A 50 AÑOS DEL GOLPE DEL 24 DE MARZO DE 1976
De reuniones pequeñas a memoria colectiva: cómo Viedma construyó las vigilias
Mucho antes de las marchas multitudinarias y los actos institucionales, el 24 de marzo en Viedma se empezó a construir en pequeños encuentros, casi íntimos, donde la memoria encontraba sus primeras formas de expresión.
Así lo recordó Cristina Cévoli, referente de la lucha por los derechos humanos en Viedma, docente y dirigente sindical, compañera de vida de Eduardo Bachi Chironi quien fue víctima de la dictadura.
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Cévoli, en diálogo con NoticiasNet, repasó los inicios de las vigilias en la ciudad.
“Las vigilias iniciales eran una especie de radio abierta, o reuniones de amigos”, contó. En esos primeros años de democracia, junto a Radio Encuentro, el objetivo era empezar a poner en palabras lo que había pasado durante la dictadura. “Así esperábamos al 24, que siempre consideramos una bisagra en nuestras vidas”, cerró.
Con el tiempo, esos espacios fueron creciendo. Las reuniones en el local de ATE y la conformación de "una especie de asamblea —aún no formalizada— permitieron que ex detenidos, perseguidos y familiares comenzaran a compartir sus experiencias". “Muchos compañeros habían estado presos o desaparecidos en algún momento, y contaban lo que habían vivido”, recordó Cévoli. De ese modo, la memoria dejó de ser individual para convertirse en un proceso colectivo.
Ese crecimiento también se reflejó en el espacio público. Las vigilias pasaron de encuentros reducidos a actos en plazas y marchas cada vez más convocantes. En paralelo, comenzaba a tomar forma otro proceso clave en Viedma: la identificación y recuperación de la Casona, el edificio donde había funcionado un área de inteligencia del Ejército durante la dictadura.
En ese camino fue central el rol de "Bachi" Chironi, quien como legislador impulsó la revisión de la propiedad del inmueble. “Había testimonios de vecinos que veían entrar y salir militares, pero también funcionarios del gobierno de facto”, señaló Cévoli. La lucha por recuperar ese espacio se convirtió en una extensión natural de las vigilias: del recuerdo a la acción concreta.
El punto de inflexión llegó con la muerte de Chironi. Durante su sepelio, compañeros, familiares y militantes pidieron que la Casona llevara su nombre. Tiempo después, el Estado avanzó con esa decisión y el lugar fue resignificado como sede de la Secretaría de Derechos Humanos y del Archivo Provincial de la Memoria. “Ahí empezamos a hacer definitivamente la vigilia”, relató.
Ese proceso también estuvo vinculado a la reapertura de los juicios por delitos de lesa humanidad. Desde Viedma, se articuló un trabajo con equipos técnicos para aportar a las causas que se desarrollaron en Bahía Blanca, en función de las responsabilidades del V Cuerpo del Ejército en la región.
A medio siglo del golpe, las vigilias ya no son aquellas reuniones pequeñas, pero conservan su esencia. “Hoy están en su pleno apogeo”, afirmó Cévoli, al referirse a la masiva participación que se espera para este nuevo aniversario, no solo en la ciudad sino también en distintos puntos del país y del mundo.