Crimen impune de Atahualpa: la familia lo recordó con un duro mensaje
El 15 de junio se cumplieron 18 años del asesinato de Atahualpa Martínez Vinaya, el joven viedmense de 19 años quien fue asesinado de un disparo por la espalda en 2008. Su cuerpo fue encontrado en un descampado, detrás del barrio Los Fresnos, y desde un principio la investigación se llenó de pasos en falso. A casi dos décadas del crimen, ningún responsable fue encarcelado por haber sido autor del crimen.
La actuación de la entonces fiscal Daniela Zágari fue duramente cuestionada, lo que derivó en un juicio político que terminó con su suspensión por mal desempeño de apenas 45 días. Entre los errores más graves señalados por la querella y la Comisión Legislativa se destacaron el manejo inadecuado y la contaminación de la escena del hallazgo, muchas demoras para peritar una campera con manchas de sangre y la falta de resguardo de muestras de ADN.
En 2014, tres personas sospechosas del caso de ese invierno en la ciudad, Carlos Morales Toledo, Felipe Carrasco y Belén Fernández Barrientos, fueron llevadas a juicio, pero resultaron absueltas por falta de pruebas. Estuvieron encarceladas por poco tiempo.
Producto de estas casi dos décadas de impunidad, en la mañana de este martes se juntaron familiares y allegados de Atahualpa, frente a la sede central del Poder Judicial de Viedma. Fue una marcha pacífica, con palabras de reflexión y música para recordar a la memoria del joven y de su mamá, Julieta Vinaya, que falleció en 2018 de una dura enfermedad, tras batallar por pedido de justicia.
Ricardo Vinaya, tío de Atahualpa, dialogó con NoticiasNet y expuso: "Sentimos bronca e impotencia por este crimen, pero no nos van a quitar la alegría, estamos aquí en son de paz para hacer oír nuestra voz, ante un Poder Judicial con tintes de feudal en el siglo XXI. Los ciudadanos de a pie para ellos somos simples plebeyos, los jueces viven en la oscuridad, la gente no sabe ni quiénes son ni qué significa el Consejo de la Magistratura. Acá hay robots que no tienen corazón ni espíritu, son autómatas que no salen a las calles".
Asimismo, expuso: "Hay que democratizar la justicia. Ya estamos mentalizados en que esta justicia no va a cambiar, va a seguir así. Este pequeño grupo nadie sabe cómo se elige. El Consejo de la Magistratura es un desconcierto, nadie sabe para qué sirve. Y los culpables de la muerte de Julieta fueron los del Poder Judicial de la provincia de Río Negro. Ojalá que un día el pueblo elija a los que administran justicia".
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Además, declaró: "Cuando juzgan a un personaje del clan de ellos, como el ex juez Juan Bernardi, el peso es liviano. Él estuvo implicado en abusos de menores y cuánto tiempo cumplió, casi nada. Hoy está libre y no se sabe dónde vive y debe seguir cobrando el mismo sueldo. A ese no le cayó el peso de la ley, tendría que estar preso de por vida y en una cárcel común. Hay que mostrar estas diferencias que hace el Poder Judicial".
Críticas a la inacción judicial en el crimen
Respecto a cómo investigó el Poder Judicial por la muerte de su sobrino, Vinaya precisó: "Estuvo totalmente manoseado y embarrado, no por el día de lluvia que era ese día, estuvo embarrado por cómo investigaron y siguieron los pasos del crimen. El lugar donde lo vieron con vida por última vez (en el bar Mi Loka), nadie sabía nada, no intervinieron. Pasó una semana recién para intervenir en el lugar y las huellas ya estaban borradas. Pasaron más de cuatro años para hacer un juicio y los testigos dijeron 'no me acuerdo'. Este es el Poder Judicial que busca que pase el tiempo y se quede en el olvido".
"Llegamos a esta instancia, donde la causa está cerrada tanto en la provincia como a nivel Nación, pero nosotros seguimos en pie y tenemos la memoria activa. Ojalá que las nuevas generaciones puedan seguir de esta manera, para que el Poder Judicial pueda ser democratizado y para mostrar quiénes son nuestros jueces", remarcó.
"Recogemos la bandera que nos dejó Julieta, ella murió por la negligencia del Poder Judicial, ella estaba muy bien de salud y cuando murió su hijo caminó mucho para encontrar justicia y adquirió una enfermedad que la llevó hasta la muerte. Hubo dos asesinatos, el de Atahualpa por cobardes y siniestros que no se saben y el de Julieta por la impericia o complicidad del Poder Judicial que no pudo resolver", amplió.
Ante la consulta de cómo recuerda a Atahualpa, enfatizó: "Era un joven maravilloso, con mucho amor y con mucha solidaridad. El barrio lo dicen aún hoy, él era comprometido con su causa de los pueblos originarios, porque tenía raíces mapuches, aimara y coya. Él se iba todos los años a la línea sur, a pasar enero y febrero con un tío abuelo, en un lugar donde no había luz, ni agua corriente ni gas. Sabía cómo se vivía en lugares tan alejados y desprovistos de todo. Y tenía el noble espíritu de humanismo, lo quisieron embarrar ligándolo con ciertas cosas oscuras, pero la Justicia siempre busca el lado para zafar de su tarea y encausar para otro lado".