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El crimen de “Fredy Pazos”, un caso emblemático para la sociedad de Viedma
Fue la primera etapa del diario Noticias de la Costa, el uno de abril de 1996, y sigue siendo uno de los crímenes que más conmovió a la comarca de Viedma y Patagones. El nombre de Juan “Fredy” Pazos se convirtió en una bandera en contra de la represión policial.
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La primera crónica de la época narró que fue una noche fría y húmeda en Viedma y el bowling de la calle Garrone recibía a los últimos noctámbulos de la ciudad. Conversaciones de amigos, charlas agitadas con algún tono disonante, miradas indiscretas, ruido de copas y botellas y mucho humo de cigarrillos en el ambiente, que ya hacía tiempo que era denso, no precisamente por la combinación de nicotina y alquitrán, sino por las características de sus habitués.
Esa madrugada del 13 de agosto de 1993, “Fredy” Pazos, concurrió también a "Yecada", jugó al bowling junto con Nélson Delfor Echagaray contra los pugilistas viedmenses Néstor Martin Farías y Darío Rolando, conversó con los hermanos Juan y José Navarrete y varios amigos más que se encontraban en el lugar. Poco antes de las siete de la mañana fue a comprar un atado de cigarrillos al kiosco ubicado en la esquina de Garrone y Colón, regresó al local y luego de despedirse salió con rumbo desconocido.
Fue la última vez que se lo vio con vida. Trece horas más tarde, su cuerpo fue encontrado con signos de haber sido brutalmente golpeado y ahorcado con su cinturón. A las 20, del mismo día, dos menores avisaron al destacamento policial del Parque Independencia que una persona muerta se hallaba en un camino vecinal, que comunica la ruta Nacional 3 y la traza vieja, detrás de la zona de horno de ladrillos de Leopoldo Cufré.
El resto de la historia es conocida. Marchas y contra marchas en la investigación, declaración de varios testigos que se encontraban esa madrugada en el bowling, todos coincidentes en cuanto a lo sucedido en las horas transcurridas en el local. pero todo se cierra con la salida de “Fredy” Pazos de "Yecada", salvo un testigo que dice haberlo visto a las siete de la mañana caminar por Garrone y luego tomar por la calle Colón, hacia Rivadavia.
Los primeros ocho meses de la causa judicial, caratulada como "Tortura seguida de muerte" había tomado rumbos inciertos, Juan Pazos y Filomena Tolosa, padres de la víctima, se quejaron que paradójicamente la policía investigaba la vida de “Fredy”, en lugar de esclarecer sobre los autores del crimen.
La familia Pazos no se abatió ante la desgracia y pugnó por conocer la verdad. Así fue que encontraron la solidaridad de vecinos de Viedma, que juntaron más de 2.000 firmas en favor del total esclarecimiento del hecho. Hermanos, parientes y amigos ensayaban una y otra hipótesis para tratar de comprender el motivo del crimen y tanta crueldad en su procedimiento. De esta manera, comenzó a desentrañarse la incógnita y existió un común denominador en los dichos. "Fredy" Pazos era "molestado" insistentemente por personal de la Brigada de Investigaciones de esta capital, los policías lo paraban para pedirle documentos, había un permanente acoso y se hacía seguimiento de sus movimientos.
Todo se fue hilvanando en la investigación. Existían dos hechos que inmediatamente vincularon los familiares, para desentrañar esta extraña persecución de los agentes de seguridad. “Fredy” Pazos había declarado como testigo en dos causas por apremios ilegales de policías en los casos Robaina y Rupayán, en este último fueron procesados los agentes Ayala y Roumec.
Auto fantasma
La punta del ovillo comenzaba a verse y se produjo un hecho considerado clave por el entonces Fiscal de Instrucción, Juan Bernardi (luego condenado por corrupción de menores en perjuicio de una adolescente de 17 años en 2017). Se halló, abandonado en un galpón, un auto Fiat 1.600, coupé, color verde. patente B 319.732, que había sido propiedad de Leodán Henry Jarpa Yáñez, chileno, de profesión plomero y domiciliado en el barrio Inalauquen.
En el rodado encontraron manchas de sangre y una tacha del cinturón de la bota derecha de Pazos. La participación de los peritos Héctor Hernández y Enrique Prueger -conocido por su actuación en el caso de Omar Carrasco, asesinado mientras cumplía el servicio militar en 1994- fue clara. Las huellas encontradas en el camino vecinal donde se dejó abandonado el cuerpo correspondían a los neumáticos Fate R28 del Fiat, con evidencias de fallas en el tren delantero que luego se confirmarían.
Al declarar Jarpa Yáñez, reconoció que el vehículo se lo prestaba a la Brigada, específicamente a los suboficiales Richard Abel Galván y a Pablo Alejandro Morales, para trabajos de investigación con una particular figura de "policía adicional". El auto se prestaba a cambio de que su propietario recibiera nafta y arreglos en el automotor. Esta tarea se desarrollaba con el conocimiento del subcomisario Luis Torres, jefe de los policías. Estas declaraciones fueron confirmadas incluso por la esposa de Jarpa Yáñez, Clotilde Montero, quien señaló que el auto Fiat era usado reiteradamente por Galván y Morales, y que en la fecha del crimen lo habían ido a buscar.
Sorpresivamente, el auto fue vendido dos días después de la muerte de “Fredy” Pazos y cambió de mano en varias oportunidades, hasta que fue localizado en la investigación.
De esta manera, personal de la Policía de Río Negro, apareció directamente involucrada en la muerte y el 22 de julio de 1994, el Juez Pablo Estrabou, ordenó el procesamiento y prisión preventiva de los policias Richard Abel Galván y Pablo Alejandro Morales, a la vez que en "actuaciones fotocopiadas de la causa de Juan Fredy Pazos" también quedó imputado el entonces subcomisario José Luis Torres, como instigador y quien impartía las órdenes de los seguimientos de la víctima.
Situaciones paralelas
Esta causa tuvo situaciones dignas de mencionar, como, por ejemplo, que los detenidos Galván y Morales, trabajaban en la investigación y permanentemente aportaban datos a la familia para entorpecer y desviar la atención de la investigación. Se sospechaba de Néstor Delfor Echagaray, alias "Llamarada", amigo personal de “Fredy”, quien también fue muerto en una riña en el cabaret "Darle".
Otra causa que se encuentra en la Justicia es la muerte dudosa del oficial Moreyra Pedrozo, quien se encontraba investigando la muerte de “Fredy” Pazos y falleció ahogado en Playa Bonita, durante una excursión de pesca. Este oficial que pertenecía al grupo BORA (Brigada de Operaciones de Rescate y Antitumultos y hoy denominado COER), sospechaba de la participación de personal policial en el hecho, y había buscado insistentemente el Fiat 1600 verde, en el convencimiento de que había sido usado en la noche del 13 de agosto. Por la muerte de Moreyra Pedrozo, se encontraron procesados los policías Zorio y Antonio Mandagaray.
Un año más tarde, Galván y Morales fueron encontrados culpables del crimen con saña de “Fredy” Pazos y tuvieron una condena de cadena perpetua, pese a sus intentos de desestimar pruebas y testigos. Galván incluso pidió al Consejo de la Magistratura el enjuiciamiento de los jueces y funcionarios rionegrinos que intervinieron en el proceso, sin ninguna suerte.
El caso de “Fredy” significó todo un estandarte de la época, ya que se produjo una pueblada que motivó a la gente a salir a las calles al grito de pedido de justicia. “Fredy” pudo haber sido cualquier hijo de vecino y eso se representó en cada uno de los hogares viedmenses.
El martes 13 de enero de 2026, a sus 83 años falleció Filomena Tolosa, la madre de “Fredy”, quien durante años batalló para que los asesinos de su hijo estén tras las rejas. Su deceso dejó un hondo pesar, pero volvió a recobrar la memoria de una familia que no se rindió ante ningún obstáculo y, esa valentía y perseverancia, permitió que la verdad salga a la luz.