2026-07-01

Un barco de GNL se llamará “Esperanza” y formarán una tripulación rionegrina

Rodolfo Freyre, CEO de Southern Energy y VP de Gas & Energía de Pan American Energy, reveló en una entrevista reciente la magnitud operativa, logística e industrial del proyecto FLNG que transformará la costa patagónica

Hay una vieja tradición marinera que desaconseja cambiar el nombre de un barco, pero Rodolfo Freyre, al frente de Southern Energy (SESA), adelantó que desde la empresa que comanda resolvieron ignorar esos viejos postulados. Por tal motivo, el segundo buque de licuefacción que integrará el primer proyecto argentino de Gas Natural Licuado dejará atrás su nombre de código industrial —MKII— para llamarse Esperanza. La elección no es un capricho: condensa, en una sola palabra, la apuesta de Argentina por convertirse en proveedor global de energía.

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"Generalmente, a los barcos no se les cambia el nombre", admitió Freyre en una entrevista reciente. "Pero este está en proceso de llamarse Esperanza, que es uno que se conocía como MKII."

El ejecutivo, que se desempeñó como Vicepresidente (VP) Gas & Energía de PAE, dio detalles de los planes de mediano plazo de la empresa, como la necesidad de desarrollar un polo logístico en el Puerto de San Antonio Este, la vinculación aérea para que los operarios puedan volver a sus países de origen en los períodos de descanso, y el desarrollo de un plan educativo junto al gobierno de la provincia con la premisa de que los operarios que hagan funcionar las plantas flotantes de producción de GNL sean de Río Negro, según  declaraciones al portal www.clubdeinversores.com.

Dos gigantes en el Golfo San Matías
El proyecto de Southern Energy y San Matías Pipeline contempla la instalación de dos buques de licuefacción en el Golfo San Matías, que permitirán transformar el gas de Vaca Muerta en GNL para su exportación. El consorcio —integrado por Pan American Energy (30%), YPF (25%), Pampa Energía (20%), Harbour Energy (15%) y Golar LNG (10%)— está ejecutando una obra sin precedentes en la historia energética argentina.

El primero de los buques, el Hilli Episeyo, es una unidad ya probada. Freyre lo describe con una imagen que desmonta la abstracción técnica: el barco queda anclado a unos cinco kilómetros de la costa, y cada pocos días llega un metanero comercial, se pone a su lado, recibe el gas licuado en un proceso que demora alrededor de 24 horas, y parte rumbo a los mercados europeos o asiáticos. "Viene un carguero y, en simple, se le pone al lado, se trasvasa. Y se va. A los tres días viene el siguiente."

Ese barco-fábrica que permanecerá inmóvil durante dos décadas es, en realidad, una planta industrial flotante que funciona las 24 horas. Cada unidad demanda 160 personas para operar en dos turnos. El Hilli Episeyo tiene 130 camas.

El segundo buque, el que se rebautiza Esperanza, tiene una historia de ingeniería notable. Según relató Freyre, se trata de un metanero convencional al que llevaron a un astillero y, literalmente, partieron al medio. En el espacio resultante se insertó el módulo industrial de licuefacción. El resultado final será un barco de 400 metros de eslora —unos 100 metros más largo que el original— con toda la planta procesadora instalada en esa sección nueva. El MKII está siendo convertido en China, en el astillero CIMC Raffles, y se espera que entre en servicio en 2028. Tendrá una capacidad de producción de 3,5 millones de toneladas anuales de GNL, equivalente a casi 16 millones de metros cúbicos día de gas natural.

Ambas unidades FLNG serán desplegadas en el Golfo San Matías por un plazo de 20 años.

San Antonio Este: de puerto pesquero a hub energético
La dimensión logística del proyecto es, quizás, la que más directamente interpela a las comunidades de la costa rionegrina. Freyre fue explícito: San Antonio Este no está preparado hoy para albergar una operación de esta escala, y hay que construir esa capacidad desde cero.

“Tenemos que crear una base logística en el puerto, porque cuando vienen los barcos, necesitan asistencia de los remolcadores. Cuando viene el carguero, estos 4 remolcadores requieren de personal. Y esa gente que está arriba de los barcos tiene que comer. Además, se tienen que llevar los alimentos al barco (cada navegación dura dos horas y media). No es que va ser todos los días, pero tiene que ir 2 veces por semana”, declaró Freyre, quien destacó que “empieza a haber un movimiento para San Antonio Oeste. Tenemos que trabajar en los proveedores locales para poder tener ese tipo de servicios”.

Las rutinas a bordo
Cada barco FLNG requiere 160 personas operando bajo un régimen de 24 días de trabajo y 24 días de descanso —turnos denominados "24 por 24". Eso significa que, con los dos barcos funcionando, habrá 320 personas que entran y salen de la zona cada cuatro semanas, provenientes de distintos puntos del mundo. "A esas personas las tenés que mover, las tenés que llevar a un avión", graficó Freyre, en referencia a la necesidad de retornar a sus países de origen durante el período de descanso. El problema: San Antonio Este no tiene aeropuerto. Por eso el proyecto contempla la ampliación de la actual estación aérea “Antoine Saint Exupery”. 
La necesidad de infraestructura aeroportuaria no es, entonces, un capricho de confort corporativo. Es un requerimiento operativo básico para garantizar la rotación de las tripulaciones.

La promesa local: tripulaciones rionegrinas
Uno de los puntos que Freyre subrayó con énfasis es el compromiso de formación de capital humano local. En la fase inicial, los barcos operarán con tripulaciones extranjeras especializadas. Pero el horizonte apunta a que esa composición cambie progresivamente.
"Queremos generar junto con la provincia en el desarrollo de capacidades técnicas", dijo. "La idea es que vayamos formando gente, y en eso estamos trabajando en distintas escuelas técnicas con la provincia, para poder formar gente para que el día de mañana todos los que estén, o gran parte, de los que estén operando los barcos, sean argentinos."
El acuerdo firmado entre la Provincia de Río Negro, Southern Energy y San Matías Pipeline, ratificado por la Legislatura provincial con 41 votos a favor y 3 en contra, establece un régimen fiscal y de estabilidad regulatoria y podría generar para Río Negro más de 490 millones de dólares en 20 años, entre cánones, regalías, tasas, aporte comunitario y un aporte variable asociado al precio internacional del GNL.
El derrame
Freyre cerró su análisis con una lectura de la balanza energética argentina que opera como argumento de peso ante inversores y funcionarios. Argentina llegó a importar casi 100 barcos de GNL por año cuando su déficit energético era estructural. Con los dos barcos del proyecto SESA, exportará alrededor de 70. "Imagínate ahora si hubiera que importar 100 barcos por año a 20 dólares por millón de BTU por la crisis con Irán —señaló—. Argentina habría volcado."
El RIGI, el Régimen de Incentivos para Grandes Inversiones, es mencionado por el ejecutivo como el instrumento que permitió destrabar la toma de decisiones de inversión. "Creo que los inversores hoy ven el RIGI como la herramienta que necesitaban para poder hacer todas estas inversiones."
Y el horizonte que vislumbra es más amplio que el propio proyecto. "Creo que somos punta de lanza para futuros proyectos de LNG que pueda desarrollar Argentina."
Hoja de ruta
La hoja de ruta operativa tiene fechas concretas. El Hilli Episeyo arribaría al Golfo San Matías en junio del año próximo. En una primera etapa tomará gas del gasoducto que llega desde Tierra del Fuego, lo que permitiría iniciar la producción de GNL en octubre. "Llega en junio y en octubre empezás a producir", dijo Freyre. El gasoducto dedicado que conectará directamente con la Cuenca Neuquina deberá estar operativo para marzo de 2028.
El sistema integrado contempla un gasoducto onshore de 15 kilómetros y 30 pulgadas de diámetro que se conectará con el Gasoducto San Martín, más dos gasoductos offshore de 6 kilómetros cada uno destinados a vincular la costa con los buques de licuefacción. La llegada de los primeros materiales ya es un hecho: el buque MV Billion Star ingresó al Puerto de San Antonio Este con 10.000 toneladas de caños de acero provenientes de Shanghái, equivalentes a más de 2.200 unidades de tuberías.
Por último, el ejecutivo dejó caer un dato sugestivo: El gasoducto dedicado, tiene un diámetro de 36 pulgadas (91cm), y su capacidad es la adecuada para atender la demanda de los dos barcos factoría. Pero si se acoplan algunas plantas compresoras más, el mismo ducto podría permitir que trabajen en simultáneo 3 buques, en vez de 2.

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