combinan varios factores como, muchos días con lloviznas o lluvias débiles el cielo cubierto durante gran parte del tiempo una elevada humedad relativa con poco sol y superficies que tardan varios días en secarse”, detalló.
Desde la misma órbita, recalcó: “Es perfectamente posible registrar apenas unos pocos milímetros por evento y, sin embargo, experimentar semanas enteras con sensación de humedad permanente. En términos climatológicos, el mes puede resultar deficitario en precipitación; en términos cotidianos, puede sentirse extraordinariamente húmedo”.
Además, consideró que una pregunta frecuente es si tiene relación con el fenómeno El Niño, evento climático caracterizado por el calentamiento anómalo de las aguas superficiales en el océano. Al respecto, puntualizó: “Si bien El Niño modifica la circulación atmosférica a escala planetaria y puede influir sobre el comportamiento climático de Sudamérica, en este caso no parece ser la explicación principal. La persistencia de humedad observada responde más directamente a procesos regionales vinculados al Atlántico, a la circulación predominante sobre la Patagonia norte y a las características propias del invierno”.
Es decir, más que un efecto directo de El Niño, “estamos observando una combinación de factores sinópticos y estacionales que favorecieron el ingreso continuo de aire marítimo húmedo” y amplió “durante este otoño e invierno no vivimos un período particularmente lluvioso, sino un período persistentemente húmedo”.
“El Atlántico aportó humedad casi de manera continua; la atmósfera fría y estable impidió que esa humedad se transformara en precipitaciones abundantes; y la escasa radiación solar hizo que el ambiente tardara mucho más en secarse. Por eso, aunque las estadísticas de precipitación indiquen meses normales o incluso deficitarios, la percepción generalizada de haber atravesado semanas enteras con lluvia tiene una base meteorológica completamente real. La explicación no está solamente en cuánto llovió, sino en cómo se comportó la atmósfera”, determinó.
En cuanto a la producción agrícola, Musi Saluj explicó: "Durante la estación invernal, la producción agropecuaria, si la separamos en bajo riego y secano, durante inviernos como este donde los índices de Humedad Relativa alta complejiza principalmente la logística de la producción, caminos anegados y lotes que no secan".
A esto también se le suma que "complica la gestión de la postcosecha y la preparacion de la nueva temporada, retrazando los tiempos previstos. Para los campos de secano que permanecen húmedos durante más tiempo" y añadió que hay "menor capacidad portante en sectores bajos, formación de barro en aguadas, corrales y lugares de suplementación y mayor deterioro de caminos rurales. Por otro lado, es un gran problema para todo lo que tiene que ver con el mantenimiento anual del sistema de riego durante esta época".