Ayuda alimentaria y la realidad que se acentúa: “Vamos notando un aumento en la demanda”
La crisis que afronta el país se replica en Viedma. Llegar a fin de mes se hace cuesta arriba y otros, los que pierden el trabajo, ni siquiera logran afrontar las necesidades alimentarías. Frente a esta cuestión, es donde el municipio capitalino aparece con el aporte del Programa Proa.
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Detrás de este proyecto hay todo un equipo conducido por el secretario de Desarrollo Humano e Integración Social, Mario Sánchez, y en diálogo con NoticiasNet, recordó que la propuesta alimentaria nació después de la pandemia del coronavirus que estalló en marzo de 2020.
“Durante toda la etapa de la pandemia trabajamos con bolsones alimentarios, tuvimos una demanda increíble. Recuerdo de 2.500 familias asistidas, en un contexto muy especial, con mucha gente que se había quedado sin ingresos, aquellos que vivían de changas, del trabajo informal y no poder salir de la casa...eso demandó un gran esfuerzo de la estructura del municipio”, contó.
Ante la necesidad, comentó que se pusieron a trabajar en un programa que cobije, pero que también sea destinado a quien realmente lo necesita. “En lugar de trabajar con bolsón, la idea de trabajar con una tarjeta donde la familia recupere la autonomía de qué comprar, donde se puedan atender situaciones especiales, como el caso de la celiaquía y a su vez, generar la posibilidad de que a través de este programa puedan aprovechar las ofertas que hay en los supermercados o almacenes”, remarcó.
Y enfatizó: “Tenía que ver con darle mayor transparencia a la política social y a su vez que las familias puedan recuperar la autonomía. Ese fue nuestro objetivo y pusimos en marcha este sistema, que si no recuerdo mal fue el primer municipio de la provincia que tuvo un programa de estas características”.
“Nosotros hoy tenemos una asistencia alimentaria dividida en un 70 por ciento que sale por tarjeta y hay un 30 por ciento que sigue por módulo en función de cubrir emergencias. Conviven los dos sistemas. Una persona que solicita una ayuda de emergencia, después de un tiempo es evaluado para ver si lo podemos incorporar a la tarjeta”, subrayó.
Sobre el mecanismo de este plástico, dijo: “Es una ayuda más permanente. Los módulos entregamos 2 días a la semana en Camu, en el barrio Lavalle. Se decidió ese lugar para acercar la ayuda a los lugares en los que hay más demanda. Hoy estamos asistiendo alrededor de 600 personas por tarjeta y unas 200 con módulo alimentario”.
“Nosotros vamos notando que se incrementa la demanda. Muchas veces tiene que ver con crisis del empleo como problemas en los ingresos. Últimamente se ha dado mucho que han caído los ingresos de muchas personas y ante el incremento fuerte de lo que son los alimentos y en función de eso vamos notando un aumento en la demanda”, explicó sobre una realidad que se recrudece.
Un programa que crece
Actualmente, el municipio invierte unos 12 millones de pesos mensualmente. A su vez, la transferencia a las tarjetas es condicionada, ya que sólo funciona en comercios que venden alimentos. No se puede comprar alcohol ni cargar nafta, por ejemplo.
“Nosotros hacemos 13 acreditaciones al año. Una vez por mes y un refuerzo a fin de año por el tema de las fiestas navideñas. Eso lo hemos mantenido a lo largo de los años del programa. Siempre acreditamos el 20, 21 de cada mes, dependiendo si justo cae fin de semana. Los objetivos eran: darle continuidad al programa y previsibilidad en la fecha”, explicó sobre la dinámica.
Para que la ayuda llegue a donde más se lo necesita, se hacen cruces de datos con el Sistema de Identificación Nacional Tributario y Social (SINTyS). A través de esto se conoce la realidad de cada persona, incluso, conocer si tienen otras prestaciones sociales. A partir de ahí se va redefiniendo el padrón.
A su vez, está vigente otro lineamiento vinculado a capacitaciones en oficios, que también está destinado a la gente que recibe el PROA. El foco está en que cada uno pueda conseguir trabajo, que se gane su propio dinero y no tener que depender del Estado municipal.