2026-05-02

“Entre médico o gobernador, él elegía curar”: la historia de amor y vocación que marcó a Viedma

Se conocieron en una estación de tren, se eligieron para siempre y construyeron una vida atravesada por la medicina y el compromiso. El recuerdo íntimo de Desolina Veretta revive a uno de los médicos más influyentes de la historia local.

“Me enamoré enseguida”. Así, sin vueltas, empezó una historia que con el tiempo se transformaría en parte de la memoria viva de Viedma. El protagonista fue el doctor Antonio Sussini, pero quien la contó en el marco del décimo aniversario de "Noticias de la Costa", fue su compañera de vida: Desolina Veretta.

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En la crónica recuperada, en el marco del 30 aniversario de Noticias, se escribió que el primer encuentro tuvo un escenario tan cotidiano como inolvidable: la Estación Federico Lacroze, en Buenos Aires. Él estudiaba medicina, ella había ido casi de casualidad a acompañar a una hermana. Un diccionario, un tren a punto de partir y una mirada bastaron para que todo comenzara.

“A partir de ahí vinieron incontables llamadas telefónicas”, recordó Desolina. Aquel flechazo inicial se transformó en un vínculo sólido que los llevó a compartir una vida entera.

El 7 de julio de 1937 se casaron y poco después emprendieron un camino que los alejaría de la comodidad de la capital. Sussini fue destinado a Chubut y, sin dudarlo, ella lo acompañó. “Era un lugar muy lejano de mi barrio de Belgrano, pero él estaba decidido a hacer honor a su profesión”, contó.

Antonio Sussini no era un médico más. Nacido en Alvear, provincia de Corrientes, provenía de una familia numerosa y reconocida en el Litoral argentino. Hijo de Francisco y Eleuteria, creció en un entorno vinculado al campo, pero eligió otro camino: el de la medicina, una vocación que lo marcó desde joven.

Periódico de la época de "Noticias de la Costa". 

 

Durante su formación en Buenos Aires, ya mostraba una fuerte inclinación por la práctica hospitalaria. Participaba activamente en intervenciones quirúrgicas junto a profesionales experimentados, lo que le permitió adquirir una sólida formación y un nivel de experiencia poco habitual para su edad.

“La medicina se había metido muy adentro en su alma y en su corazón”, dijo Desolina. Esa pasión lo llevó a priorizar siempre el ejercicio profesional por sobre cualquier otra posibilidad. No buscaba cargos ni reconocimiento político: su lugar estaba junto a los pacientes.

“Siempre lo repetía: ‘Entre médico o gobernador, prefiero seguir curando’”, remarcó su esposa, sintetizando el perfil de un hombre que entendía la medicina como un servicio y una responsabilidad social.

Su llegada al sur marcó un punto de inflexión. Primero en Chubut y luego en Río Negro, Sussini se convirtió en una figura clave en el desarrollo sanitario de la región. En tiempos donde los recursos eran escasos y las distancias enormes, su tarea fue mucho más que médica: fue también humana.

En Viedma encontró su lugar definitivo. Allí no solo ejerció su profesión, sino que construyó un vínculo profundo con la comunidad. “En Río Negro él era más conocido que la gramilla”, comentó Desolina.

Su nombre quedó asociado al crecimiento de la salud pública en la capital rionegrina. Fue parte de una generación de profesionales que sentaron las bases del sistema sanitario local, atendiendo sin horarios, recorriendo largas distancias y priorizando siempre al paciente.

Ese compromiso lo convirtió en un referente indiscutido. No solo era respetado por sus colegas, sino también querido por la gente, que veía en él a un médico cercano, dispuesto y profundamente humano.

Tras su fallecimiento, ese reconocimiento se transformó en un gesto que habla por sí solo. Una comisión de ex pacientes impulsó el traslado de sus restos a Viedma, como una forma de devolverle todo lo que había dado. “Tu esposo quería tanto a Viedma… que se merece estar ahí”, le dijeron antes de tomar la decisión.

El regreso fue simbólico y cargado de emoción. “El recorrido fue el mismo que hicimos cincuenta años antes, cuando llegamos por primera vez”, recordó Desolina.

Hoy, su legado sigue vigente. No solo en la memoria de quienes lo conocieron, sino también en la historia de una ciudad que lo adoptó como propio. Uno de los boulevares lleva su nombre y es parte de la historia grande de la ciudad. 

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