2026-05-11

Un oficio que resiste al paso del tiempo: el rol clave de los taquígrafos en la Legislatura

La Legislatura de Río Negro cuenta con ocho taquígrafos que llevan adelante un trabajo que va más allá de lo que pasa en la sesiones. Para conocer más, NoticiasNet habló con ellos sobre las tereas que desarrollan y las dificulatades que se presentan.

La taquigrafía, ese antiguo arte de escribir rápido mediante signos, nació para perdurar. A pesar de los avances tecnológicos, sigue siendo una herramienta clave en organismos públicos. Su función es transcribir un discurso a la misma velocidad en la que se habla. Incluso cuando varias personas intervienen al mismo tiempo, la conversación queda registrada en simultáneo.

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En Río Negro, la Legislatura cuenta con un equipo de ocho taquígrafos dedicados a esa tarea. NoticiasNet visitó su lugar de trabajo y dialogó con el jefe del área, Gustavo Brandi, junto a Natalia Cerutti, Zulma Rojas —quien el próximo año cumplirá 40 años en la profesión y se jubilará—, Laura Bijarra, Elda Otermin, Natalia Verteramo, Leandro Salas y Orlando Millaguan.

La Legislatura tiene taquígrafos desde 1958, aunque la continuidad del área atravesó distintos vaivenes políticos. “Se vivieron procesos en los que los taquígrafos desaparecían. Éramos los primeros que echaban. Tuvimos compañeros que trabajaron durante el gobierno democrático, los dieron de baja en el 76 con el golpe y en el 83 los convocaron para saber si querían volver. Algunos regresaron y otros no, por miedo a otro golpe y quedarse otra vez sin trabajo”, recordaron.

En tiempos donde la Inteligencia Artificial gana terreno, surge inevitablemente una pregunta: ¿es el fin de la taquigrafía? Para ellos, la respuesta es contundente. “No. Somos fedatarios y la Inteligencia Artificial no. Eso como primer punto”, afirmó Gustavo.

Y agregó: “Los taquígrafos existen desde 1800 y no creo que desaparezcan. En el Congreso de España siguen trabajando, están en todos lados. Incluso se usa el sistema de la maquinita, el que quieren sacar, para el que no conoce, es el que aparece en las películas donde hay juicios en Estados Unidos”.

Sobre las técnicas que utilizan, explicó: “Tenés Pitman y Larralde. Acá usamos Larralde. También tenemos algunas cosas de Pitman. Es medio complejo explicar las diferencias, pero Pitman tiene la V y la F reducidas y Larralde no. Además, Pitman tiene más frases armadas y Larralde escribe más palabras”.

En el pizarrón dice: Noticias de la Costa. Foto: Vanesa Schwemmler

 

El desgaste, las sesiones y las historias que deja el recinto

“Sí, es una profesión muy desgastante”, resumió Natalia. “Sobre todo los días de sesión y después, cuando hay que corregir. Hoy la provincia está más organizada y no se sesiona tanto, pero en las décadas del 60 y 70, entre los golpes militares y la democracia, había que formar una provincia y se sesionaba todo el tiempo. Ahora no son tan seguidas, pero sí muy extensas”.

Con 33 años dentro del palacio legislativo, Gustavo recordó una anécdota que todavía lo emociona. “Más allá de algunos malos momentos, como haber tenido una jefa complicada, tengo otros recuerdos tammbién. Uno fue con (Pablo) Verani. Cuando estaba enfermo de cáncer, tenía el discurso preparado, pero lo dejó y empezó a improvisar. Nosotros ya lo teníamos cargado y hubo que rehacerlo completo. Él quería llevarse ese discurso y nos quedamos trabajando. Todavía me emociona, sobre todo por Verani”.

“Habrá sido en el 96, más o menos. Después vino su período entre 1999 y 2003. En esa época teníamos sesiones cada 15 días. Hoy hay una lista de 500 proyectos y muchas veces ni siquiera los nombran. Envían un paquete que nosotros tenemos que controlar varias veces porque no puede haber errores”, señaló.

Natalia agregó: “Antes se mencionaban todos los expedientes dentro de cada bloque de votación. Ahora dicen ‘bloque uno’, lo votan; ‘bloque dos’, lo votan. Y si algún legislador se equivoca, terminamos equivocándonos nosotros”.

Gustavo Brandi, junto a Natalia Cerutti, Zulma Rojas, Laura Bijarra, Elda Otermin, Natalia Verteramo, Leandro Salas y Orlando Millaguan. Foto: Vanesa Shwemmler

 

Gustavo completó: “A veces el presidente aclara qué proyecto corresponde, pero no siempre. Cuando vos agarrás la versión terminada, todos los proyectos aparecen correctamente porque nosotros hacemos ese trabajo”.

Las experiencias del equipo van mucho más allá de las sesiones. “Seguimos viniendo durante la pandemia, fuimos unos pocos, con las autoridades, la gente de cafetería, informática. También estuvimos en la sesión del Plan Castello, cuando hubo manifestaciones y entró gas lacrimógeno al recinto. Nos afectó a nosotros también y tuvimos que irnos a otro lado”, contó Natalia.

“Por eso digo que la importancia del taquígrafo no puede reemplazarla la Inteligencia Artificial”, insistió Gustavo. “La IA no puede interpretar lo que pasa en el recinto cuando hablan varios a la vez. Si se corta la luz, la sesión sigue y nosotros seguimos escribiendo. La Inteligencia Artificial no si se corta la luz. Además, reitero que nosotros somos fedatarios”.

El equipo de taquígrafos en pleno proceso de corrección y pulido de textos. Foto: Vanesa Schwemmler

 

Mucho más que escribir rápido

El equipo también se encarga de formar nuevos integrantes cuando hace falta. Generalmente, los ingresos no se abren al público, sino que quienes se incorporan ya trabajan dentro de la Legislatura. “El curso dura un año, pero nunca terminás de aprender”, señalaron.

La tarea no se limita a tomar apuntes durante las sesiones. También deben elaborar el diario legislativo, donde queda registrado todo el recorrido de un proyecto: desde su ingreso hasta la sanción final. “Es la compaginación de todo el trabajo legislativo. Para nosotros ya es algo normal”, comentaron.

¿Y qué hacen cuando no hay sesión? “Practicamos. Tenemos una mesa de práctica para mantener la velocidad. Además, trabajamos con horarios reducidos. Durante las sesiones hacemos turnos de diez minutos y después tenemos una hora para transcribir”.

Pero la tarea va mucho más allá de traducir símbolos al castellano. “Después viene toda una búsqueda de palabras que no entendiste o términos que no conocés. El taquígrafo no es solamente el sistema fonético o el código silábico. También requiere mucha cultura general”.

“Tenemos que mantenernos actualizados constantemente porque hay temas que están siempre en agenda y debemos entenderlos. Leemos diarios, investigamos, buscamos información y muchas veces nos ayudamos entre nosotros para comprender determinados asuntos. También está toda la parte gramatical, porque al final del día tenemos que construir un texto claro y ordenado”.

Zulma Rojas es quien más tiempo lleva en este equipo (40 años), y se prepara para jubilarse, el año que viene. Foto: Vanesa Schwemmler

 

Las dificultades aparecen incluso en los detalles más inesperados. “Muchos legisladores son abogados y empiezan a hablar en latín. Entonces tenemos que salir a buscar qué quiso decir exactamente”, explicaron.

Gustavo recordó entre risas otra experiencia: “Antes no teníamos internet y había que ir directo al diccionario. Incluso hubo un legislador que me hizo leer la Biblia, literal. Le interesaba muchísimo, citaba frases y pasajes de la Biblia y teníamos que buscar referencias constantemente”.

Así queda el producto final, el diario de sesiones

 

La práctica diaria es indispensable. “Aunque no haya sesión, seguimos practicando para no perder precisión. Esto es como un músculo: si no ejercitás la escritura y el tipeo, perdés velocidad. Y nosotros tenemos que ser rápidos”.

 

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