Entre la tierra, la familia y el territorio: una historia que se proyecta
En la ciudad de Viedma, donde el ritmo urbano convive con una fuerte impronta territorial y productiva, hay historias que no comienzan en una oficina, sino mucho antes, en la relación directa con la tierra.
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La actividad inmobiliaria de la familia Garilli tiene sus orígenes en el impulso de Hugo Garilli, quien inició su recorrido en la década del noventa a través de la gestoría y la administración. Ese camino fue consolidándose progresivamente hasta dar lugar, a fines de la primera década del 2000, a la conformación de una oficina inmobiliaria formal, en un mercado local que comenzaba a estructurarse.
En sus comienzos, más que una estructura empresarial, la iniciativa surgió como una respuesta concreta a una necesidad de la comunidad: la de contar con un espacio de gestión y administración confiable, cercano y profesional en un mercado aún en desarrollo en la ciudad. Ese fue, en muchos sentidos, el vacío que vino a cubrir, construyendo su identidad sobre la base de la confianza, el trato directo y el conocimiento del territorio.
El principal desafío en aquellos años fue dar el paso hacia la formalización: constituirse como una oficina inmobiliaria con presencia comercial en un mercado que comenzaba a estructurarse. La primera oficina funcionó en la intersección de las calles Roca y Las Heras, dentro de la casa familiar, donde Berta —esposa de Hugo Garilli y madre de Antonela y Marcelo— acompañó los inicios desde un rol clave. “Si hubiera que elegir una imagen que represente ese momento fundacional, sería esa: una oficina dentro del hogar, donde lo comercial y lo familiar convivían en un mismo espacio, reflejando una manera de trabajar que, en esencia, aún se conserva”, remarcaron.
“Esa lógica continúa hoy en la sede de Boulevard Ayacucho 512, que, si bien cuenta con infraestructura independiente, sigue formando parte del ámbito familiar. Los clientes, de algún modo, continúan ingresando a una casa, manteniendo intactos los valores fundacionales del proyecto”, contaron.
A lo largo de los años, la actividad se fue ampliando con la incorporación de nuevas generaciones. Antonela Garilli se sumó entre 2011 y 2014, construyendo su formación y experiencia de la mano de Hugo Garilli y del martillero Felipe Rico Roca, un referente de la actividad, reconocido por su trayectoria, integridad y compromiso. Esa doble referencia —la experiencia directa del trabajo cotidiano y la formación junto a un profesional de prestigio— fue configurando una mirada propia sobre el sector, anclada en el conocimiento del territorio y en una práctica sostenida en valores. Ese recorrido encontró en el último tiempo su consolidación también en el plano académico, integrando la práctica inmobiliaria con una comprensión más amplia de los procesos territoriales, energéticos y de desarrollo.
En paralelo, Marcelo Garilli se integró como administrador y miembro de la comisión del barrio cerrado Los Olivos —proyecto desarrollado desde la inmobiliaria— y actualmente avanza también en el área de compra y venta.
El recorrido de Antonela incluyó además la exploración del mercado turístico, con la administración y puesta en valor de inmuebles en balnearios de la región, así como el desarrollo y explotación comercial de Casa Crespo, una casona histórica en Carmen de Patagones, concebida como hotel boutique orientado al turismo nacional e internacional, y Casa de Campo La Magdalena, un establecimiento rural ubicado en el corredor de las rutas provinciales 51 y 1.
El vínculo con la tierra, sin embargo, no es solo una dimensión profesional, sino una herencia. El primero en llegar fue Gino Garilli —nombre con el que era conocido en Italia, luego llamado Luiggi Garilli en Argentina— proveniente de la región de Emilia-Romaña. Junto a su sobrino Giovanni Garilli —abuelo de Hugo Garilli— formaron parte de las primeras familias en asentarse en la zona rural de Cubanea.
Gino se destacó por su capacidad para los negocios, particularmente en la compra de tierras, mientras que Giovanni desarrolló la actividad agrícola, consolidando la producción en la zona. Ambos no solo impulsaron el desarrollo productivo, sino también la construcción comunitaria: promovieron la primera escuela rural —que funcionó inicialmente en un galpón del campo— y el primer club cultural. En ese mismo espacio, un cartel visible desde la ruta recordaba una consigna que atravesó generaciones: “Las Islas Malvinas son y serán argentinas”, expresión de una identidad que también formó parte de ese proceso fundacional.
En estos más de 30 años, el rubro inmobiliario y la ciudad han experimentado una transformación significativa. El mercado se ha dinamizado, con la aparición de numerosas inmobiliarias y una nueva generación de profesionales que aportan distintas miradas e improntas. En ese contexto, la firma ha sostenido su identidad en un legado histórico basado en la confianza, la cercanía y el conocimiento profundo del territorio, consolidando allí su principal diferencial.
Entre los hitos más relevantes de su trayectoria, se destaca no solo la continuidad de esos valores, sino también la capacidad de ampliar la mirada. El desarrollo del barrio cerrado Los Olivos, con un dominio jurídico sólido y ordenado, y la incorporación de experiencias en turismo y energía, permitieron construir una perspectiva más integral del territorio. Esa evolución derivó en la creación de nuevos dispositivos de trabajo, orientados a brindar un acompañamiento más específico y estratégico a clientes e inversores.
Ser parte de la historia de la capital de la provincia implica, para la familia, un orgullo y una responsabilidad. La trayectoria se inscribe en una continuidad más amplia: la de aquellos inmigrantes que, al llegar a un territorio desconocido, pensaron en producir, habitar y construir comunidad. Ese legado sigue presente hoy, proyectándose en una nueva etapa marcada por los procesos de transformación productiva que atraviesan la región.
A lo largo de las décadas, la relación con los clientes se ha consolidado sobre la base del respeto mutuo y la confianza. Muchos de ellos se han transformado en vínculos que trascienden lo comercial: relaciones de años, de trabajo compartido, de encuentros, viajes y experiencias que reflejan una manera de ejercer la profesión donde el componente humano es central. En ese intercambio constante, la firma reconoce también una fuente permanente de aprendizaje, construyendo conocimiento a partir de la escucha y la experiencia compartida.
En esa línea de evolución, y como síntesis de su recorrido, Antonela Garilli impulsó en 2026 la creación de Garilli Partners, una consultora orientada a la estructuración y valorización de activos territoriales estratégicos. En un contexto de transformación productiva en la Patagonia, donde convergen dinámicas energéticas, agroproductivas y de inversión, la propuesta busca integrar la lectura inmobiliaria con una comprensión política y territorial más amplia.
Hacia adelante, el desafío es continuar profundizando esa integración, acompañando procesos de inversión y desarrollo con una mirada cada vez más compleja y situada. A las nuevas generaciones, el mensaje es claro: formarse, comprender el territorio en profundidad y sostener valores en un contexto de cambio permanente.
Así, lo que comenzó como un comercio familiar en el interior de una casa, hoy se proyecta como una plataforma de trabajo que articula historia, territorio y futuro, manteniendo intacto el vínculo originario con la tierra, pero ampliando su escala hacia nuevos desafíos.