2026-07-11

Locura viedmense: se hizo un tatuaje de Marta Fort a cambio de una entrada para ver a la Selección

La hija de Ricardo Fort le cumplió su sueño y su nombre quedó inmortalizado en el cuerpo de la viajera Florencia Moncalvillo.

La viajera y talismán de la Selección, la viedmense Florencia Moncalvillo volvió a hacer de las suyas y fue tendencia nacional. Es que fue a ver a la Selección ante Cabo Verde, pero no tenía ninguna entrada. Por casualidades de la vida, se cruzó con Marta Fort, la hija del recordado capocómico Ricardo Fort, y tuvo un cruce inolvidable. Flor le dijo a Marta que si le conseguía una entrada se tatuaba su nombre de por vida.

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La periodista e influencer Martita le consiguió una butaca y la joven de Viedma cumplió con su palabra: se tatuó el nombre de Martita Fort en su brazo. Luego, ante los micrófonos de la televisión nacional, dijo: “Cuando la gente me dice ‘ahora te lo tapás’, les respondo que no. Martita eligió el tamaño y yo la letra. No me lo voy a tapar. Dije que me lo iba a hacer y queda ahí. Un día me voy a morir y la piel va a dejar de existir. Lo que me llevo en el corazón y en el alma es el momento que viví”.

El tatuaje de la viedmense con el nombre de Marta Fort. 

 

“Le escribí a un montón de gente y todos me decían que era imposible. Hasta periodistas muy conocidos me respondían que ellos tampoco conseguían. Ahí dije ‘A la primera persona que me cruce le prometo que me tatúo su nombre si me consigue una entrada’”, recordó Moncalvillo en diálogo con Todo Noticias. 

La oportunidad apareció de manera inesperada durante los festejos por la clasificación de la Argentina a los 16avos. En una fiesta se cruzó con Martita Fort y no dudó en hacerle la propuesta: “Hicimos un video y ella me respondió ‘Vamos a hacer todo lo posible’”.

Pasaron dos días sin novedades y creyó que la historia había quedado ahí. Sin embargo, Martita le escribió para invitarla a participar de su streaming desde un restaurante de Miami. Para Florencia, el lugar tenía un significado especial: estaba ubicado en Collins y la calle 22, un número que la acompaña desde la muerte de su abuela. “Salí en vivo para su programa y ahí me confirmó que tenía la entrada. Fue una locura”, expresó.

Con el ticket asegurado, solo quedaba cumplir la promesa. “Al otro día tenía que conseguir un tatuador. El primero al que le había escrito, cuyos trabajos me encantaban, me dijo que podía ir a mi casa porque estaba de vacaciones en Miami”, comentó entre risas y agregó: “Todos me bancaron porque saben cómo soy. Soy impulsiva, una sagitariana pura cepa. Si no lo hubiera hecho, eso sí hubiera sido raro". 

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