2026-04-23

Calles que cuentan otra historia: Viedma y los nombres que no alcanzan a narrarla

Figuras profundamente ligadas a la historia local, aparecen de manera aislada en el nomenclador urbano.

Caminar por el centro de Viedma es recorrer un mapa que parece contar otra historia. Las calles hablan, pero no siempre de la ciudad que las sostiene. En su trazado predominan nombres de próceres, presidentes y episodios fundacionales de la Argentina, mientras que las figuras propias de la capital rionegrina ocupan un lugar mucho más acotado.

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El fenómeno no es casual. Responde a una lógica histórica en la que el espacio público funcionó como una herramienta pedagógica para consolidar una identidad nacional. Así, nombres como José de San Martín, Manuel Belgrano, Bartolomé Mitre o Julio Argentino Roca se repiten en el corazón urbano, configurando un relato que trasciende lo local.

Sin embargo, Viedma sí tiene nombres propios. Y cuando aparecen, revelan otra dimensión de la historia: más cercana, más humana, más vinculada a la vida cotidiana.

Uno de esos casos es el del médico Antonio Sussini, cuya figura se recuerda en el bulvear que lleva su nombre, quien en 1945 se convirtió en el primer director del entonces hospital Francisco de Viedma (hoy hospital Zatti). Su figura no solo está asociada a la organización del sistema sanitario en la región, sino también a una práctica médica profundamente arraigada en la comunidad. Fue, incluso, quien atendió a Artemides Zatti.

La historia de Zatti, por su parte, es quizás una de las más representativas de la identidad viedmense. Su nombre perdura en una de las calles que oficia de corredor troncal, para comunicar la zona este con el centro. Durante 48 años recorrió la ciudad en bicicleta, sin horarios ni distancias, asistiendo a quienes lo necesitaran.

Su nombre, incorporado tiempo después al hospital, sintetiza una forma de entender el servicio y la cercanía con el otro. Ni hablar de su paso a la historia al estar hoy en los altares del mundo tras ser canonizado por el papa Francisco. Son los propios viedmenses quienes admiten que hay razones suficientes para considerarlo un santo.

También emerge con fuerza la figura de Felipe Contín. Su nombre está ligado tambien a un bulevar que conecta con el puente nuevo y la salida de la ciudad. Nacido en la ciudad, fue uno de los impulsores del radicalismo en la región y protagonista de numerosas iniciativas que marcaron el desarrollo local: la llegada del ferrocarril, la instalación de entidades bancarias, la construcción del puente y la consolidación de instituciones educativas.

Pero más allá de su rol político, lo que quedó en la memoria colectiva fue su perfil humano: una generosidad constante, una vocación por ayudar sin distinción y una entrega que, con el tiempo, lo llevó incluso al desgaste personal y al olvido. Su muerte en 1933 generó una profunda conmoción en la comunidad, que lo reconocía como una figura cercana, casi cotidiana.

En esa misma línea aparece el ingeniero Eliseo Schieroni, con su nombre en una calle trasversal: vinculado al desarrollo de la educación en la ciudad y a la consolidación de instituciones clave como la escuela normal. Su presencia en el nomenclador urbano remite a una etapa de construcción institucional que fue determinante para el crecimiento de Viedma.

Estos nombres - junto a otros como Francisco de Viedma, Basilio Villarino o Álvaro Barros - permiten trazar una historia diferente: la de quienes vivieron, trabajaron y dejaron huella directa en la ciudad. Sin embargo, su presencia en el centro es fragmentaria, casi excepcional frente al predominio de figuras de alcance nacional. 

La calle José María Guido, que hoy conecta el ingreso del sector sur con la costanera, supo llamarse Lavalle en otro tiempo. Aunque nacido en Buenos Aires, Guido se radicó en Viedma en 1946 y desarrolló aquí parte de su vida política, hasta llegar a la presidencia de la Nación tras el derrocamiento de Frondizi, con quien compartía la línea desarrollista.

Su figura, a medio camino entre lo local y lo nacional, encuentra un paralelo en la de Edgardo Castello, viedmense y primer gobernador de la provincia, además de amigo personal y cercano de Guido. Sin embargo, mientras el primero tiene presencia en una arteria clave del centro, el nombre de Castello - como el de otros protagonistas locales - aparece relegado a calles de barrios más alejados, en una distribución que vuelve a evidenciar cómo la ciudad organiza su memoria en el espacio.

Aunque el nombre de Castello aparece en un barrio, en el aeropuerto y en el Parque Industrial. Incluso en un programa de financiamiento para la inversión desarrollado en los últimos años.

La ausencia se vuelve aún más evidente al observar la escasa representación de mujeres en el radio céntrico. A diferencia de algunos barrios, donde aparecen nombres de religiosas o artistas, en el centro no existen referencias femeninas. Las pocas excepciones corresponden a figuras sin vínculo directo con Viedma, como Alicia Moreau de Justo, Alfonsina Storni o Silvina Ocampo, en barrios alejados.

Algo similar ocurre con la memoria reciente. En la última década, algunas calles comenzaron a incorporar nombres de viedmenses víctimas del terrorismo de Estado, aunque su presencia sigue siendo minoritaria dentro del conjunto urbano.

En este contexto, sobresale una excepción singular: la calle “Periodistas Argentinos”, que no homenajea a una figura individual sino a un colectivo, y cuyo nombre surgió por iniciativa del periodista Omar Livigni. Se trata de un caso poco frecuente que rompe con la lógica tradicional del nomenclador.

Así, el mapa del centro de Viedma expone una tensión persistente. Por un lado, una ciudad que en sus calles reproduce la historia oficial de la Nación. Por otro, una comunidad que reconoce en su memoria cotidiana a figuras más cercanas, más humanas, más propias.

Entre lo que se nombra y lo que se vive, Viedma sigue buscando el equilibrio para contar, también en sus calles, su propia historia.

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